lunes, 19 de mayo de 2014

Entrevista a Roberto Andó, director de "Viva la libertá"

El próximo viernes 23 de mayo se estrena en las carteleras españolas la película "Viva la libertá", dirigida por Roberto Andó que adapta su propia novela homónima, y está protagonizada por Tony Servillo (conocido por protagonizar la oscarizada película italiana "La grande bellezza", de Paolo Sorrentino); además de Valerio Mastrandea (visto en "El comandante y la cigüeña"), y Valeria Bruni Tedeschi (que ha dirigido y protagonizado "Un castillo en Italia").

"Viva la libertá" nos cuenta la historia de Giovanni Emani, un alocado y divertido filósofo bipolar, que se verá obligado a sustituir a su hermano gemelo Enrico, secretario general de un importante partido político italiano, cuando éste decide desaparecer de la faz de la tierra. El asistente de Enrico tendrá que lidiar con la espontaneidad de Giovanni mientras su hermano gemelo sigue sin aparecer. Una locura que se tornará en acierto cuando el partido vuelva a situarse en la cresta de la ola.

Su director Roberto Andó nos habla de su nueva película, a través de una entrevista concedida para Caramel Films... 


El director italiano Roberto Andó en el set de rodaje.

Solemos encontrar películas basadas en una novela. Más extraño resulta encontrar un libro y una película firmados por el mismo autor. Esto hace que sea todavía más interesante comprender cómo has trabajado, junto con Angelo Pasquini, para llevar a la pantalla las páginas del libro homónimo. Hay una corriente de pensamiento que sostiene que un buen libro debe “traicionarse” para convertirse en una buena película. En tu caso, ¿se trata de traición o de fidelidad, de pasión o de indiferencia?

Traicionarse a sí mismo habría sido un error. Con Angelo Pasquini como cómplice, al pasar de un código a otro, me he dejado llevar por una cierta libertad para inventar, y la mayoría de las veces me he acabado sorprendiendo a mí mismo con el resultado.  En la película encontramos situaciones que no aparecen en la novela. Como si la escritura cinematográfica y el registro visual, eligiendo la acción en lugar de la reflexión, hubiesen dejado entrever desarrollos diferentes a los de la novela. Desde un inicio Pasquini y yo dejamos claro que sería bueno dejar fluir a los personajes de la película con la misma ligereza que impregnaba la novela. Una ligereza que es donde confluye toda manifestación artística. La película se entrega al devenir de los sucesos, a la fuerza de los hechos, es decir, al dictado de una esencialidad que hace aflorar sin lastres intelectuales las huellas más profundas diseminadas en la historia.

Ahondando más en la relación entre el libro y el film, ¿piensas que, al contrario de como ha sucedido en este caso, el guión podría haberlo escrito otra persona?

¿Y por qué no? En ese caso habría sido muy gratificante reencontrarse con una historia mía, elaborada y reescrita para el cine por otros. En otra ocasión…


“Una gran novela, sobre todo porque se palpa una profunda felicidad en su escritura; felicidad que transmite al lector”, ha dicho Andrea Camilleri de tu novela. Con la película, además de la felicidad, ¿qué otras emociones y reflexiones crees (o al menos esperas) que pueda transmitir?

Antes decía que para mí la escritura de la novela ha coincidido con la conquista de un territorio en el que cualquier narrador, tarde o temprano, aspira a adentrarse: la ligereza. Me gustaría que los espectadores de la película pudiesen reencontrarse en ella con ese toque ligero que los lectores, incluido Camilleri, han apreciado en la novela. Una ligereza que coincide con la emoción y también, claro está, con la reflexión; una emoción y reflexión basadas en la vida y en la política, al menos basadas en lo que tiene de vital la política. Amor, ficción, poder, fracaso, talento, son muchos los hilos que se van desarrollando en el transcurso de la película. Creo que nos afectan a todos. Y se puede entrever cierta trayectoria de la política italiana de los últimos veinte años. Nos encontramos en medio de una terrible crisis que afecta a todos los pilares sobre los que se basa occidente, una crisis que asume el papel de la misma economía y de la política, y estamos todos convencidos de haber llegado a un punto de no retorno. De que se tiene que volver a empezar desde el principio. Partir de otra base, dejar atrás la ficción como forma de gobierno, como modelo de comunicación política.

Tanto el libro como la película transpiran cierta providencia de los sucesos políticos en la sociedad italiana de los últimos años. Sin embargo, la fórmula utilizada es la del misterio, entre la paradoja y el realismo.  ¿Son La lección de Sciascia, las sugestiones de Rosi, maestros con los que entablaste relaciones personales y colaboraciones profesionales? En el fondo parece que hasta el mismo Harold Pinter, con quien te has medido a menudo en el teatro, asome la cabeza. ¿Esto es así?

Estos “maestros” son tan grandes que dejan siempre una huella imborrable en aquellos que los admiran. Seguramente este sea mi caso. Me complace enormemente que los críticos que han recibido favorablemente Il trono vuoto lo hayan comparado un poco con la lección de Sciascia. Ha sido uno de los primeros en dar una visión novelesca de la política. Y a detener el trazo en una dimensión a caballo entre la novela negra y la metafísica. Ha sido un gran amigo mío, una persona a la que debo mucho. En el encuentro con los personajes de la novela y de la película, se aprecia claramente la decantación de tantas lecturas y reflexiones sobre el sentido marginal que la política ha cobrado en el mundo actual, sobre la opacidad de nuestros líderes. Particularmente, me ha encantado la observación de un crítico que ha dicho que en mi novela “la política es la metáfora de una vida que escapa de sí misma”. Al fin y al cabo, yo pretendía relacionar la política con la vida; la búsqueda del sentido que escapa de una a otra, y el fracaso, que se refleja también. Cuando uno desea hacer política vital, no repite solo una frase retórica; se alude al hecho de que, a menudo, la política es necrología, algo que resulta inútil. No obstante, todavía hoy la política continúa siendo el mejor instrumento del que dispone el hombre para mejorar la vida, para hacerla digna de ser vivida.


En la película aparecen elementos precisos que nos llevan de vuelta al mundo de la política, del cine, de la música sobre todo culta. Aunque no sea exactamente autobiográfico, sí que es verdad que parece reflejar parte de tus experiencias e intereses personales. ¿Estás de acuerdo?

Llegados a cierto punto, uno se halla saqueando sin pudor alguno el propio patrimonio interior y el de nuestros conocidos, lo cual nos ha permitido comprender mejor la vida, los misterios que regulan su flujo. Es inevitable. La película nos cuenta paralelamente los movimientos de dos gemelos, trata de un gesto simple y vertiginoso, que consiste en meterse en la piel de otro, de hacer su papel. Con el agravante implícito de que se trata de un filósofo loco que reemplaza a un hombre que se mueve en las esferas de poder. Una historia contada mediante un recurso, el del doble, una figura central para nuestro canon occidental. Allí donde la novela puede permitirse jugar con un cierto enciclopedismo, el cine debe mantenerse por el contrario puro y esencial. Todas las variantes y exposiciones de reflejos culturales en los que se entretiene la novela permanecen escondidas en la película. Una película tiene que proyectar la propia inteligencia solo mediante las acciones de los protagonistas.

En el trabajo de dirección de los actores, además, claro, de la idiosincrasia de cada uno de ellos, ¿has querido marcarles una pauta, una base, algún punto de referencia para todos ellos? ¿Digamos una consigna común?

Casi siempre suelo elegir a los actores durante la escritura del guión. Es más, no habría hecho nunca esta película si Toni Servillo no se hubiera sumado al proyecto. Me hubiera conformado con el éxito de la novela. Hacía falta una cara como la suya, la inteligencia rigurosa de sus rasgos, hipotética pero realista, para encarnar ese doble ser que, secuencia tras secuencia, se enfrenta en la película en el duelo entre ambos gemelos. Toni siempre ha sido un cómplice, además de confirmar la validez de una definición que mi amigo Francesco Rosi utiliza a propósito de Gian Maria Volontè, cuando se refiere a él como un “actor creador”. Sé bien a qué se refiere, ya que he sido amigo de Gian Maria y lo he visto en la ópera, sé a qué nivel de dedicación y de rigor hace referencia con esa etiqueta. Estaba convencido desde el principio de que en el caso de Toni, se trataba de dos personajes que debían afrontarse desde la ligereza y el misterio. También el otro protagonista, Valerio Mastandrea, es un actor a quien admiro mucho y con quien hace tiempo que deseaba trabajar. Es un actor en plena madurez artística, con una gran agudeza, que también ha sido cómplice. Un intérprete lleno de estilo, un maestro de la ligereza. He ahí la consigna: ligereza. Pero todos los actores de la película pertenecen a la misma familia noble del cine italiano. Michela Cescon, Valeria Bruni Tedeschi, Anna Bonaiuto, fantásticas, intensísimas, maravillosas, compañeras de viaje. Por no citar a Massimo De Francovich y a Gianrico Tedeschi, dos actores a quienes basta aparecer unos instantes para dejar flotando en la pantalla una reverberación mágica.


Una segunda lectura del film, no tan secundaria en realidad, indaga en el tema de la identidad y de su doble, de la delgada línea que separa la verdad y la mentira. ¿De quién fue la decisión de tratar un tema fundamental mediante la figura de los gemelos?

Se suele decir que el autor de una novela o de una película no puede controlar todas las perspectivas,  y menos aún la cantidad de lecturas posibles. Creo que es cierto. Este tema del doble, la multiplicidad de comportamientos que esconden los dos personajes encarnados por Toni Servillo y del personaje interpretado por Mastandrea es tal que provoca cierto vértigo. Permíteme utilizar un comentario que se hizo de mi novela y que me parece totalmente acertado también para la película, y esto lo digo a posteriori, después de haber hecho ya ese viaje, en parte inconsciente, que supone el periodo de grabación y posterior montaje del film. Lo escribió Massimo Cacciari, un filósofo y gran intelectual que conoce bien el mundo de la política, que conoce de primera mano todos sus recovecos. Cacciari dijo: “El libro de Roberto Andò, que juega con irónica ligereza al filo de la paradoja, trata en realidad de la contradicción fundamental en el ejercicio del poder. El poder es en esencia un arquetipo teatral; quien lo representa, representa en realidad algo diferente a sí mismo, esconde siempre a un extraño. Y dicho extraño forma parte de su naturaleza, del mismo modo que lo hace un hermano gemelo. Al poder le resulta imposible escapar de esa relación, por mucho que lo intente. De ese modo, al final, con cada desdoblamiento, la diferencia no es esencial y es necesario reconocer, con el mismo desengaño propio de la escritura de Andò,  la identidad del poder como ficción”. Ni yo mismo sabría expresarlo mejor, la relación entre ambos gemelos, puesta en escena mediante el intercambio, tiene que ver con ese gran tema que siempre ha sido objeto de debate: el poder como ficción. La paradoja de la que parte mi película es que, a pesar de estar condenado a la ficción, el poder puede intentar preservar el acceso a la verdad. Más aún, a todas las verdades.

Fuentes:
Entrevista extraída del Pressbook, cortesía de Caramel Films
Imágenes cortesía de Caramel Films
http://www.caramelfilms.es/
http://www.filmaffinity.com/es/film202506.html
http://www.filmaffinity.com/es/film220620.html

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