viernes, 9 de octubre de 2015

Taxi Teherán. Una película de Jafar Panahi

Este viernes 9 de octubre se estrena en las carteleras españolas "Taxi Teherán", la última película del gran director iraní Jafar Panahi, en el que a modo de falso documental, nos sitúa en un taxi que recorre las vibrantes y coloridas calles de Teherán. Pasajeros muy diversos entran en el taxi y expresan abiertamente su opinión mientras son entrevistados por el conductor que no es otro que el director del film, Jafar Panahi. Su cámara, colocada y escondida en el salpicadero del vehículo, captura el espíritu de la sociedad iraní a través de este viaje.

En 2012, el Parlamento Europeo concedió el Premio Sájarov a Jafar Panahi, partidario declarado de la oposición iraní y crítico del expresidente Ahmadineyad. Cabe decir que el Premio Sájarov no es un mero reconocimiento simbólico, ya que se concede a aquellas personas que han contribuido de forma excepcional a la defensa de los derechos humanos en cualquier lugar del mundo, manteniendo el vínculo con todos los premiados mediante la red del 'Premio Sájarov' y aspirando a proporcionarles apoyo continuado, otorgando visibilidad a su causa incluso cuando ésta deja de ocupar la primera plana de los medios. Entre los galardonados en años anteriores, figuran gente como Nelson Mandela, Aung san Suu Kyi y Malala Yousafzai.


El director iraní Jafar Panahi en un lance del rodaje.

Panahi fue detenido en 2010 cuando rodaba una película clandestina sobre el fallido levantamiento del Movimiento Verde de 2009 en Irán. Aunque fue liberado tres meses después a raíz de las propuestas internacionales y de una huelga de hambre, fue condenado entonces a una pena de cárcel y a la prohibición de rodar películas, de viajar y de hablar con medios de comunicación; sin embargo, Panahi desafiando su prohibición, consideraba que había sido liberado de una pequeña prisión solo para ser arrojado a otra mayor: la de no poder trabajar.

"Soy un realizador. Lo único que sé hacer es cine. Las películas son mi medio de expresión y lo que da sentido a mi vida. A pesar de los obstáculos, de las limitaciones de trabajar en lugares tan privados, nada podrá impedirme hacer largometrajes; de hecho, la necesidad de crearlas se hace aún más apremiante. El cine como expresión artística es mi mayor obsesión, tenemos que proteger la libertad de expresión frente a todo aquel que intente reprimirla, por eso tengo que seguir haciendo películas, sean cuales sean las circunstancias, para defender mi dignidad y sentirme vivo."

Él no se considera a sí mismo una persona política, sino alguien dispuesto a denunciar la injusticia. Se ha pronunciado en contra de la censura en Irán y ha criticado al presidente Ruhaní por incumplir sus promesas electorales a este respecto; además, ha puesto en marcha la campaña "Paso a Paso", destinada a poner fin a la pena de muerte en el país iraní. 


Comentando los entresijos de su última película, titulada "Taxi Teherán", Jafar Panahi afirma: "Después de "Esto no es una película" y de "Cortina cerrada", tuve la necesidad imperiosa de rodar fuera y salir del encierro de mi casa. Abría las ventanas, observaba la ciudad de Teheran y buscaba alguna alternativa. Colocar mi cámara en una calle podía suponer un peligro para mi equipo el fin del rodaje. Así que seguía mirando al cielo. Las nubes formaban figuras muy hermosas. Me dije que me habían prohibido hacer películas pero no fotos y así fue como hice mi primera fotografía. Pasé un año con la cabeza en las nubes retratando el cielo. Después, recorrí todos los laboratorios que disponían de medios técnicos para agrandar una selección de mis imágenes, pero todos encontraron excusas para rechazar el trabajo. Un día que estaba muy desanimado cogí un taxi para volver a casa. Dos pasajeros discutían en voz alta mientras yo me preguntaba que podía hacer. No podía hacer películas, ni fotos, así que lo único que me quedaba era ser taxista para escuchar las historias de los pasajeros; y entonces, saltó la chispa."

"Mis primeras películas habían discurrido en la ciudad, así que ahora tenía que intentar que la ciudad entrara en mi taxi. Día tras día, cogí taxis donde escuchaba las historias de los pasajeros. Algunos me reconocían otros no. Me hablaban de sus problemas y preocupaciones cotidianas. Después, cogí mi teléfono móvil y empecé a grabar; no obstante, eso provocó un cambio de actitud, y uno de los pasajeros me dijo: 'Por favor, apaga ese aparato para que podamos hablar tranquilamente.' Fue entonces cuando me di cuenta de que no podía hacer un documental sin poner en peligro a los pasajeros. Mi película debía adoptar el formato de una docu-ficción. Escribí un guión y después estudié la forma de llevarlo a la pantalla. Al principio pensé en utilizar pequeñas cámaras GoPro, pero al tener el objetivo fijo se reducían las posibilidades de puesta en escena y de montaje. Al final me decidí por la cámara Black Magic que cabe en una mano y que puede pasar desapercibida dentro de una caja de pañuelos de papel. De esta manera podía mantener la dimensión documental de la acción fuera del coche, y al mismo tiempo, esconder el rodaje y garantizar la seguridad del equipo. Al colocar tres cámaras en un espacio tan reducido había poco espacio para el equipo, así que tenía que manejarlo todo yo solo: el plano, el sonido, la interpretación de los actores, y también, mi propia interpretación... ¡Sin olvidar que tenía que conducir el coche! No me serví de ningún dispositivo especial para iluminar las escenas para no llamar la atención y poner en peligro el rodaje. Nos limitamos a construir un gran techo solar para equilibrar la luz."


"El rodaje empezó el 27 de septiembre de 2014 y duró 15 días. Ninguno de los actores es profesional, son conocidos, o conocidos de conocidos. La pequeña Hana, la abogada Nasrin Sotoudeh y el vendedor de DVD Omid se interpretan a si mismos. El estudiante cinéfilo es mi sobrino. La maestra es la mujer de un amigo. El ladrón, el amigo de un amigo. El herido viene de provincias. Cada noche editaba las imágenes en casa, y al final del rodaje, ya poseía un primer montaje. Hacía una copia de seguridad al final de cada día de rodaje y lo escondía en un lugar seguro en sitios diferentes. También hice copias de seguridad de mi primer montaje y las escondí en ciudades diferentes. De esa forma me aseguré que mi película no corría ningún peligro porque nadie podía encontrarla. Eso me tranquilizó y pude terminar el montaje."

"La película costó en total 100 millones de riales iranís (unos 32000 euros). Todo el equipo aceptó un salario reducido y muchos de los actores no quisieron que les pagara. Todos los años, los representantes de la Berlinale vienen a Irán a ver nuevas películas. Anke Leweke, miembro del comité de selección fue quién vio la mía. Dos semanas después, me confirmó que la película estaba seleccionada para la competición oficial. El resto es historia, ya que el filme fue galardonado con el Oso de Oro al mejor largometraje; además de alzarse también con el Premio FIPRESCI, en el Festival de San Sebastián."

Fuentes:
Pressbook e imágenes cortesía de ©Wandavisión

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