jueves, 13 de agosto de 2015

Entrevista a Christian Schwochow, director de la película "Al otro lado del muro".

El pasado viernes 7 de agosto se estrenó en las carteleras españolas la película, "Al otro lado del muro", dirigida por Christian Schwochow, y que nos cuenta una historia ambientada en la República Democrática de Alemania de los setenta, en la cual Nelly, tres años después de la muerte de su marido Wassilij en un accidente de coche, decide huir con su hijo Alexej para comenzar una vida nueva, dejando el pasado y la tristeza atrás. El equipaje de ambos para afrontar su nueva vida en la Alemania Occidental son dos maletas, una mochila, un peluche y una vida llena de dolor y sufrimiento que quieren dejar atrás. Nelly pretende casarse con un alemán de la zona Oeste (que es quién les ayuda a cruzar la frontera hacia la República Federal de Alemania) y poder así empezar una nueva vida al otro lado del muro; pero nada más lejos de la realidad. Una vez cruzada la frontera entre las dos alemanias comienza un tiempo de tránsito, una zona de penumbra entre dos sistemas. En la parte Occidental no conoce a nadie y su único refugio es el Centro de Refugiados de Emergencia, donde sólo encuentra rechazo, desconfianza y el férreo control de los funcionarios de los servicios secretos aliados, que le crean las mismas preocupaciones que antes la Stasi y le confirman que el paraíso lleno de luces que veía desde el otro lado, en realidad no existe.



El director Christian Schwochow nos habla (en una entrevista proporcionada por Emon) acerca de la fascinación por los espacios transitorios, las razones personales para dejar la República Democrática Alemana, la esperanza de libertad, y el desafío de convertir la novela “Lagerfeuer”, de Julia Franck en la película "Al otro lado del muro":

¿Cómo se cruzó con la novela “Lagerfeuer”, de Julia Franck?

Me topé con ella a principios de 2000, cuando se publicaron ciertos libros de escritores jóvenes del este que trataban la época de la República Democrática Alemana y sus consecuencias. Lo que me fascinó de “Lagerfeuer” es que presenta a gente que ha dejado una vida ávidos por tener otra, pero se ven estancados de algún modo en un lugar extraño, transitorio. Sentí que esto conectaba con la historia de mi familia en alguna medida.

¿Qué fue exactamente lo que te fascinó en la historia de “Lagerfeuer”?

Ese lugar tan peculiar. Sabíamos que esos centros de tránsito habían existido, pero no lo que significaba vivir allí durante un periodo de tiempo tan largo. Para mí, aquello era del todo nuevo y excitante. También me di cuenta de que nadie tiene presente esa parte de la historia de Alemania. Difícilmente hay alguien que sepa que los servicios secretos estaban en esos centros e interrogaban a la gente. Y que, antes de ser aceptados, la gente casi que tenía que desnudarse por completo.

¿Cómo imaginaba irse y la llegada a occidente?

Cuando me fui tenía once años. Mi escuela estaba en la Falkplatz, en Prenzlauer Berg, justo donde estaba el muro. Cuando alguien podía poner las manos en un “Bravo” (una revista juvenil), o cuando podíamos intercambiar unos adhesivos por nuestra colección, para mí, eso era occidente; más tarde, pensé: el momento de irse es comparable a una separación. Cuando mantienes una relación que te ahoga, acabarás por pensar que quieres irte. Pero eso no necesariamente significa que ya haya una alternativa a esa relación. No sabes de inmediato en qué tipo de nueva relación quieres involucrarte, o qué tipo de vida quieres vivir.

Los que dejaron la República Democrática Alemana tuvieron que comenzar una vida enteramente distinta de un día al otro.

Ése es el motivo por el que la novela, así como la película, devienen metáfora para mucha gente. La emigración significa para muchos una gran esperanza, pero el nuevo comienzo resulta ser mucho más duro de lo imaginable, particularmente a nivel emocional. Entraron en ese espacio de tránsito. Algunos han permanecido ahí hasta hoy.


¿Tuviste dificultades en acomodarte?

Primeramente, irse fuera tenía más de aventura, el anhelo de una vida distinta. Sin embargo, también recuerdo que nos llevó nuestro tiempo averiguar cómo comportarnos. Por ejemplo, en la escuela se me decía: “Tienes que sentirte aliviado al haberte escapado de ese país de mierda.” En ese momento me di cuenta de que sentía de modo distinto sobre la cuestión. Los primeros meses fueron particularmente difíciles, sentado a solas en el piso, en aquel pequeño salón de estar, consciente de que los padres no tenían trabajo. Papá vagaba por las calles como un poseso. Y me parecía insoportable no tener dinero. No tuve la experiencia de ser pobre.

Contrariamente, Nelly trata de abrirse paso en occidente, también al resistirse a las preguntas, a los interrogatorios.

Sí, en la República Democrática Alemana también intentamos esa estrategia, y repentinamente se esperó de nosotros que nos amoldáramos a occidente y al tiempo ¡que lo agradeciéramos! Pero Nelly insiste en su escepticismo y pregunta: “¿por qué debería facilitar información?” “A mí se me obligaron a facilitar información a la Stasi, y ahora que estoy aquí, ¿he de volver a dar información? No estoy preparado para afrontar eso, y fin de la historia.“ De hecho, ésa es una gran actitud; sin embargo, no era fácil comunicar ese tipo de actitud en occidente. Un día, en el colegio traté de explicar que no todo el mundo en el este tenía una vida horrible, y el profesor me respondió: “Bueno, entonces, ¿por qué no vuelves con tu maldito Honecker?”

La película también trabaja con insinuaciones e incertidumbres. Muchos interrogantes quedan sin respuesta durante largo tiempo. Por ejemplo, si Hans Pischke es realmente un chivato de la Stasi, o si Nelly Senff ignora de hecho la suerte del padre de Alexej, Wassilij Batalow.

Así es, Hans Pischke es una figura sospechosa. Está soltero, lleva ya dos años en el centro. De pronto, resulta equívoco: Nelly incluso le pregunta: “¿Por qué estás aún aquí?” Puede ser que se haga amigo de Alexej para reunir información acerca de Wassilij, pero puede que diga la verdad. Dejamos muchos de esos interrogantes sin respuesta porque creemos que esa carencia de certeza describe cómo eran las relaciones interpersonales de esa época con bastante exactitud.

La motivación de Nelly está en dejar las cosas atrás, en olvidar los recuerdos.

Y eso no tiene nada que ver con el tema este/oeste, o con otras historias de asilo. Se trata de algo que todos hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas, y creo que eso es lo que hace universal esta historia.

Fuentes:
Entrevista extraída del Pressbook
Pressbook e imágenes cortesía de ©Emon

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