viernes, 1 de mayo de 2015

Difret. Una película de Zeresenay Mehari

Este viernes 1 de mayo se estrena en las carteleras españolas la película, "Difret", dirigida por Zeresenay Mehari y producida por Angelina Jolie, nos cuenta la historia de una chica adolescente de 14 años llamada Hirut, que un día mientras regresaba de la escuela andando, un grupo de hombres a caballo la rodean en un intento de secuestrarla. En su pueblo, raptar a una joven para casarse con ella es una práctica habitual, y también una antigua tradición en toda Etiopía. 

Basada en una historia real, la película va más allá del barniz de las costumbres sociales para explorar un patriarcado agresivo bien asentado que perpetúa unas condiciones de gran dureza para la mujer, al tiempo que muestra la complejidad de un país que se transforma y se abre a la igualdad de derechos promovida por una joven y valiente generación.


El guionista y director Zeresenay Berhane Mehari nos comenta al respecto: "Nací y viví en Etiopía, concretamente en Adís Abeba, a solo tres horas del pueblecito donde transcurre su filme 'Difret', hasta que me trasladé a Estados Unidos hace 15 años para estudiar en la Universidad del Sur de California. Después de graduarme en 2002, empecé a trabajar en la industria cinematográfica, tanto en Etiopía como en Estados Unidos. Durante estos pasados diez años he visto nacer conflictos provocados por el cambio y el crecimiento que están transformando Etiopía. He querido realizar una película que plasmara esta evolución y que tradujera la lucha que representa pasar de una antigua Etiopía a una moderna. 'Difret' es esa película, y nació planteando una pregunta aparentemente sencilla: 

¿Qué ocurre cuando se interrumpen las tradiciones que pasan de generación en generación?


Podría afirmar que respondo a la pregunta contando la historia de Meaza Ashenafi, la fundadora de una organización de asistencia legal que se opuso a una de las tradiciones más ancestrales de Etiopía, el 'telefa' o la costumbre de raptar a niñas o adolescentes para casarse con ellas. Esta tradición se da por sentada en extensas zonas del país y afecta al 40% de las adolescentes; no obstante, enfrentarse a las viejas tradiciones no es fácil, ya que cuesta abandonar lo antiguo por lo nuevo, siempre es incómodo e inquietante. A través de esta película, espero mostrar que no es tan difícil y que hay formas en las que los seres humanos somos capaces de trascender los acontecimientos, incluso cuando todo un sistema de creencias se desmorona. El día a día y la reacción a las tradiciones construirán la Etiopía del mañana."

"Crecí alejado de lo que ocurría a diario en las zonas rurales", —explica Zeresenay—. "En casa había electricidad, agua corriente. Veíamos la televisión, íbamos al cine. La vida tradicional descrita en los dramas etíopes quedaba lejos". Pero todo cambió cuando el realizador conoció a la abogada Meaza Ashenafi, fundadora de una innovadora organización de asistencia legal para las mujeres, que defendió a la adolescente Hirut Assefa, acusada de asesinar al hombre que la raptó y violó.

Zeresenay se trasladó a Estados Unidos en 1996 para estudiar Cine en la Universidad del Sur de California. Después de graduarse, dividió su tiempo entre Estados Unidos y Etiopía. En 2005, mientras rodaba un documental en su país natal, el hermano de la letrada les presentó. "Me habló de dos casos de los que se ocupaba y supe inmediatamente que quería contar su historia", —recuerda—. "Me conmovió saber que no lejos de donde yo vivía, el 'telefa' era una costumbre habitual que no se consideraba como una violación, ni siquiera como algo violento. El caso de Hirut dio pie al primer diálogo abierto acerca de la tradición del 'telefa' y su impacto en las mujeres etíopes", —añade Zeresenay—. "El hecho de que ocurriera en junio de 1996, un mes después de que yo dejara el país para ir a estudiar a Estados Unidos, fue muy relevante para mí. No solo quería contar la historia al mundo, sino también al público etíope".


El director tardó tres años en documentarse y en escribir el guion de Difret. Entrevistó a numerosas personas que participaron en el juicio y fue al pueblo donde todo tuvo lugar. Poco tiempo después de que terminara el guion, un productor dijo estar dispuesto a financiar el proyecto, pero con la crisis económica de 2008, los fondos desaparecieron y Zeresenay tuvo que volver a empezar desde cero. En los años siguientes rechazó varias ofertas de productores occidentales interesados en rodar la película en inglés. "Estaba convencido de que debía hacer la película en Etiopía. Quería que las personas que se encuentran en estas situaciones pudieran verla, y también quería marcar un nuevo estándar para el cine etíope".

"Después de pasar un año buscando fondos a través de los canales habituales, el joven realizador decidió llamar a otras puertas, incluso a las de ONG y fundaciones. En 2009 conoció a la médica y antropóloga etíope-americana Mehret Mandefro, presidenta de Truth Aid, una productora de programas etnográficos: "Le di el guion, le encantó y me propuso producir la película. A través de Truth Aid se lanzaron dos campañas 'Kickstarter' que sirvieron para recaudar decenas de miles de dólares donados por más de 200 personas. A finales de 2010, la artista etíope-americana Julie Mehretu y la artista australiana Jessica Ranking donaron fondos adicionales. Nos dieron lo suficiente como para empezar a rodar", —recuerda el realizador con una sonrisa—. "El Programa Nuevo Cineasta de Panavision aportó las cámaras y el negativo, y el rodaje empezó."

Zeresenay siempre supo que quería rodar en Etiopía, pero también era consciente de las dificultades que surgirían. "La industria cinematográfica etíope está en sus comienzos, por lo que fue difícil encontrar un equipo y materiales. Además, se me ocurrió la locura de rodar en 35 mm sencillamente porque el paisaje es parte de la historia y quería captarlo para integrarlo plenamente en la película".

Cabe señalar que en Etiopía solo se han rodado tres películas en 35mm, por lo que hubo que importar las cámaras así como tres toneladas de negativo. Tampoco hay laboratorios en el país; el material rodado se enviaba cada noche a India por mensajero y el copión revelado regresaba a Etiopía. El realizador reunió un núcleo de diez profesionales experimentados procedentes de todo el mundo, a los que se añadieron cincuenta técnicos etíopes, el director artístico y la directora de reparto entre ellos. Difret es la única película etíope en la que muchos de los productores y jefes de departamento son mujeres. Jamás se había rodado una película en el país con la iluminación y la fotografía a cargo de una mujer."


Han transcurrido casi veinte años desde que Hirut Assefa fue raptada, pero sigue sin haber regresado al pueblo donde nació. A pesar de sus esfuerzos, Zeresenay no pudo entrevistarse con ella. "Su familia no estaba dispuesta a decirnos dónde estaba. Me enteré de que sabía que la buscaba, pero no se puso en contacto conmigo. La familia del hombre que la raptó juró públicamente que se vengaría. La exiliaron de acuerdo con la ley tradicional. Si regresaba e intentaban matarla, la policía y los habitantes no la protegerían".

"Poco antes del estreno de Difret en el Festival de Sundance 2014, el director y los productores recibieron la gran noticia de que Angelina Jolie se había unido a los productores ejecutivos. "Tuvimos muchísima suerte", —dice el cineasta—. "Julie Mehretu, la productora ejecutiva, tiene amigos en común con Angelina, y ellos le hablaron de la película. La vio aún sin terminar del todo, le encantó y me llamó para decirme que quería ayudarnos como fuera. Se convirtió en productora ejecutiva durante la posproducción".

Aunque la película explora el tema de los matrimonios con niñas muy jóvenes y la violencia contra las mujeres en Etiopía, Zeresenay dice que estos temas van mucho más allá de su país natal. Una de cada nueve niñas es obligada a casarse antes de cumplir los quince años, de acuerdo con los datos del International Center for Research on Women (Centro Nacional de Investigación de la Mujer). El grupo de defensa con sede en Washington DC también dice que las esposas adolescentes tienen muchas mas probabilidades de ser víctimas de abusos domésticos, de contraer enfermedades sexuales y de morir en el parto que las mujeres de más de veinte años.

Según Zeresenay, el título de la película tiene un doble sentido en amárico, el idioma más hablado en Etiopía. "En su primera acepción, ‘difret’ significa valor, atrevimiento, pero también puede referirse a violación. Enfrentarse a las normas culturales nunca ha sido fácil. A menudo lo hacen personas que se atreven a romper con la tradición y algunas con la valentía suficiente como para apoyarlas o seguir sus pasos". —concluye—.

Fuentes:
Pressbook e imágenes cortesía de ©Golem Distribución S.L.
http://www.image.net/  ©Getty Images
http://www.filmaffinity.com/es/film219822.html
http://www.elseptimoarte.net/peliculas/difret-10493.html

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