lunes, 25 de mayo de 2015

Entrevista a Roy Andersson, director de "Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia"

El próximo viernes 29 de mayo se estrena en nuestras carteleras la película sueca "Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia", dirigida Roy Andersson, y que su premisa se centra en Sam y Jonathan, dos hombres de mediana edad comerciales de artículos de fiesta, que nos llevan por un recorrido caleidoscópico a través del destino del ser humano. Un filme que comparte algunos lazos en común con los archiconocidos personajes de Miguel Cervantes de Saavedra, Don Quijote y Sancho Panza.

El director sueco, Roy Anderson, nos habla de su última película a través de una entrevista concedida por Golem:

¿Qué tienen en común las películas de 'La trilogía viva' y en qué difieren?

Estoy convencido de que cualquier película debería poder verse en todo momento por ella misma. Y dentro de una película, cada escena también debería poder verse por separado. En "Una paloma se posó..." hay 39 escenas diferentes, y mi objetivo es que cada una de ellas aporte una experiencia artística al público. La trilogía viva intenta que cada espectador examine su propia existencia preguntándose: “¿Qué hacemos, adónde vamos?” Quiere dar pie a la contemplación de la existencia con una generosa dosis de tragicomedia, de "Lebenlust" (ganas de vivir) y de respeto fundamental por el ser humano.

La trilogía viva muestra a la raza humana dirigiéndose hacia el apocalipsis, pero el desenlace está en nuestras manos. La primera entrega, Canciones del segundo piso, está plagada de milenarismo, desde la escena en que el vendedor tira crucifijos, simbolizando el abandono de la compasión y de la simpatía, hasta la escena con las casas en movimiento, que evoca el pánico de las crisis económicas cíclicas, esos pequeños apocalipsis. Los temas de la culpabilidad colectiva y de la vulnerabilidad del ser humano estaban en el centro de esa película. La segunda, Du levande (Vosotros los vivos), representaba un atrevido recorrido hacia los sueños, una transición que me abrió un sinfín de posibilidades. Antes, mis personajes hablaban de sus sueños. Ahora, en "Una paloma se posó..." hay escenas oníricas que carecen de explicación. Esta última entrega es la que más humor contiene y el tono general es definitivamente "Lebenlust" a pesar de que los personajes sean tristes y luchen mucho.

El director sueco Roy Andersson,
en el Stockholm International Film Festival.  Foto: royandersson.com

¿Qué le ha supuesto pasar de 35 mm a digital?

A una cierta edad, a menudo cuesta cambiar de método de trabajo, pero en este caso, no ha sido así. Al contrario, me parece un cambio de lo más positivo haber rodado digitalmente esta película. Me alegro mucho de haber descubierto algo nuevo con este método gracias a la ayuda de mis fantásticos colaboradores. Para mí significa que es más fácil hacer planos amplios. Antes me preocupaba mucho cómo conseguir enfocar el segundo plano. Soy un amante de la profundidad de campo, y las cámaras digitales me permiten una imagen nítida por muy profunda que sea. Me parece asombroso.
La estética un poco abstracta de "Una paloma se posó..." es una reminiscencia de mis trabajos anteriores, pero las imágenes son algo más brillantes y nítidas al rodar con una cámara digital. Me he esforzado para que las escenas cobren dinamismo, para que la película sea menos parecida a una serie de cuadros, que tenga un ritmo distinto. Generalmente hablando, mi equipo y yo es lo mejor que podemos dar, hemos ido hasta el final.


La pintura ha inspirado su cine, desde pintores renacentistas, pasando por el movimiento Neue Sachlichkeit, también conocido como “Nueva Objetividad), hasta Edward Hopper. ¿Qué pintor le ha influenciado más en "Una paloma se posó..."?

Diría que Otto Dix y Georg Scholz, los dos artistas alemanes cuya innovación se inspiró en sus experiencias en la I Guerra Mundial. Me siento muy próximo a su visión de un mundo asolado por la guerra, aunque no yo no haya participado personalmente en ninguna guerra. Después de la adolescencia, el realismo era lo único que me importaba. Todo lo demás me parecía raro, incluso burgués. Con el tiempo empecé a sentirme cada vez más fascinado por el arte abstracto, empezando con el simbolismo, el expresionismo, la Nueva Objetividad. Me parece mucho más interesante que la representación meramente naturalista. Actualmente, la representación naturalista casi me parece aburrida, mientras que la interpretación personal que aporta la expresión abstracta es extraordinaria. Van Gogh es un absoluto maestro. Era capaz de pintar tres cuervos volando por encima de un campo y hacernos sentir que jamás hemos visto nada parecido. Es una especie de suprarrealismo, algo que me he esforzado en aportar a "Una paloma se posó...", donde la abstracción se condensa, se purifica, se simplifica. Las escenas deben aparecer como recuerdos y ensoñaciones. Ya sé que no es fácil. Ya se sabe: “C’est difficile d’être facile”, es difícil ser fácil, pero lo he intentado.

Brueghel el Viejo es otra inspiración. Entre sus obras maestras hay un cuadro exquisito titulado “Cazadores en la nieve”. Desde una colina nevada divisamos a los habitantes de una pequeña aldea flamenca patinando en el lago helado del valle. En primer término vemos a tres cazadores y sus perros regresar al pueblo. Cuatro pájaros posados en la rama desnuda de un árbol observan la escena con cierta curiosidad. Brueghel pintó numerosas escenas detalladas, vistas a menudo desde la perspectiva de un pájaro, para contarnos la historia de una sociedad y de la existencia humana. Su obra también contiene fantásticas alegorías de los vicios y locuras humanas, en las que usa una impecable sátira para expresar las trágicas contradicciones del ser humano. En “Cazadores en la nieve”, los cuatro pájaros parecen preguntarse qué hacen los humanos allí abajo, por qué se mueven tanto.

No quiero dejar de mencionar a un pintor naturalista llamado Ilja Repin. Pintó un notable cuadro de cosacos que le llevó once años, nada menos. Es un cuadro enorme basado en bosquejos y dibujos. Al cabo de once años consideró que estaba acabado y hoy es Patrimonio de la Humanidad. Ya sé que suena pretencioso pensar que la obra de uno puede llegar a ser Patrimonio de la Humanidad, pero como artista hace falta comprometerse hasta el extremo. Por desgracia, hoy en día es muy difícil hacerlo debido a los aspectos financieros del cine y a la actitud que se tiene hacia los realizadores. Los hombres de negocios se han apoderado del medio de expresión cinematográfica.


¿Le entristece que los cineastas contemporáneos no se inspiren más en la pintura?

Me parece deprimente. Tal vez por eso el cine actual está tan diluido y es tan poco interesante. La imagen es escasa. Pero se debe en gran parte al dinero; no hay tiempo ni dinero para ser más riguroso. Me parece muy triste que haya tan pocos realizadores dispuestos a alimentar los elementos visuales cinematográficos, aunque sea caro y se necesite tiempo. Por ejemplo, tardé cuatro años a tiempo completo en hacer esta película. 

¿Consiguió hacerla sin recurrir a los ingresos producidos por el rodaje de anuncios?

Sí, al contrario de las dos películas anteriores de La trilogía viva, conseguimos financiar "Una paloma se posó..." sin rodar un solo anuncio durante el proceso. El dinero extra nos habría venido muy bien en varias ocasiones, pero me sentí colmado al poder concentrarme plenamente en la película.

Cuando se estrenó Canciones del segundo piso en el año 2000, describió su estilo como una especie de “trivialismo”, ¿el comentario aún es válido?

Sí, creo que "Una paloma se posó..." es un ejemplo aún más claro de lo que considero “trivialismo”. Me refiero a que he conseguido que la trivialidad sea una buena experiencia. Pero toda la historia del arte está llena de trivialidad porque es parte de nuestra vida, es la base de la vida. Me gusta mucho y en un futuro quisiera ser todavía más trivial que en esta película. Incluso más que en las dos escenas del rey Carlos XII, cuando camino de Poltava tiene sed y a la vuelta, derrotado, debe ir al servicio.


¿Enfatiza la supuesta homosexualidad de Carlos XII para hacer que este conquistador ultramasculino e idiosincrásico parezca más humano?

En Suecia, en general, se le considera un auténtico macho y, por lo tanto, es un símbolo para muchas organizaciones de derechas. Pero siento un gran respeto por la belleza de la escena, especialmente cuando el Rey se encariña con el joven camarero. Estoy muy contento con la escena. Da igual la posición que uno ocupe en la sociedad, en el fondo todos somos sensibles y vulnerables. Y eso es lo que intento ilustrar con mis películas.

¿Cree que cada vez hay menos compasión y empatía en el mundo?

La compasión está en todos nosotros, pero me duele, como a muchos de nosotros, que se vea representada en nombre del comercialismo. Me viene a la mente Emmanuel Lévinas hablando del ser humano y del respeto por la existencia del otro, de la presencia del otro; era gratificante. En una escena de la película, un hombre mayor sentado en un bar se duele de no haber sido más generoso, de haber sido un avaro, y dice: “Por eso siempre he sido tan infeliz”.

Pero las palabras no bastan para que haya una comprensión y una comunicación total, lo que explica la falta de palabras en toda la trilogía. Creo que el retrato del ser humano, tanto en la pintura como en el cine, nos dice mucho más de lo que hacen las palabras. No puedo explicarlo de otra forma. También por eso me gusta tanto Samuel Beckett, “Esperando a Godot”, por ejemplo. Es trivial, lacónica, con personajes que no se entienden, pero es real. En las escenas de mis películas intento mostrar los malentendidos y equivocaciones de las personas que se encuentran, pero que no acaban de conectar realmente porque la falta de tiempo las empuja a seguir hacia lo que creen más importante.


Parece sentir un cariño especial por los vendedores. En sus películas anteriores venden crucifijos, neveras, y en esta, artículos para hacer reír. ¿Tienen que ver con un autorretrato?

Tal vez; porque remonta a mi infancia, a que había miembros de la familia que vendían cosas. Pero ser vendedor es algo universal; casi diría que la vida es eso. Incluso puede decirse que la venta, la comercialización es el fundamento actual de las sociedades civilizadas. Yo mismo soy un vendedor, todos lo somos. Se supone que nos autopromocionemos, que vendamos nuestras ideas.

¿Por qué se le ocurrió hacer vivir a los dos vendedores en un albergue?

Eso proviene directamente de mi pasado en Gotemburgo. El edificio donde crecí es ahora un albergue, y mi hermano, que tristemente está enganchado a las drogas, acabó viviendo allí. Conozco bien el funcionamiento de esos sitios.

Pero si hablamos de los dos compañeros, surgen directamente de una tradición literaria: Don Quijote y Sancho Panza; De ratones y hombres, de John Steinbeck; y de una tradición cinematográfica: Laurel y Hardy, que también sirvieron de inspiración a Samuel Beckett. La pareja de la película es una versión del Gordo y el Flaco. Uno es bastante pomposo, el otro está bastante perdido, está triste y llora con facilidad. Estas parejas masculinas me inspiran mucho.


En su relación desigual, los dos vendedores también representan un mundo más amplio, el opresor frente al oprimido.

Sí, cada vez es más evidente. Hoy mismo he hablado con mi director de fotografía, István Borbás, acerca de este creciente problema, acerca de una sociedad cada vez menos solidaria. Actualmente, uno debe pensar en sí mismo y aumentar sus beneficios aprovechándose de los demás. Prefiero no pensar en las nefastas consecuencias de semejante comportamiento. Es un desastre, una alineación que solo conseguirá que los jóvenes pierdan totalmente la fe.

Odio la humillación, ver cómo se humilla a otros o que me humillen a mí. En cierto modo, mi cine trata de la humillación. Procedo de la clase obrera y he visto a familiares humillarse ante sus superiores o sentir un respeto exagerado hacia la autoridad, lo que les impide hablar y defenderse, y acaban sintiéndose culpables. Lo he visto toda mi vida y he decidido luchar contra esto.

¿Considera que su lucha ha tenido éxito?

Sí, en el sentido de que no soy como mis abuelos, no me asustan las clases dirigentes. Pero la humillación me perseguirá toda mi vida, como el odio que siento por la autoridad. Esa es la razón principal de mis caricaturas recurrentes de los monarcas. Es mi forma de meterme con la historia de las clases dirigentes.

En "Una paloma se posó..." también hay un crimen terrible situado en un contexto histórico ficticio. Casi es una provocación en cuanto a la mezcla de crueldad y de belleza. Me refiero a la escena de exterminio hacia el final de la película. Los colonizadores británicos obligan a unos esclavos a entrar en un enorme cilindro de cobre y una música maravillosa emana de los aullidos de agonía de los condenados.

Como artista me parece importante, incluso necesario, sacudir las ideas preconcebidas, remover, aumentar el sentimiento de culpa del mundo. Todavía debemos estar avergonzados. Hacía 50 años que pensaba en esa escena. Contiene una amplia gama de referencias históricas. Me alegro mucho de haber conseguido rodarla sin servilismo ni sentimentalismo. "Una paloma se posó..." contiene varias escenas de este tipo. He intentado crear una tensión entre lo banal y lo esencial, lo cómico y lo trágico, pero incluso las escenas más trágicas contienen energía y humor. La película me parece cómica de principio a fin, emotiva e inspiradora. Pero, de vez en cuando, el público catará el terror. La gama entre el humor y el horror es muy amplia.


La trilogía viva ha llegado a su fin, ¿es esta la última película de Roy Andersson?

No, para nada, ya estoy trabajando en otra película. Será aún más loca, atractiva y tendrá más encanto. "Una paloma se posó..." tiene todo eso, pero la siguiente lo tendrá aún más. Eso sí, nunca abandonaré lo probable y lo posible. Mi cine debe estar unido a una cierta funcionalidad, una especie de realismo estilizado.

¿Seguirá rodando con el mismo estilo, planos amplios y una cámara estática?

Sí, este estilo me permite colocar a los personajes dentro del ambiente que los rodea en vez de aislarlos. No puedo ver películas que cambian de plano constantemente para que la historia vaya más deprisa. Estoy comprometido con esos valores visuales que me permiten crear un espacio para una composición más abierta, más democrática. A veces cito a un sociólogo francés, Loïc Wacquant, un alumno de Bourdieu. Cuando regresó a Francia después de pasar una temporada en Estados Unidos como profesor invitado, describió lo que le pareció un fenómeno típicamente americano: “La hostilidad contra el pensamiento claro”. Considero que mis composiciones favorecen la claridad de pensamiento. Todo está allí, totalmente iluminado. Con la ayuda de mis colaboradores, intento alejar esa “hostilidad contra el pensamiento claro”.

Fuentes:
Entrevista extraída del Pressbook.
Pressbook e imágenes cortesía de ©Golem Distribución S.L.
http://www.image.net/  By ©Getty Images
http://www.royandersson.com/
http://www.filmaffinity.com/es/film794578.html
http://www.elseptimoarte.net/peliculas/en-duva-satt-pa-en-gren-och-funderade-pa-tillvaron-10127.html

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