lunes, 9 de julio de 2012

Entrevista a Pablo Trapero, director de Elefante Blanco (2012) La Última Película Protagonizada por Ricardo Darín...

Elefante Blanco (2012) es la nueva película dirigida y escrita por el realizador argentino Pablo Trapero, y protagonizada por el gran actor Ricardo Darín, el actor belga Jeremie Renier (habitual en las películas de los Hermanos Dardenne) y Martina Gusman que ya trabajó con Trapero en "Carancho" y "Leonera".

Es necesario decir que Elefante Blanco ha sido todo un éxito en Argentina,  arrasando con más de 500.000 espectadores en las dos primeras semanas de estreno, y consiguiendo alcanzar el Número 1 de taquilla en la cartelera argentina.

El próximo Viernes 13 de Julio se estrena en la cartelera española...

SINOPSIS:

La película nos narra una historia de amistad entre dos curas, Julián (Ricardo Darín) y Nicolás (Jérémie Renier), que tras sobrevivir un intento de asesinato por parte del Ejército durante su trabajo en Centroamérica, se asientan en una barriada de Buenos Aires para desarrollar su apostolado y labor social.

Allí conocen a Luciana (Martina Gusman), con quien lucharán codo a codo contra la corrupción, mal endémico de la zona. Su trabajo les enfrentará a la jerarquía eclesiástica y a los poderes gubernamentales y policiales al arriesgar su vida por defender su compromiso y lealtad hacia los vecinos del barrio.
Pablo Trapero comenzó su carrera internacional en 1999 cuando estrenó su primer largometraje, Mundo grúa. Fue un momento rompedor en el cine argentino y animó a docenas de directores jóvenes en sus primeros largometrajes. Mundo grúa fue estrenada en Venecia, cosechando premios y aclamada por la crítica en festivales cinematográficos alrededor del mundo.

En 2002, su segundo largometraje, El bonaerense, fue premiado asimismo en UNA CIERTA MIRADA en Cannes, con excelente crítica y audiencia. Aquel mismo año abrió su propia productora en Buenos Aires, Matanza Cine, con la cual ha producido más tarde no solo sus propios largometrajes, sino los de otros directores argentinos y latinoamericanos.
Como productor ha estado detrás de largometrajes y documentales como Ciudad de María, de Enrique Bellande; La mecha, de Raúl Perrone; Géminis y La rabia, de Albertina Carri; Mi mejor enemigo, de Alex Bowen; Di buen día a papá, de Fernando Vargas; y Mbya, tierra en rojo, de Philip Cox y Valeria Mapelman.

Como director, además de cortos y TV-movies, también ha dirigido Familia rodante, Nacido y criado e Intersecciones, un documental de ficción (2007).

Leonera, su quinto largometraje, es nominada a la Palma de Oro en Cannes 2008, y además elegida como la representante por Argentina a los Oscar® como Mejor Película en Lengua No Inglesa. Pero es con Carancho, su sexto largometraje, con el que Trapero se consagra como uno de los directores latinoamericanos de mayor proyección internacional: la película ha sido candidata por Argentina a Mejor Película en Lengua No Inglesa en los Oscar®, además de arrasar en los Premios Cóndor y numerosos festivales internacionales.

ENTREVISTA A PABLO TRAPERO:

¿Cuál es el engarce de la película con la actualidad?

- Elefante blanco es una película que conecta con distintas épocas relacionadas entre sí por el trabajo que hacen los curas en las villas y se podría pensar que más o menos, sobre todo en Ciudad Oculta, que es donde está ubicado el Elefante blanco, se trabaja desde fines de los años sesenta hasta la actualidad. Pasaron muchos años, muchas cosas y muchas historias  muy difíciles, no solo en el barrio, sino en el país, desde esa época hasta hoy. Y lo que unifica después de todos estos años es la gente que durante generaciones estuvo viviendo en una villa que en principio era más pequeña y después se hizo más grande y ahora es prácticamente una ciudad. Un poco lo que se puede ver en la película no es solo la situación actual que se vive en el barrio, sino las generaciones que fueron creciendo, muchas de esas sin la posibilidad de haber salido de ese lugar, y siempre acompañados en las distintas épocas por estos curas que hacen distintos trabajos junto a los vecinos.
¿Qué podemos aprender en 2012 del discurso que deja traslucir Elefante blanco?

- A través de las distintas formas de exclusión social y en general, es donde se puede ver claramente por qué existe una sociedad prácticamente paralela que alberga a las personas, que de alguna manera, intentan entrar en un sistema.

Se ve más claramente en las villas que albergan a gente que viene del interior del país tratando de entrar en la capital, pero por las diferencias económicas o sociales que hay, solo puede llegar hasta la villa y ese es el mejor lugar al que pueden acceder. También pasa lo mismo en relación con otros países. Hay gente que vive en villas de la ciudad de Buenos Aires que vienen de muchas comunidades de países latinoamericanos buscando el progreso. Eso  genera una contradicción y una tensión muy fuerte entre lo que para unos es el progreso y para otros es la exclusión. Para mucha gente que viene de condiciones de extrema pobreza, la villa es realmente un paso para estar más cerca de recursos e incluso de infraestructura. Y para la gente que está en la ciudad, muchas veces es el lugar al que termina llegando por haberse caído de la estructura social.
¿Qué considera que aporta una película sobre curas comprometidos en 2012?

- Una película que habla sobre curas comprometidos en realidad habla sobre personas comprometidas. Elefante blanco deja ver mucha gente que silenciosamente está comprometida con el trabajo cotidiano que significa intentar cambiar algo, por lo menos en estos barrios. La película no muestra solo lo que hacen Nicolás y Julián, que son los dos curas, sino también Luciana y el grupo de trabajo que los acompaña se ve un montón de gente que anónimamente trabaja a diario, por lo menos para enfrentarse a los problemas cotidianos.

Después hay problemas estructurales, políticos, sociales, económicos que no puede resolver un asistente social, ni un cura, ni una persona que desinteresadamente se acerca a la villa para intentar trabajar con la gente del barrio. Pero lo que se ve en la película es que hay mucha más gente de la que imaginamos y conocemos que está comprometida de manera cotidiana con un trabajo que, a largo plazo, puede traer un poco de alivio para los problemas cotidianos de los vecinos de estos barrios.
En su labor como director, ¿qué notas ha querido imprimir al tratamiento de los personajes?

- En la película hay, por supuesto, tres personajes principales, que son los que identificamos con más claridad. Julián, el personaje de Ricardo Darín, que narra un poco la generación que continuó el trabajo de los curas tercermundistas, que es la generación inmediata, posterior, y cómo se considera desde hoy día ese movimiento y ese compromiso. Julián es un personaje que viene de una familia de clase media o acomodada, que ha tenido estos votos de compromiso social, y que se ha alejado de la tradición de su familia para dedicarse a los pobres.

Por otro lado, está Nicolás, que es la generación que sigue, la que aprende de la generación de Julián. Nicolás es el personaje de Jérémie Renier, el cura extranjero al que en la película llaman el cura gringo, que viene de viajar por distintas partes del mundo, siguiendo misiones humanitarias, no solo en Latinoamérica, sino también en otros lugares del planeta; y cuando empieza la película entendemos que este vínculo que han desarrollado Julián y Nicolás ni siquiera empezó en la Argentina, sino en los viajes que Julián hacía llevando esta tradición de la palabra de los curas del tercer mundo por distintos países.

Nicolás tiene una mirada más cotidiana y está más preocupado por la relación con los vecinos que por la religión, y eso se ve en un primer momento. Su manera de trabajar, que es lo que lo enfrenta a Julián, deja la religión de lado para establecer vínculos más directos y personales, y eso también genera fricción en este vínculo.

Esta relación entre Nicolás y Julián, que representa el trabajo desde el lado de la religión, se complementa con la mirada de Luciana, que es una asistente social que trabaja desde hace muchos años con Julián ayudando a los vecinos del barrio en las distintas tareas cotidianas, como el comedor, los talleres de rehabilitación por problemas de drogadicción, apoyo escolar, talleres de costura, etcétera. Son distintas actividades para acercarse a los vecinos, y para que los vecinos también encuentren una manera de trabajo, muchas veces fuera de la estructura religiosa y política, que es también otra de las maneras en que se hacen esos trabajos sociales.

Y después se ven muchísimos personajes que representan las distintas voces del barrio, los inmigrantes, los chicos que luchan a diario por salir de los problemas que el barrio a veces representa. Después se ve también en otros vecinos que se convierten en personajes, la gente que efectivamente encuentra en la villa un lugar de pertenencia porque hace generaciones que están ahí, porque es su barrio, es su lugar, más allá de lo que desde afuera se puede ver, que es un lugar de tránsito, de paso, de emergencia. También se ve en otros personajes, como la villa es un lugar de refugio y una fortaleza, sobre todo para el narcotráfico y para otras actividades delictivas. Se ven por momentos partes del negocio del juego ilegal y de otras formas de vida que se sienten protegidas dentro de la villa.


Fuente: http://www.altafilms.com

1 comentario:

  1. De casualidad hace poco vi en hbo filmes y puedo decir que hay muchos elementos que hacen que valga la pena como; la buena fotografía, los maravillosos y largos planos secuencia que acompañan los pasos de los personajes, la crudeza de la imagen (una de las marcas propias de las historias de Trapero) y el impacto que ciertas tomas van produciendo (una de las secuencias finales, por ejemplo) crean un realismo intimidante y aportan una calidad audiovisual que impacta. A su vez, las actuaciones mantienen un nivel muy bueno de credibilidad.

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