lunes, 23 de mayo de 2011

Mecanoscrito del Segundo Origen... Una novela de Manuel de Pedrolo

Mecanoscrito del segundo origen ("Mecanoscrit del segón origen" en su título original) es una obra escrita por Manuel de Pedrolo el año 1974 que tuvo gran éxito de ventas, sobre todo entre el sector juvenil. Es uno de los libros más vendidos de la literatura catalana.

Manuel de Pedrolo (L'Aranyó, 1918- Barcelona, 1990) es uno de los autores más importantes de la literatura catalana del siglo XX. Gran dominador del lenguaje y apasionado renovador de la forma, sus textos revelan un enorme interés por la comunicación y la libertad humanas, lo cual le acarreó problemas durante la censura franquista. Prosista, poeta, dramaturgo y ensayista, es en la novela donde realiza su aportación máxima.

Escritor siempre para adultos, Pedrolo ha conseguido su mayor éxito de público con Mecanoscrito del segundo origen, gracias a la clamorosa acogida obtenida por parte de los lectores jóvenes, que han hecho posible que sea del libro más leído de toda la historia de la literatura catalana.

En esta novela se explica la historia de Alba y Dídac, de 14 y 9 años respectivamente, que viven en un pueblo de Cataluña (España) llamado Benaura y que se convierten en prácticamente los únicos supervivientes de la Tierra después de que unos extraterrestres eliminen a casi toda la humanidad. Durante los cuatro años siguientes deberán valerse por ellos mismos para sobrevivir y enfrentarse a toda clase de problemas y dificultades.

El libro explora la relación entre los dos jóvenes y la recreación de un mundo distópico. La narración se estructura en capítulos que comienzan siempre igual, situando la edad de Alba y su virginidad o no. El narrador es omnisciente y emplea muchas descripciones.

El poder de sugerencia de la obra nace de sus metáforas, el nuevo mundo se compara con el actual y se indican nuevas posibilidades de existencia. El descubrimiento de muchos aspectos por parte de la pareja (como el papel de la cultura o la sexualidad) explican que el libro haya gustado tanto a adolescentes, que se sienten identificados con los protagonistas, aunque la novela no fuera escrita específicamente para ellos.

Fue llevada a la televisión por medio de una serie de gran éxito producida y emitida por TV3. Recientemente la productora catalana Antàrtida Produccions de Carles Porta ha adquirido los derechos de adaptación cinematográfica de la popular novela de Manuel de Pedrolo, que está preparando su producción para el salto al cine. La película estará dirigida por el director de cine Bigas Luna y el guión lo firma el propio Luna, el productor Carles Porta y los guionistas Marcel Barrena y David Victori.

FRAGMENTO DEL LIBRO:

Cuaderno de la destrucción y de la salvación


TT/1

(1) Alba, una muchacha de catorce años, virgen y morena, regresaba del huerto de su
casa con un cestillo de higos negros, de cuello largo, cuando se detuvo para reprender a dos chicos que pegaban a otro y le hacían caer en la alberca de la esclusa, y les dijo:
–¿Qué os ha hecho?
Y ellos le contestaron:
–No lo queremos con nosotros, porque es negro.
–¿Y si se ahoga?
Y ellos se alzaron de hombros, ya que eran dos muchachos formados en un ambiente cruel, con prejuicios.

(2) Y entonces, cuando Alba dejaba el cestillo para lanzarse al agua sin ni siquiera quitarse la ropa, puesto que tan sólo llevaba unos shorts y una blusa sobre la piel, el cielo y la tierra empezaron a vibrar con una especie de trepidación sorda que se iba acentuando, y uno de los chicos, que había alzado la cabeza, dijo:

–¡Mirad!

Los tres pudieron ver una gran formación de aparatos que se desplegaban lentamente desde la lejanía, y eran tantos que cubrían el horizonte. El otro chico dijo:

–¡Son platillos volantes, tú!

(3) Y Alba miró aún un momento hacia los extraños objetos ovalados y planos que avanzaban con rapidez hacia el pueblo mientras el temblor de la tierra y del aire aumentaba y el ruido crecía, pero pensó de nuevo en el hijo de su vecina Margarida, Dídac, que había desaparecido en las profundidades de la esclusa, y se lanzó de cabeza al agua, dejando atrás a los chicos, que se habían olvidado totalmente de su acción y ahora decían:

–¡Mira como brillan! ¡Parecen de fuego!

(4) Y dentro del agua, cuando ya nadaba hacia las profundidades, Alba se sintió como arrastrada por la potencia de un movimiento interior que quería llevársela de nuevo hacia la superficie; pero luchó enérgicamente y con todo su brío contra las olas y los remolinos, que alteraban la calma habitual de la alberca, y braceó con esfuerzo para acercarse al lugar donde había visto desaparecer a Dídac. Otra conmoción del agua, más intensa, la apartó de la ribera sin vencerla, puesto que ella le opuso toda su voluntad y los recursos de su destreza y, por debajo del vórtice que estaba a punto de dominarla, se sumergió aún más y nadó hacia las lianas que aprisionaban al chico.

(5) Y sin tocar tierra, ahora en un agua que se había calmado repentinamente, arrancó a Dídac de las plantas trepadoras, entre cuyos zarcillos otros niños habían hallado la muerte, y sin que él le diera ningún trabajo, puesto que había perdido el conocimiento, lo arrastró con una mano, mientras con la otra y las piernas abría un surco hacia la superficie, donde su contenida respiración estalló, como una burbuja horadada, antes de seguir nadando hacia allí donde la ribera descendía al nivel del agua. Encaramándose ella e izando el exánime cuerpo del chico, aún tuvo tiempo de ver como la nube de aparatos desaparecía por el horizonte de levante.

(6) Y sin entretenerse, Alba tendió a Dídac de bruces sobre la hierba de la ribera, le hizo sacar tanta agua como pudo, lo giró boca arriba al comprobar que aún no daba señales de vida, y hundió la boca entre los labios del muchacho para insuflarle el aire de sus propios pulmones, hasta que el chico parpadeó y se movió, como si aquella boca extraña le molestara.

Le quitó la ropa empapada para que el sol secara su cuerpo, lo friccionó, inclinada sobre él, y tan sólo entonces, cuando ya se recuperaba, se le ocurrió pensar que resultaba extraño que los dos chicos que lo habían empujado no hubieran acudido.
  
(7) Y entonces vio que estaban tendidos en el suelo, inmóviles y con las facciones contraídas, como fulminados por un ataque de apoplejía que les había dejado la cara rosado–amarillenta. El cestillo se había volcado y a su alrededor se esparcían los higos, pero no los habían probado, pues tenían los labios sin mancha alguna. Dídac, que se incorporaba, preguntó:

–¿Qué están haciendo, Alba?
–No lo sé... Vámonos, no te quieren.
–¿Quieres decir que no están muertos?

(8) Y entonces, Alba, girando sobre sí misma al advertir un gran desgarrón en su blusa, alzó la vista hacia el pueblo y abrió la boca sin que de ella brotara ningún sonido. Ante ella, a trescientos metros, Benaura parecía otro, más plano; bajo el polvo que colgaba sobre él, como una bruma sucia y persistente, las casas se amontonaban las unas encima de las otras, como aplastadas por una enorme y torpe mano. Volvió a cerrar los labios, los abrió de nuevo y exclamó:

–¡Oh!


E inmediatamente, sin acordarse de que la blusa ya no le ocultaba los pechos, echó a

correr camino abajo.

(9) Y en el pueblo no quedaba nada en pie. Los edificios se habían desmoronado sobre 
sí mismos, como si de golpe sus paredes hubieran flaqueado, y sobre sus escombros 
habían caído los tejados. Montones de piedras y de tejas partidas estaban diseminadas por las calles y cubrían principalmente las aceras, pero el hundimiento había sido demasiado a plomo como para dejar intransitables las vías más anchas, por donde ya corría el agua de las cañerías reventadas que, en algunos lugares, alzaban impetuosos géiseres entre la polvareda.


En muchos lugares, los muros seguían erguidos, como para contener en su interior el 
derramamiento de los pisos altos amontonados, en algunos casos, entre paredes que,
pese a estar agrietadas, habían resistido el feroz impulso de un ataque aniquilador. 
Porque todo aquello lo habían hecho aquellos aparatos misteriosos. Alba estaba segura de ello.


(10) Y por todas partes, medio sepultados por los escombros, en el interior de los 
coches detenidos, por las calles, había cadáveres, gran cantidad de cadáveres, muchos con el rostro contraído en un rictus extraño y la piel rosado–amarillenta.

Fuentes:
El Fragmento está extraido del propio libro.


SI QUERÉIS COMPRAR EL LIBRO:

3 comentarios:

  1. No sabía de éste escritor catalán pero la lectura de lo que has escrito me ha parecido estupendo, como para descubrirlo, más diciéndome que es tan popular. Lo anoto. Un abrazo.

    Mario.

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  2. Hola, pues yo leí el el libro, a poco de salir se editó en Argentina y fué bien recibido. Lo que busco desde hace años es la mini-serie de modo infructuoso. Solo conseguí capítulos sueltos en Catalán ¿No se hizo traducida o subtirulada al Castellano? Si alguien me puede dar donde comprar o descargarla agradeceré enormemente. tk1500@hotmail.com

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    Respuestas
    1. Yo me leí el libro en el instituto, elegido de una larga lista de libros, llamandome la atención la sinopsis, siendo algo parecido a "Soy Leyenda" de Richard Matheson... De la miniserie la verdad es que no la conozco...

      Gracias por pasarte y comentar... Saludos!

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