lunes, 28 de mayo de 2012

Miel de Naranjas (2012) El Esperado Regreso de Imanol Uribe...

Miel de Naranjas (2012) es una película dirigida por Imanol Uribe que se estrena el próximo 1 de Junio y en el que supone el esperado regreso a la dirección del realizador guipuzcoano, tras su film del 2007 "La Carta Esférica".

La película nos trae la historia, basada en hechos reales, de un joven soldado llamado Enrique que realiza el servicio militar en Andalucía descubriendo los horrores cotidianos de la represión franquista, y por el cual decide pasar a la clandestinidad. Pero la relación con su novia, Carmen, que le ha "enchufado" en el juzgado militar a través de su tío, Don Eladio, lo complica todo. Esta mirada "inocente" de nuestro protagonista, Enrique, vertebrará también otras historias colaterales.

El estupendo guión de la película, escrito por Remedios Crespo, fue premiado en el año 2009 con el galardón Julio Alejandro de Guiones, del cual Imanol Uribe
fue miembro del jurado de dicho certamen. Un año y medio después, el director de "Días Contados" recibió una oferta para dirigir la película, la cual aceptó, debido a que en primer lugar narra una historia potente, bien estructurada, y que atrapa de principio a fin. En segundo lugar trata el tema de la lucha clandestina urbana durante la dictadura franquista, ambientada en Andalucía a principios de la década de 1950.


Miel de Naranjas se asemeja más a las películas sobre la resistencia francesa, subgénero que apasiona al realizador guipuzcoano.

La guionista Remedios Crespo nos cuenta como se inspiró para escribir el estupendo guión:

La guionista Remedios Crespo.
Cuando Franco enfermó en noviembre de 1975, a cada hora se transmitían los partes sobre su salud. Tenía nueve años y recuerdo aquellos días con verdadero pánico porque noche tras noche se me repetía un angustioso sueño: Franco moría y yo me quedaba muda. En la escuela siempre había escuchado que los "cuarenta años de paz" habían sido algo insólito, solo posible gracias a un don especial de Franco. Deduje que el estado natural de España era la guerra, y muerto él volverían a estallar las bombas: los nueve hermanos, mi padre y mi madre saltaríamos por los aires, destrozados. El inconsciente colectivo estaba latente en mi pesadilla de niña, ya que me hacía justamente enmudecer. No perdía un ojo o una mano o una pierna, perdía la voz, esa voz que durante la dictadura estuvo secuestrada y que cuando alguien la pronunciaba era sinónimo de duras represalias (condenas eternas, sentencias de muerte, trabajos forzados, exilio, expolio…).  
Cuando Franco murió, y sin que nadie me viera, hice una resta muy sencilla en un papel: 1975-1939 = 36. ¿Por qué entonces machaconamente se nos hablaba de "cuarenta años de paz"? A mí me salían 36. Con la inocencia de la infancia conseguía intuir y atravesar la voluminosa mentira de un Estado totalitario y el silencio de una sociedad aparentemente conforme. Nunca he olvidado aquello porque fue mi primera reflexión. Con el tiempo descubrí que la mayor mentira y tragedia de aquella frase estaba en su segunda parte:  "de paz".
A generaciones como la mía se nos ha enseñado "a olvidar", pero me pregunto ¿qué teníamos que olvidar? ¿Algo que no conocíamos? No se puede olvidar si no se sabe antes que en España, por ejemplo, existieron campos de concentración durante la dictadura hasta la década de los sesenta.

Mi padre, como trabajador en la Administración de Justicia desde 1942, fue testigo de macabros entresijos judiciales. Hace unos años encontré un relato suyo sobre su penoso destino como mecanógrafo en un Juzgado Militar Especial de Sevilla en 1951. Ya llevábamos "doce años de Paz" y la autoridad militar seguía condenando a civiles con penas muy graves, incluida la muerte, muchas veces por delitos falsos o sin pruebas. Durante las farsas judiciales mi padre tenía que hacer sonar la máquina de escribir para aparentar que se estaba redactando la sentencia. En aquel ambiente totalitario y amenazante él se abstraía escribiendo cartas de amor a su novia, mi madre. Este es el punto de arranque de "Miel de Naranjas". Con otros datos de ese relato, documentación, investigación y muchos testimonios directos, he construido esta ficción basada en la pesadilla real de la dictadura. 

Mi objetivo primordial ha sido escribir una historia con ritmo que respire vitalidad y verdad emocional para que genere empatía en el público. Además, intento provocar una reflexión sobre nuestro sufrimiento colectivo. Dicho esto, mi intención no era hablar de la historia de España, sino de la de mi padre, de la de mi familia y de mis orígenes. Hablar de España ha sido una consecuencia natural. Como dijo Gaudí, "originalidad es volver al origen". Si no sabemos de dónde venimos, probablemente nunca sepamos quiénes somos.

Fuente: http://www.altafilms.com

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