lunes, 4 de abril de 2011

Francis Ford Coppola... Biografía del Maestro Cinematográfico

Francis Ford Coppola nació en Detroit, el 7 de abril de 1939. Es considerado uno de los más grandes directores de la segunda mitad del siglo XX y uno de los más grandes de todos los tiempos. Su carrera inició en 1963 con la dirección de Dementia 13, de la cual también realizó el guión. Dementia 13 es un largometraje de terror de bajo presupuesto hecho para Roger Corman. Después realizó tres peliculas que a día de hoy están bastante olvidadas, You're a Big Boy Now de 1966, El valle del arco iris de 1968 que era un filme basado en la obra musical de Broadway, protagonizado por Petula Clark (en su primer filme americano) y el veterano Fred Astaire, y producida por Jack Warner, quien quedó desconcertado al ver el aspecto hippie de Coppola en aquella época. Coppola logró hacer un filme meritorio y su trabajo con Petula Clark contribuyó a que la actriz fuera elegida por primera vez como candidata para el Globo de Oro como mejor actriz. Y The Rain People de 1969, excelente drama que le haría ganar la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián.

En 1969 funda su propia compañía productora, American Zoetrope, de la que era presidente ejecutivo y George Lucas vicepresidente.

En 1971 ganó un Óscar al mejor guión original junto con Edmund H. Northon por el filme Patton. Su participación en este prestigioso y exitoso título era sólo el preludio de su década dorada, en la que se convertiría, progresivamente, en el director más influyente del mundo, el más exitoso, en un productor poderoso y de gran ambición.
Durante 1971 y 1972 se vio embarcado en el proyecto que le cambiaría la vida. Reacio en un principio a encargarse de la adaptación del best-seller homónimo publicado hacía pocas fechas por el escritor Mario Puzo, Coppola vería cómo su vida cambiaba una vez que el infernal rodaje, de tan sólo 52 días, terminaba y veía a su película convertirse en la más taquillera de todos los tiempos y en ganadora de tres premios Óscar importantísimos, y a sí mismo en un creador capaz de llevar a cabo los más ambiciosos proyectos imaginables. Con el estudio disconforme con el reparto (especialmente por la presencia en él de la estrella Marlon Brando y del debutante Al Pacino) Coppola tuvo que pelear enconadamente con los ejecutivos de la Paramount para que le respetasen sus decisiones y para no ser sustituido a la semana de rodaje por un director más violento, pues creían que él no sería capaz de dotar al filme de la intensidad con la que esperaban atraer a millones de espectadores a las salas. Coppola les demostró, con la secuencia de la ejecución del gánster Sollozo y de su guardaespaldas el capitán McCluskey, a cargo de Michael Corleone, que tanto Pacino como él mismo eran los idóneos para protagonizar y dirigir la película respectivamente. Asimismo, Marlon Brando, en su colosal creación del Don, demostraba, una vez más, su grandioso talento para la caracterización extrema, que a partir de ese momento fue el paradigma del mafioso, que muchos de ellos intentarían imitar en su vida profesional.

Pero la ambición y el talento de Coppola no conocían límites en aquel entonces y, decidido a convertirse en el más grande, estrenó dos obras maestras en 1974. Dos años después de El Padrino y convertido en multimillonario, filmaría La conversación y la segunda parte de la historia de Michael Corleone en El Padrino, parte II. En la plenitud de su éxito y de su confianza en sí mismo, en marzo cosecharía seis premios de la academia de Hollywood por El Padrino, parte II (convirtiéndose en la primera secuela que se alzaba con el Óscar a la mejor película) y en mayo la Palma de oro por La conversación.

Endiosado, encumbrado y rico, Coppola aún tuvo tiempo para escribir la adaptación de 1974 de El gran Gatsby y para producirle a su amigo George Lucas su segunda película, el gran éxito y mito generacional American Graffiti. Pero Coppola aún no había superado a su gurú, Orson Welles, y estaba dispuesto a intentarlo con la adaptación de la famosa novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, pero ese proyecto  por su elevado costo, proyecto fue abandonado por su elevado costo, debería haber sido la primera película de Orson Welles. 

Inicialmente, Coppola quería ofrecer la película, que él había coescrito con John Milius, a su gran amigo George Lucas. Dándose cuenta de que él mismo era el único con la ambición para llevarla a buen puerto, comenzó el rodaje el 1 de marzo de 1976, sin saber que hasta el 21 de mayo de 1977 no daría el último «corten» y hasta 1979 no la estrenaría, con el título Apocalypse Now.

La cinta únicamente toma como referencia del relato original a sus dos principales personajes, a un ambiente de salvajismo primigenio y al viaje psicológico y espiritual que Willard emprende en pos de Kurtz. Pero, una vez más, Coppola demostró su talento para extraer de un texto materiales insospechados cuando dotó a su filme de una épica militarista y densamente onírica. Pero casi desde el principio la desgracia se alió con el rodaje, y las tragedias y los desastres se sumaron uno tras otro. El protagonista Martin Sheen sufrió un infarto que a punto estuvo de acabar con su vida, aunque pudo regresar en sorprendente buena forma al rodaje. Un huracán destruyó gran parte de los decorados. Marlon Brando mortificó a Coppola con exigencias excesivas de dinero y planes de rodaje a su gusto. El presupuesto del filme se disparó rápidamente. El gobierno de Filipinas se llevaba los helicópteros que Coppola utilizaba para las escenas de batalla sin previo aviso, pues estaban en guerra.

Pero Coppola supo mantenerse a flote y, en la cuerda floja, utilizó la pesadillesca experiencia para aportar al rodaje un tono y una tensión nunca antes experimentados en una sala de cine. Con un tratamiento del sonido, obra de Walter Murch, y una fotografía, obra de Vittorio Storaro, en verdad memorables, Coppola firmaba una de las obras de arte más importantes de las postrimerías del siglo XX. Endeudado y casi enloquecido por el rodaje, pudo recuperar lo invertido gracias a la fama y la taquilla que inmediatamente acompañaron a su estreno. No en vano, en el Festival de Cannes, aún sin terminar el montaje, fue presentada y ganó la Palma de oro. 

Es célebre la rueda de prensa en la que Coppola dijo la famosa frase: «Mi película no trata sobre Vietnam. Mi película es Vietnam».

En los años 80, después de una década febril y esplendorosa, Coppola vería como sus sueños, uno a uno, especialmente el de mantener un estudio en San Francisco (los Zoetrope), ajeno a la industria de Hollywood, le llevaba a la bancarrota, con los bancos reclamándole miles de millones de dólares y la entrega de su casa y su patrimonio, y con la obligación de regresar a la realización de proyectos de encargo, después de acariciar la posibilidad de no tener que volver a hacerlo. En 1982 dirigió el musical "One from the Heart", una obra de gran mérito pero lastrada por encajarse en una época en la que a nadie le interesaban obras de esa índole. En 1983 dirigió dos películas, Rebeldes y La Ley de la Calle, que se hallan entre sus obras más personales, arriesgadas y mejores. Ambos significan el descubrimiento de una cantera de actores, (Tom Cruise, C Thomas Howell, Matt Dillon, Patrick Swayze, Rob Lowe, Emilio Estévez, Diane Lane, su sobrino Nicolas Cage, Chris Penn) que triunfará en el cine norteamericano de las siguientes décadas y ambas son relatos de jóvenes rebeldes que viven la vida a su manera, con ideas románticas y desesperadas. En 1984 dirigió Cotton Club, mezcla de musical y película de gánsters con destreza y buen gusto, y la crítica alabó el esfuerzo aunque parte de ella la recibió con tibieza y el público le dio la espalda. Su gran costo, superior incluso al de One from the Heart, y sus escasos resultados en la taquilla, terminaron por otorgar a Coppola una fama de derrochador y de director maldito. Su carrera parecía así herida de muerte.

En 1986 accedió a realizar un encargo más pequeño aunque muy personal, la exitosa Peggy Sue se casó, en la que reincidía en su estudio, aquí atemperado, del paso del tiempo y en una visión romántica e ingenua de la narración audiovisual. Ese año, sin embargo, le golpeaba cruelmente la muerte de su primogénito Gio Coppola, en un accidente de moto acuática, mientras rodaba su filme Jardines de piedra. Intentando sobreponerse al desastre de su vida familiar y profesional, seguiría trabajando, aún con muchas dificultades. Lucas, devolviéndole el favor de American Graffiti y ahora que él era rico y su amigo Coppola era un hombre arruinado, accedió a producirle la muy personal, emotiva y brillante Tucker, protagonizada por Jeff Bridges y que se convirtió en una de las películas más emblemáticas de su autor, quien a través de un visionario del mundo del automóvil conseguía contar su propia historia de éxitos y fracasos.

Al año siguiente, y dando por finalizada su terrible década, participó en el filme coral, junto con sus amigos Woody Allen y Martin Scorsese, Historias de Nueva York, para el que dirigió el segmento "Life without Zoe", que la crítica no dudó en calificar como el peor de los tres.


Decidido a salir de una vez por todas de su monstruosa crisis económica, Coppola accedió finalmente a realizar un filme más sobre la familia Corleone a cambio de un sueldo astronómico y de una tasa fija de intereses. Así, en 1990 se estrenó la conclusión de su colosal trilogía sobre Michael Corleone, con El padrino, parte III. Alejada de la épica y la energía de sus predecesoras, esta "coda", cómo el mismo gusta llamarla, es un relato crepuscular que no fue del agrado de muchos que esperaban una nueva aventura grandiosa de un todopoderoso Michael venciendo una vez más a sus enemigos. De hecho, la cinta cosechó numerosas críticas negativas, pese a un notable éxito de público que le permitió a Coppola cuadrar sus cuentas bancarias. En ésta ocasión, Michael es un anciano incapaz de sostener una lucha titánica y siniestra con el Vaticano, y ha de claudicar en favor del hijo bastardo de su hermano Sonny, Vincent (interpretado por Andy García, que resultó nominado al Óscar), para garantizar la supervivencia de su familia.

Coppola utilizó esta película, además, para exorcizar demonios personales, y no ha intentado ocultarlo. En un principio el papel de la hija de Michael iba a estar interpretado por la actriz Winona Ryder, quien abandonó a las pocas semanas el rodaje sin dar explicaciones, lo que obligó a Coppola a conceder el importante personaje de Mary a su propia hija, la entonces debutante Sofia Coppola, quien recibió un auténtico varapalo de los críticos por ésta interpretación. Pero su padre la defiende, y la puso ahí pues con ella en pantalla pudo exorcizar (dado que Michael Corleone es un alter-ego suyo) la muerte de su hijo Gio y superar por fin también la tragedia. De esta forma, esta arriesgada y poco valorada película significó una superación vital para Coppola en muchos sentidos.

La película obtuvo siete nominaciones y ni un solo premio, en favor de otra película considerada inferior por la crítica, Bailando con lobos de Kevin Costner. Esto certificó que, si bien Hollywood estaba dispuesto a admitir que el talento de Coppola no se había evaporado, no estaba dispuesto a hacerle regresar por la puerta grande ni a devolverle los privilegios de los que gozó en los años 70.

Enseguida comenzó los trabajos para una adaptación de Drácula que él no escribió. Es sabido que Orson Welles siempre quiso adaptarla y por eso, entre otras razones, Coppola se esforzó tanto en ella. Con un reparto destacado (Gary Oldman, Winona Ryder, Anthony Hopkins, Keanu Reeves) y una gran producción (aunque no demasiado grande para Hollywood), Coppola emprendió una aventura en la que intentó recuperar el aroma del cine primigenio hecho con maquetas, sombras y efectos rudimentarios.

Aprovechó así la cercanía del centenario del cine y la casi coincidencia de la publicación de la novela y la invención del cine, para homenajear (véase la secuencia  cinematógrafo) con un tratamiento cercano, salvando las distancias, a lo que hubieran hecho con ese material los maestros del cine mudo y primeros años del sonoro, filmando con una cámara Pathé y su mecanismo de manivela.

Siendo la más fiel de las adaptaciones de la famosa novela, es también un ejemplo de infidelidad literaria por la relación amorosa entre el conde y Mina, no presente en la novela, pero que en ningún momento deslegitima la adaptación, sino que la enriquece con un nuevo punto de vista que da fuerza a la decisión del conde, no explicada en la novela, de viajar a Inglaterra, que perfectamente podría haber estado incluida en el relato original. Algunos personajes, como Lucy Westenra, que a menudo en las adaptaciones cinematográficas era fusionado con el de Mina, eran aquí tratados con especial detalle. Otros que casi nunca han aparecido en las películas sobre el conde, como el doctor Seward, el tejano Quincy Morris o el aristócrata Arthur Holmwood, eran así mismo dotados de una presencia mucho mayor y más interesante.

Son muy elocuentes ciertos atuendos y apliques de Drácula, como un kimono rojo de larga cola y una peluca kabuki. En la película, el vestuario diseñado por Eiko Ishioka es el decorado. Una de las tres novias de Drácula está interpretada por Mónica Bellucci y la formidable banda sonora es obra del autor polaco Wojciech Kilar. La película contiene referencias al cine de Pabst, Murnau, Jean Cocteau y Abel Gance, y múltiples efectos visuales de fácil concepción (realizados con rudimentarios instrumentos), pero difícil ejecución: sombras que van a su bola, ilusiones teatrales, marionetas, maquetas pintadas en cristal, paredes que se mueven, escenas marcha atrás y continuos desafíos a las leyes de la Física en la naturaleza de las cosas, con el fin de dotar al relato de una extraordinaria atmósfera irreal; todo ello realizado por el magnífico fotógrafo Michael Ballhaus en colaboración con el hijo de Coppola (Roman Coppola, director de efectos visuales y ayudante de dirección) y Gary Gutiérrez, supervisor de efectos visuales.

A pesar de la citada controversia sobre la fidelidad/infidelidad al libro y sobre el tratamiento visual de la obra, tan alejada de todo lo conocido anteriormente, y en especial alejada de la típica imagen del vampiro creada por Béla Lugosi o Christopher Lee, Drácula de Bram Stoker  fue uno de los mayores éxitos económicos de Coppola, con cuyos beneficios se compró el castillo de Inglenook y un extenso territorio dedicado a los viñedos, y logró tres premios Oscar: vestuario, maquillaje y efectos sonoros.
Recuperado por fin de su crisis económica y vital, volvió a aceptar extrañamente un trabajo de encargo con la personal pero ciertamente menor, Jack, protagonizada por Robin Williams y que narra la vida de un niño que envejece cuatro veces más rápido de lo normal (reincidiendo en el viejo tema del tiempo).


Al año siguiente y firmando el guión por primera vez en siete años, filmó uno de sus filmes más emotivos con la adaptación de John Grisham "Legítima Defensa" protagonizada por Matt Damon, Claire Danes, Danny DeVito, Danny Glover y Jon Voight. Un drama judicial sobrio y emotivo con el que Coppola cierra los noventa.


En 2001 presentó en el Festival de Cannes un nuevo montaje de su Apocalypse Now, que lleva a cabo con sus colaboradores Vittorio Storaro y Walter Murch, y al que titula Apocalypse Now Redux, en la que añadió cerca de media hora de metraje inédito y que en su momento no le agradó. La nueva película entusiasmó a un sector de la crítica, que considera este montaje incluso superior al primero. Otros sectores fueron más fríos con esta propuesta.

Después de casi diez años sin estrenar una nueva película, Coppola en 2007 volvió con el melodrama Youth Without Youth, protagonizado por Tim Roth, Alexandra Maria Lara y Bruno Ganz, entre otros. Un filme de bajo presupuesto y rodado en Rumania con equipo europeo con el que Coppola se reinventa artísticamente después de diez años inactivo.

En 2008 preparó en Argentina un nuevo filme, Tetro, relatando la inmigración italiana que pobló Buenos Aires en los inicios del siglo XX, hablada en inglés, con la anunciada participación de Vincent Gallo, Maribel Verdú, Alden Ehrenreich, Klaus Maria Brandauer, Carmen Maura, Rodrigo De la Serna, Leticia Brédice, Mike Amigorena, Sofía Gala, Érica Rivas, Silvia Pérez, Norma Pons y Adriana Mastrángelo.


Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Ford_Coppola


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