lunes, 9 de junio de 2014

Entrevista a Martin Provost, director de "Violette"

El próximo viernes 13 de junio se estrena en las carteleras españolas "Violette", la última película dirigida por Martin Provost, responsable del filme "Seraphine", multipremiado en los César de 2008.

"Violette" está protagonizada por Emmanuelle Devos, Sandrine Kiberlain, Catherine Hiegel; y nos cuenta la historia de Violette Leduc, hija bastarda nacida a principios del siglo pasado, que conoce a Simone de Beauvoir en los años de la posguerra en Saint-Germain-des-Près. Entonces comienza una relación intensa entre las dos mujeres que durará mientras vivan, una relación basada en la búsqueda de la libertad a través de la escritura para Violette, y de la convicción de tener entre las manos el destino de una escritora fuera de lo común para Simone.

Su director, Martin Provost, nos habla de "Violette" a través de una entrevista concedida por Laureline Amanieux para Golem.

El director francés Martin Provost.
¿Cómo descubrió a Violette Leduc?

Gracias a René de Ceccaty, al que conocí en 2007. Yo estaba escribiendo el guión de Séraphine, y René me dijo: “Preparas una película sobre Séraphine, pero ¿sabes algo de Violette Leduc?” No había leído nada suyo, solo sabía quién era, nada más. Me dio un texto inédito que Violette había escrito acerca de Séraphine y que la revista “Les Temps Modernes” no quiso publicar en la época. La belleza y la lucidez del texto me dejaron estupefacto. René también me regaló la biografía que había escrito de Violette. Después de leerla, devoré La bastarda, Trésors à prendre y otros libros suyos. Llamé a René y le dije: “Debemos hacer una película acerca de Violette”. Tengo la impresión de que Séraphine y Violette son hermanas. La proximidad de sus historias las hacen inquietantes.

En la película nos enseña a una Violette al desnudo, con su verdad más íntima, alejada de los turbios lugares comunes que suelen acompañar la reputación de la novelista.

Cuanto más aprendía de ella, más me conmovía su fragilidad y dolor, mientras que el personaje público, el que se hizo famoso sobre todo en los años sesenta, extravagante y escandaloso, me interesaba mucho menos. Solo era una fachada. Quería acercarme a la auténtica Violette. La mujer que busca el amor y se sumerge en una gran soledad para escribir. La vida no la trató con ternura. Se decía que era cargante, pero eso no me bastaba. Me parecía insegura, solitaria, en constante lucha contra sí misma, siempre buscando. Creo que la inseguridad y la soledad son los dos motores que la impulsaron. No se suele hablar del riesgo que toma el artista, sea pintor, escritor o realizador. Solo se considera el éxito, si se alcanza. Hace falta ser inconsciente, pero también tener valor y perseverancia para emprender ese camino y seguir adelante. Con el tiempo, uno acaba dándose cuenta de que la soledad es muy fecunda, una aliada absolutamente necesaria, como el silencio. Nos dirigen hacia el ser interior que no deja de crecer y desarrollarse, pero a veces hace falta toda una vida para entenderlo.


¿Cómo se le ocurrió dividir la película en capítulos, como si se tratara de un libro?

La idea llegó poco a poco. Comprendí que la sucesión de encuentros que salpicaba el recorrido de Violette correspondía a algunos de sus libros o a acontecimientos de gran importancia en su evolución. Todo se hizo aún más claro en la sala de montaje. Solo quedaban los seres que le habían importado, y el penúltimo capítulo se centra en el pueblo de Faucon, en Provenza, donde vivió y falleció.

Los personajes, el lugar donde compra su casa, el libro que le da el éxito… La película muestra el recorrido de una auténtica heroína hacia su liberación.

Sí, quería que Violette fuese una heroína y también quería incluir a todos los personajes fundamentales en su vida, personajes de los que deberá desprenderse. Para crecer, es indispensable saber liberarse de todo lo que nos ha ayudado a construirnos. Violette, que dependía de su madre y luego de Simone de Beauvoir, se libera de esta dependencia al escribir La bastarda. Por fin encuentra su sitio al abandonarlas interiormente. Por eso, el capítulo de Berthe, la madre de Violette, llega muy al final de la película, en el momento en que el conflicto ha llegado a su apogeo y puede aclararse.

Muestra a Berthe con todas sus carencias, pero también con la voluntad de ocuparse de su hija.

Berthe es un personaje central en la película. Y es una persona central en la vida de Violette, la quiere y la odia porque la ha traído al mundo. Berthe no era una mala mujer. Tal vez no era una buena madre (Violette no fue declarada en el registro civil hasta los dos años cumplidos), aunque pongo en tela de juicio eso de ser una buena o mala madre. No creo que signifique gran cosa. Berthe hizo lo que pudo y no he querido condenarla para nada, tal como hace Violette. Al contrario, quería mostrar que Violette solo ve una cara de su madre, la cara con la que quiere soldar cuentas. Pasa lo mismo con Maurice Sachs, un ser oscuro que abandona a Violette aunque la anima para que escriba. Juega un papel en la construcción íntima de la escritora en que se convertirá. Nada es blanco y negro. Hay grises, matices. Es mi objetivo, dar todas las oportunidades a cada personaje, su sitio justo. Solo así encontraré el mío.


Al final de la guerra, Violette Leduc conoce a una madre simbólica, a Simone de Beauvoir, que asume el papel de mentora y de mecenas.

Es el vínculo más potente que Violette ha tenido, a pesar de sus tumultuosas y complejas relaciones amorosas. El segundo capítulo de la película describe su encuentro en París. Violette lleva un pedido de carne a casa de un amigo de Maurice y descubre la novela La invitada, de Simone de Beauvoir, y le sorprende el grosor del libro. “Es mujer y ha escrito un libro tan grande…”, dice. Lo lee y se queda prendada. Solo tiene una idea: conocer a Simone de Beauvoir para darle su primer manuscrito, L’Asphyxie. Violette la ve en el Café de Flore, donde Simone escribe cada mañana. La observa, la sigue. Acaba por hablar con ella y darle el manuscrito. Así nace una relación que durará hasta la muerte de Violette.

¿Cómo interpreta su relación con Simone de Beauvoir en la película? Da la impresión de que el comportamiento pasional de Violette exaspera a Beauvoir, a la vez que despierta su admiración. Es la única amiga de Violette; le corrige los manuscritos, la guía, la apoya. Incluso hereda los derechos literarios de Violette a la muerte de esta.

Simone de Beauvoir se siente fascinada por Violette, que rechazaba la idea de ser una intelectual. Siempre decía: “Escribo con los sentidos”. Para ella es una relación ambigua, algo confusa. Violette está enamorada de Simone, pero Simone no lo está de ella; sin embargo, ve en Violette la escritora inspirada que ella no es. Sabrá mantenerla a distancia sin dejar que nunca se vaya. Violette era insoportable. Si se le cerraba la puerta en las narices, entraba por la ventana. Era un auténtico dolor porque sufría mucho, pero también porque hacía sufrir a los demás. Estaba convencida de que era fea, y delante de Simone de Beauvoir llegó a convertirse en una obsesión. Pero Simone siempre consiguió burlar las trampas y seguir apoyándola para que construyera su obra. Creo que la salvó de la autodestrucción.


Filma a una Simone de Beauvoir desconocida, frágil y sola.

Sí, a la menos conocida, a la Simone de Beauvoir solitaria después de que Sartre se fuera por otros derroteros. No floreció hasta mucho más tarde, cuando conoció a Nelson Algren. La Simone frágil de la película también está inspirada en el que me parece su mejor libro, Una muerte muy dulce. Es un libro implacable, tierno y lúcido, en el que se siente toda la emotividad, todo el humanismo del que era capaz. Quería dar vida a esta Simone íntima, a la que conocemos poco, la mujer que de pronto se abre a Violette y llora delante de la que no ha dejado de llorar desde que la conoce.

¿Cómo escogió a las actrices que interpretan los dos papeles principales?

Hablé con Emmanuelle Devos antes de escribir el guión, como hice con Yolanda Moreau para Séraphine. Sabía que debía ser ella, no podía ser otra, y quería estar seguro de que aceptaría el papel. Tendría que transformarse físicamente, aceptar teñirse de rubio, afearse con una nariz falsa. Fue más complicado para Simone de Beauvoir. Interpretar a un personaje que todos conocen no es tarea sencilla. Emmanuelle me animó a hablar con Sandrine Kiberlain. No la veía en el papel, pero en cuanto nos conocimos, me sorprendió su gracia, su inteligencia y su determinación. Estaba segura de conseguirlo.


¿Qué otras personas que se cruzaron con Violette ha incorporado a la película?

Está Jean Genet, interpretado por Jacques Bonnaffé. Genet siente un gran afecto por Violette, una bastarda como él; son como hermanos, personas marginadas, poetas de su época, malhechores. Le dedicó Las criadas. Aparece Jacques Guérin (al que da vida Olivier Gourmet), coleccionista de manuscritos, diseñador de perfumes (los perfumes d’Orsay), homosexual, rico y también bastardo. Violette se enamora de él y le persigue asiduamente en vano. En mi opinión, Jacques es el fantasma del padre al que no conoció. Era un esteta que salvó los manuscritos de Proust. También compró los de Violette y los de Genet.

Un capítulo de la película describe el viaje de Violette por Francia, que cuenta en el libro Trésors à prendre.

Es uno de mis libros favoritos, quizá el que realmente me llevó a hacer la película. Violette era muy dependiente de Simone, que viajaba mucho. Un buen día decidió lanzarse a la aventura y salió con un macuto, atravesó el Macizo Central y acabó en Provenza. En la película llega Faucon y descubre la casa que va a convertirse en su hogar. Pero no ocurrió exactamente así. Llegó a Faucon mucho más tarde, la llevó una amiga.


La forma de escribir de Violette sorprende por su estilo carnal, su idioma sexual, algo revolucionario para una mujer en los años cincuenta. Entonces se decía que escribía como un hombre.

Así es, escribir era algo orgánico para ella. No es habitual. La criticaron mucho porque se atrevió a decir lo que nadie se atrevía a articular en la época. Y con sus propias palabras. Fue la primera en contar que había abortado, por lo que Ravages fue censurado. Lo peor es que jamás ha vuelto a publicarse en su integridad, me parece aberrante. Después de este episodio de censura, Violette ingresó en un psiquiátrico, estuvo al borde de la locura.

Las escenas sexuales entre Violette y los hombres se plasman en la pantalla con persecuciones, gestos crispados, una violencia contenida.

No estaba en el guión, surgió durante el rodaje, trabajando en el plató. En una escena en la que Violette vende alimentos de estraperlo, un hombre quiere protegerla y la acerca a él sin mala intención, pero le dije a Emmanuelle: “Recházale, no soportas que un hombre te toque”. Volvió a pasar lo mismo con René, la atrae hacia él tal como indica el guión, pero aquí también dije: “Resiste, defiéndete, no lo soportas”. La imagen habla por sí sola y se basta a sí misma. Vemos su amor y su rechazo.


Las novelas de Violette son una transposición novelesca de diversos encuentros. ¿Cómo se enseña en la gran pantalla una vida que ya se ha contado en varias versiones diferentes?

He modificado varias cosas. La película es una evocación, una interpretación, no es una biografía filmada. Siempre hay mucho de mí en mi cine y he escogido caminos parecidos a los míos. También escribo y fui pintor. El cine es el arte que congrega a todas las artes, por eso me siento cómodo. Violette era poeta. Fue la primera mujer en hacer autoficción, ¡y con qué lenguaje! Abrió el camino a muchas mujeres, no debemos olvidarlo. La película le rinde homenaje.

¿Qué elementos biográficos ha modificado?

Entre otros, este: Una noche, Violette se atreve a besar la mano de Simone en un taxi. Lo he cambiado. Es importante tomarse libertades con la historia porque ante todo se trata de una película, no de una biografía.

¿Cómo reacciona Simone de Beauvoir? En la vida real, me parece que no le gustó nada.

En la película tampoco. Pero intento mostrar la forma en que, a partir de ese rechazo, Violette intentará otro camino para entrar en el corazón de Simone. Lo hace escribiendo y dedicándole L’Affamée. Es una auténtica declaración de amor.


La pasión amorosa alimentó sus libros, pero también decía: “Soy un desierto que monologa”.

La pasión, desde luego, pero sobre todo la frustración. Había diferentes formas de abordar a Violette Leduc. Se podía escoger la vertiente de la mujer escandalosa, porque era escandalosa por su franqueza, tenía un humor tremendo, una personalidad muy fuerte, disfrutaba con las aventuras dudosas; pero si se lee toda su obra, es fácil entender que todo eso no era más que un pretexto. Buscaba otra cosa. Transformaba sus amores malogrados o imposibles en libros. Siempre estaba sola.

Se nota un aspecto casi militante en su voluntad de realizar retratos de mujeres marginales, a las que se ha juzgado erróneamente.

Sí, me preocupa el olvido, la injusticia social. Violette Leduc no es una autora menor. Es una gran artista. Esta mujer de orígenes modestos se bate y se debate en un mundo que la juzga porque no nació en su seno. Sigue siendo un problema actual. Transforma su relación con ese mundo a través de la escritura. Encuentra su sitio. Es una pionera, como lo fue Séraphine.


La película opta claramente por despojar a Violette de todo lo inútil, haciendo que su obra sea aún más universal.

Sí, fue así desde el principio. Pero los condicionantes presupuestarios también resultaron muy positivos porque me obligaron a apartar el lado más histórico, caro y pesado, que podía haber sido peligroso para la película, y todo lo que sobraba en la puesta en escena. Había que conseguir el objetivo con menos, ir a lo esencial.

Su película, siguiendo las novelas de Violette, ¿es como “la recuperación del destino” según la expresión de Simone de Beauvoir?

¿Cómo cambiar las cartas que nos ha repartido la vida, cómo hacer algo con la desgracia? La película empieza en 1942, en un paisaje invernal áspero y brutal, de tonos sombríos, al amanecer. Acaba con una puesta de sol en el sur, con Violette en toda su gloria después de la publicación en 1964 de La bastarda, con un prefacio de Simone de Beauvoir. Es el camino hacia la luz.

Fuentes:
Entrevista extraída del pressbook de Golem, realizada por ©Laureline Amanieux
http://www.image.net/  ©Getty Images
http://www.elseptimoarte.net/peliculas/violette-9579.html
http://www.filmaffinity.com/es/film189204.html

2 comentarios:

  1. Muy interesante entrevista. Siempre es genial conocer la visión del director, antes de ver la peli, que por lo que parece es de gran calidad en todo sentido. Gracias por compartirlo. Un abrazo :)

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    1. Me alegro de que te guste!!! A mi también me gusta conocer la visión del director antes de ver una película!!! Esta en concreto, tiene una premisa muy interesante, además de Sandrine Kimberlain que es una actriz que me gusta bastante!!!

      Un abrazo compañera!!! ;)

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