jueves, 3 de abril de 2014

Entrevista a Bertrand Tavernier, director de "Crónicas diplomáticas (Quai D’Orsay)"

El próximo viernes se estrena en las carteleras españolas la última película de Bertrand Tavernier titulada "Crónicas diplomáticas (Quai D’Orsay)", que es una sátira política protagonizada por Alexandre Taillard de Vorms (interpretado por Thierry Lhermitte), Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, siempre dispuesto a tratar con los poderosos y consolidar su candidatura para el Premio Nobel de la Paz.

En una entrevista realizada por Stéphane Lerouge para Golem Distribución S.L., el director francés nos habla sobre "Crónicas diplomáticas (Quai D’Orsay)"...


¿Cómo descubrió la novela gráfica "Quaid’Orsay"?

Un periodista amigo mío, Edouard Duprey (de hecho sale en la película), me regaló el primer volumen de "Quaid’Orsay", que acababa de publicarse. Lo leí esa misma noche. Al día siguiente, le pedí a mi productor y socio, Frédéric Bourboulon, que comprase los derechos de adaptación. Lo que me sedujo fue el perfecto equilibrio entre una fuerza cómica irresistible y el realismo, la autenticidad de los personajes, las situaciones y los diálogos. El tema y el motor de "Crónicas diplomáticas (Quai D’Orsay)", como pasó en anteriores películas que he realizado, como "Ley 627" y "Hoy empieza todo", es el trabajo. A esto se añade la vertiente de la crónica, en mi opinión una de las formas más cinematográficas.

"Quaid’Orsay" se publicó en junio de 2010, justo entre la presentación en Cannes de "La princesa de Montpensier" y su estreno comercial. ¿Buscaba un tema para una película?

Sí, ya trabajaba con un par de ideas, pero el azar me llevó a "Quaid’Orsay". Mi reacción fue inmediata, no podía dejarlo pasar. Además, estaba en el extremo opuesto de la película que acababa de terminar. "Crónicas diplomáticas (Quai D’Orsay)" es una realidad actual, contemporánea, la del gabinete de un ministro, mientras que "La princesa de Montpensier" es una historia de amor pasional con las guerras de religión como telón de fondo. "Crónicas diplomáticas (Quai D’Orsay)" es un mundo del que no sabía nada, lo ignoraba todo del trabajo cotidiano de la diplomacia. Mi deseo de hacer cine suele despertarse cuando tengo la oportunidad de explorar mundos, épocas, ambientes que desconozco. La fuerza y el interés de esta novela gráfica fuera de lo común reside en que revela en tono de comedia la cara oculta de la política, esa que nunca sale en los medios.

¿Le pareció evidente desde el principio adaptar la novela gráfica con los autores de la misma?

Sin duda alguna, nunca se me ocurrió otra cosa. En general, el cine utiliza novelas sin preocuparse del autor, sin intentar implicarle en la escritura. En este caso, habría sido un error. La novela gráfica es una fuente inagotable de diálogos de calidad apoyados por observaciones impecables en el dibujo; tenía que colaborar con Antonin y Christophe. Y cuando empezamos a trabajar a seis manos, fue como un torbellino. No podíamos parar. Creo que acabamos la primera versión del guión en diez días.

La novela gráfica es, al mismo tiempo, una comedia acerca de la atracción del poder, el relato de un aprendizaje y una crónica de la vida de un Gabinete ministerial visto desde dentro. Para la película era necesario tender una cuerda, encontrar un punto dramático que la recorriera de un punto a otro…

Es un problema recurrente que intenté resolver en "Ley 627", "Hoy empieza todo", "La pequeña Lola" e incluso en "La vida y nada más". Estas películas describen acciones múltiples, repetitivas o simultáneas; poco a poco se crea un vínculo que las une. En "Crónicas diplomáticas (Quai D’Orsay)" había que utilizar la crisis en Lusdem (que se convierte en Lusdemistán en la película) y transformarla en el hilo conductor de la historia, para acabar con el discurso del ministro Taillard de Worms en la ONU. El discurso está en la segunda entrega de la novela, que aún no había leído y que descubrí a mi llegada a Nueva York.

Uno de los cambios más importantes en la película es el papel de Marina, la chica de Arthur. Al contrario que en el libro, viven juntos, ella tiene una profesión que le gusta. Su vida diaria no se parece en nada a la de su compañero…

Me pareció necesario. Quería saber más sobre la compañera de Arthur, hacerla existir, anclarla en un mundo muy real. Así podría servirle de espejo, hacerle dudar. 

¿Fue una ventaja escribir el guión en Nueva York, lejos de Francia?

Me gusta la sensación de dejar atrás todos los problemas cotidianos, desde la SACD (Sociedad de Autores), pasando por Little Bear, hasta la reparación de la lavadora. Adaptamos "Crónicas diplomáticas (Quai D’Orsay)" en una mega-ciudad que acababa de ser devastada por un huracán. 

¿Pensaba desde el principio en respetar los capítulos de la novela con los fragmentos del filósofo griego Heráclito?

Conservamos algunos de los fragmentos, modificamos otros, añadimos nuevos. Al final, Antonin sacaba propuestas de lo más radicales: citas de Heráclito reducidas a dos palabras, incluso una sola. Reflexionamos mucho con Romain Le Grand y Florian Genetet-Morel, de Pathé, acerca del orden de los fragmentos, de su graduación, con el fin de crear una progresión. No son citas anodinas, sino una forma de pasar de un momento a otro, de un decorado a otro. Una de mis favoritas sigue siendo: "Ante un discurso, el estúpido se queda pasmado".

Encontrar al actor para interpretar a Taillard de Worms no debió ser sencillo. Sobre todo porque se conoce al modelo, al original…

Siempre pensé en Thierry Lhermitte. Hace años que nos conocemos. Debutó en "Que empiece la fiesta" y luego le di un papel en "Los inquilinos". Es un actor que me dejó asombrado en varias películas producidas por Little Bear, pero hace varios años que no tiene un papel donde pueda demostrar todas sus capacidades. Ocurre a menudo. Hay un enorme potencial que se queda sin explotar en muchos intérpretes por culpa del conformismo, la pereza o la falta de audacia de los que deciden. Al darle el papel de Taillard de Worms, le lancé un reto, como hice con Michel Galabru en "El juez y el asesino".

Desde "Une affaire privée", Thierry Lhermitte no había tenido un papel protagonista. ¿Se sintió motivado por el reto?

Desde luego. Pero tenía una dificultad añadida, todos sabemos qué ministro inspiró el personaje de Taillard de Worms. Thierry no podía caer en la trampa de la calcomanía; al contrario, debía encontrar su propio camino. Desde el principio me propuso una idea original que le permitía hacerse con el personaje. Haría un gesto extravagante para ilustrar sus frases. El ministro imita una espiral, un trueno, una urgencia… Y como Taillard usa parábolas, pocas veces se ha visto en una película a un personaje haciendo tantos gestos cósmico-geométricos. Pero más determinante aún fue el hecho de que Raphaël Personnaz y él se llevaran bien inmediatamente. Es raro ver una complicidad tan rápida. En general, me interesan los actores de acción tanto como los de reacción. Ante el tornado Lhermitte, las reacciones de Raphaël no tienen precio. 

¿Qué piensa de la película una vez terminada?

Hay que querer a los personajes, nunca burlarse de ellos ni intentar ser más listo que ellos. Por ejemplo, quería que la consejera Valérie Dumontheil (Julie Gayet) no se limitase a acuchillar a Arthur por la espalda. Debía tener otra dimensión. Cuando está en África, supera su miedo y sale del coche para unirse al ministro. El consejero Cahut me asombra. A pesar de su malhumor, hace unos análisis muy pertinentes de Oriente Medio, a lo que añade su obsesión por los sándwiches y los bocadillos.

Lo que acaba de decir resume la dirección de la película.No es una hagiografía ni en un folleto, como lo demuestra la última secuencia con el discurso de Taillard de Worms en la ONU. Transmite una sensación de grandeza inmediatamente contrapeada por un comentario lleno de ironía…

De hecho, Taillard no se da cuenta de que acaba de dar uno de los mayores discursos de la historia francesa de los últimos treinta años. Quiero agradecer a Frédéric Bourboulon y François Hamel su obstinación, que nos permitió rodar en la sala del Consejo de Seguridad. Fue algo insólito: que un actor repita un discurso con espíritu fundador en el mismo lugar donde se pronunció por primera vez diez años antes.

Fuentes:
Entrevista realizada por Stéphane Lerouge.
Extraída del Pressbook, cortesía de ©Golem Distribución S.L.
Imágenes cortesía de ©Golem Distribución S.L.
http://www.image.net/  ©Getty Images
http://www.elseptimoarte.net/peliculas/quai-d-orsay-7977.html
http://www.filmaffinity.com/es/film347937.html
http://www.allocine.fr/article/fichearticle_gen_carticle=18628492.html

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