lunes, 26 de septiembre de 2011

Viento del Este, Viento del Oeste... Una Novela de Pearl S. Buck

Viento del Este, Viento del Oeste (East Wind, West Wind) es la primera novela de la escritora estadounidense Pearl S. Buck publicada en 1930.

En ella nos encontramos una historia ambientada en China a finales del Siglo XIX. La conmovedora historia de una mujer joven oriental llamada Kwei-Lan, hija de una familia noble y distingida, apegada a tradiciones antiquísimas, y obligada a casarse con un joven médico cuya exquisita educación ancestral se ha desvanecido por la influencia de la cultura occidental. Él al principio la rechaza, pero luego, poco a poco, ella se va adaptando a las nuevas costumbres, y aceptarlas paulatinamente si desea conseguir el amor de su marido y comprender las díficiles situaciones familiares que provoca el contacto entre las culturas de Oriente y Occidente.

Huelga decir que la escritora vivió alrededor de cuarenta años en China, llevada por sus padres misioneros a sus tres meses de edad. Algo que hace que impregne todas sus obras con su experiencia personal. Un año después de escribir esta novela, ganó un premio Pulitzer por La Buena Tierra (The good Earth), llevada al cine en 1937 por Sidney Franklin, y galardonada con dos premios Óscar. También obtuvo en 1938 el premio Novel de Literatura.
A mi me gustó, pese a que el libro decae un poco hacia la mitad, es bastante ameno y entretenido, y no se hace para nada pesado. Con unos personajes interesantes, y una precisa ambientación. Está narrada de forma contenida y sutil, acercandonos a las costumbres orientales, y describiendo los conflictos que, de manera inevitable, surgen entre padres e hijos cuando las ideas occidentales penetran en los baluartes de la cultura china.








FRAGMENTO DEL LIBRO:

Cuando pienso en el pasado, creo que mi marido empezó a interesarse por mí a partir de aquella noche.

Parecía que hasta entonces no habíamos tenido nunca nada que decirnos, que nuestros pensamientos no se habían encontrado jamás, que yo no podía hacer otra cosa que mirarle sin comprenderle, y que él nunca hubiera llegado a posar sus ojos en mí. Si acaso nos habíamos dicho algo, fue con la cortesía que se emplea entre personas extrañas: yo, tímidamente; él con una corrección demasiado manifiesta para que yo pudiese tomarla por interés. Pero ahora tenía necesidad de él, y él, por fin, se acordaba de que yo existía.

Al hablarme me interrogaba, y mostraba interés en mis contestaciones; y yo que había sentido por él, hasta entonces, un amor palpitante, pero ofuscado, sentía ahora que le adoraba.

Nunca imaginé que un hombre pudiera inclinarse con tanta ternura a una mujer. Al preguntarle lo que debía hacer para liberar mis pies de sus ligamentos, creí que se reduciría a darme unas cuantas instrucciones. Por eso me extrañó muchísimo al verle aparecer con una palangana de agua caliente y un rollo de vendas. Estaba avergonzada: la idea de que iba a ver mis pies era insoportable; nadie los había visto desde el día en que tuve bastante juicio para cuidarme yo sola.
Me sentía como sobre carbones encendidos. Cuando, de rodillas ante mí, y la palangana a su lado, hizo un ademán para cogerme los pies, tuve la tentación de huir.

— No — dije débilmente — , lo haré yo misma.

— No te preocupes. Recuerda que soy médico.

De nuevo me negué. Él levantó la cara y me miró a los ojos fijamente.

— Kwei-lan — dijo con tono grave —. Sé lo que te cuesta hacer esto por mí. Pero permite que te ayude en lo posible. Soy tu marido.

Cedí sin reflexionar más. Me cogió un pie con sus dedos ágiles, quitó la sandalia, la media y, por último, la banda interior. Su rostro tenía una expresión triste y a la vez severa.

— ¡Cómo debes de haber sufrido! — murmuró con ternura —. ¡Qué triste infancia...! ¡Y todo inútilmente!

Al oír aquellas palabras, no pude retener las lágrimas. Sí, los sacrificios hechos no habían servido para nada. ¡Y ahora él me imponía otros!

Bajo los efectos de la inmersión y el desvendado, nuevas torturas empezaron para mis pies. El proceso de la distensión se reveló casi tan doloroso como el achicamiento con los ligamentos apretados. Poco a poco, la sangre comenzó a circular; y esto me produjo dolores insoportables. Había momentos en que, para mitigarlos un poco, me arrancaba las vendas ligeramente aplicadas para aplicarlas con fuerza. Pero inmediatamente pensaba que mi marido se daría cuenta y, con manos temblorosas, me quitaba de nuevo las vendas. No encontraba alivio más que sentándome sobre los pies, con las piernas cruzadas y balanceando el busto.

Fuentes: 
http://es.wikipedia.org/wiki/Pearl_S._Buck
http://es.wikipedia.org/wiki/La_Buena_Tierra#Adaptaciones_cinematogr.C3.A1ficas
Fragmento extraido del propio libro.

2 comentarios:

  1. Me encanta este libro. Lo leí hace tiempo ya y seguramente lo de otro repaso cuando disponga de tiempo suficiente.
    Un saludo

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  2. Para mientrasleo: Es una buena novela, yo también hace tiempo que la leí... Pero el otro día, estaba ordenando la estantería de los libros y la ví, y me dió la idea para hacer esta reseña. Gracias por pasarte... Un Saludo!

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