viernes, 11 de marzo de 2016

Aloma. Una Novela de Mercè Rodoreda

Hoy tengo el placer de comentar y recomendar una de mis novelas de cabecera; es decir, que me la he leído muchas veces. Se titula "Aloma" y está escrita por Mercè Rodoreda. 

Para empezar a hablar sobre esta escritora, me apetece hacer un símil para que quede bien clara la evidencia, ya que Mercè Rodoreda es a la literatura catalana lo que The Beatles es a la música popular; o sea, una de las escritoras de lengua catalana más importantes e influyentes de su época, tal como lo atestiguan las referencias de otros autores a su obra, y la repercusión internacional, con traducciones a cuarenta idiomas diferentes.

Esta genial escritora nació el 10 de octubre de 1908 en una pequeña casa con jardín de la calle de San Antonio, actualmente calle de Manuel Angelon, en el barrio de San Gervasio de Cassolas, Barcelona. Fue hija única del matrimonio formado por Andreu Rodoreda Sallent y Montserrat Gurguí Guàrdia, ambos eran grandes amantes de la literatura y el teatro y, de hecho, habían asistido a clases de declamación en la Escuela de Arte Dramático, que posteriormente sería el Instituto del Teatro, impartidas por Adrià Gual. Su madre también tenía un gran interés por la música.

De formación autodidacta, a los veintitrés años publicó su primera novela "Sóc una dona honrada?" (¿Soy una mujer honrada?, 1932). Dos años después, aparecieron sus novelas "Del que hom no pot fugir" (De lo que no se puede huir, 1934) y "Un día de la vida d'un home" (Un día en la vida de un hombre, 1934), y en 1936 la novela policiaca "Crim" (Crimen). A partir de la publicación de su primera obra colaboró regularmente en las revistas "Mirador", "La Rambla", "Clarisme" y "La Publicitat", entre otras. En 1937 obtuvo el premio "Crexells" de novela (entonces el más importante dedicado a este género y siendo la última obra en recibirlo), con su libro "Aloma", que constituyó un auténtico éxito literario, y posiblemente sea la obra cumbre de la escritora (junto con "La Plaça del diamant" (La plaza del diamante, 1962).

La escritora Mercè Rodoreda, en una foto de archivo.  ©Google.
Cabe destacar que Rodoreda cultivó todos los géneros literarios, los cuales tienen cabida la poesía como el teatro o el cuento, aunque donde destacó fue especialmente en la novela; aunque, póstumamente, se descubrió una vertiente más, la pintura, que había quedado en segundo término por la importancia que Rodoreda daba a la propia escritura, a lo que ella afirmaba en el prólogo de su novela "Mirall trencat" (Espejo roto, 1974): "Escribo porque me gusta escribir. Si no me pareciera exagerado diría que escribo para gustarme a mí misma. Si de rebote lo que escribo gusta a los demás, mejor. Quizás es más profundo. Quizás escribo para afirmarme. Para sentir que soy ... Y acabo. He hablado de mí y de cosas esenciales en mi vida, con una cierta falta de medida. Y la desmesura siempre me ha dado mucho miedo."

Fachada de la librería Querubín
(Valencia, España). ©Google
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La obra de Rodoreda es el fruto de la evolución personal y literaria de la autora. Se aprecian sobre todo influencias de Marcel Proust, Joan Sales, Armand Obiols, Virginia Woolf, Thomas Mann, Víctor Català, Josep Carner y Delfín Dalmau; aunque también se puede encontrar la huella de diferentes autores a lo largo de toda su obra literaria, es en sus primeras obras, cuando buscaba el estilo propio, donde ésta influencia es más latente. Por ejemplo, en "Del que hom no pot fugir" (De lo que no se puede huir, 1934) la protagonista está inspirada en el personaje "Jacobé", del relato homónimo recogido en el libro "Marines i boscatges" del autor Joaquim Ruyra.

Sobre la novela que nos concierne, titulada "Aloma" confieso que es una de mis preferidas desde siempre. En primer lugar, y siendo un adolescente de instituto, me la leí tres veces en su lengua original, el catalán. Desde hace unos cuantos años, he removido cielo y tierra para encontrar una traducción al castellano, y cabe decir que la odisea de la búsqueda ha sido larga, y algo desesperante; sin embargo, no se si será por el destino o la casualidad (más bien me inclino por lo primero), ya que finalmente pude encontrarla de segunda mano en una pequeña librería con cierto encanto llamada Querubín, situada en Valencia, y huelga decir que literalmente se me pegó a la mano. La edición en cuestión data del 1971, de la editorial Al-Borak y está traducida por J.F. Vidal Jove; que al ser bastante antigua, es necesario indicar que la citada traducción contiene diversas palabras y expresiones en desuso. Una pequeña nimiedad que no me ha impedido volver a disfrutar de esta magnífica obra maestra.

Con Aloma, Rodoreda nos sitúa en la Barcelona de los últimos años de la Segunda República, y realiza un profundo relato sobre la vida de una familia de aquella época, la cual su falta de recursos y la pobreza generalizada de unos tiempos al borde de la guerra, hacen que sea un relato tremendamente triste, amargo y demoledor. Nos muestra una familia decadente dentro de un país decadente, sin aspiraciones ni futuro... sin oportunidades. Nuestra protagonista, una muchacha adolescente, se siente atrapada en la deprimencia* que le rodea, y aunque en su interior una corriente de sueños, sentimientos y aspiraciones inunden todo su ser (del que hay que incidir que se trata de algo normal, debido a la ingenuidad propia de las edades adolescentes), la incomunicación con los personajes que viven con ella (creando un contexto familiar estrecho y agobiante), las desgracias que se van sucediendo y el descubrimiento fallido del amor (convirtiéndose en objeto amoroso de un pariente soltero y ya maduro)... hacen de esta novela un magistral análisis psicológico de una joven adolescente de la época (solitaria e introvertida), y profundiza en el tema de las relaciones entre un hombre maduro y una mujer joven. Asimismo, es muy interesante lo bien descrita que está la ciudad condal de mediados de la década de 1930, en el que la maestría que atesora Rodoreda te permite trasladarte a aquella época, visualizándola completamente. En síntesis, "Aloma" es sin duda, una imprescindible obra maestra de la literatura española... un clásico moderno que te atrapa irremediablemente, dejándote un profundo calado incrustado en tu interior.

(*Deprimencia: Como palabra en si misma no existe; no obstante, en 2002 el grupo musical de rock español Revolver, tituló a una de las canciones de tal modo para su álbum "8:30 A.M.". En un fragmento de la citada canción dice textualmente: "Deprimencia por que no tienes ni idea de adonde vas"... siendo éste el significado idéntico al contexto por el cual he utilizado dicha palabra en la reseña literaria, ya que nuestra protagonista Aloma se siente totalmente perdida debido a esa 'deprimencia' que le rodea.)

FRAGMENTO DEL LIBRO:

Abril había pasado raudo, cargado de flores y con muchas lluvias. Ana abrió los postigos de la habitación de Aloma cuando apenas amanecía. El cielo estaba oscuro y tenía, a un lado, un poquitín de luz rosada. Aloma no había dormido nada. Su cuñado llegaba aquella mañana y ella y Juan tenían que ir a recibirle. Vería el mar. Tanto tiempo sin ir, como si no existiera, siempre metida en casa. Se acordaba del agua del puerto, sucia, con los grandes barcos, el hedor del alquitrán. La ringlera de las grúas. Y Montjuich adentro, despeñado. Cuando Ana se fue, se arropó y cerró los ojos. Le gustaba oír, desde la cama, los ruidos de afuera: el tranvía que pasaba lejos, una bocina. Casi debajo de la ventana, el gallo que había nacido en febrero, lanzó un chillido; todavía no tenía toda la cola. Aloma saltó al suelo y fue a mirar el jardín. A aquella hora lo veía pocas veces. Pero cogió frío y volvió a meterse en la cama de un salto. Las cosas eran bonitas; la vida, no mucho. Y por si el aburrimiento no bastaba, venían las enfermedades. Y la gente que no sabía estarse quieta. Con lo poco que costaba. Pensó en las carreras de la Rambla, hacía un mes. ¿Por qué tenía que recordarlo?

Era una pobre muchacha que no entendía de nada y que no sabía de la misa la media. Todavía no debía estar seca la única combinación que se podía poner y tenía que secarla planchándola. En vez de comprarse el libro, mejor hubiera sido que se comprara un retal para hacerse una nueva. Un día un conocido de su hermano le había dicho:

     —Los pobres se quieren divertir y el dinero no les alcanza. Ser pobre es una desgracia, conforme. Pero, y los que nacen lisiados, ¿qué?

La ciudad de Barcelona, en los años 30.  ©Google.
Puede que llevara razón, pero cuando veía a un albañil subido en un andamio o uno de aquellos hombres que bajaban a las alcantarillas, encontraba que, si todo el daño que hacían era por ver si podían divertirse un poco...

     —¿Todavía está en la cama? —dijo Ana, asomando la cabeza por la puerta.
     —No duermo, no.
     —Llegaréis tarde. Y si el niño se despierta andará muerto de sueño todo el día. No volveré a llamarte. ¿Ya sabes que tienes la combinación empapada?
     —Pon la plancha, que bajo enseguida.


Salió de casa con su hermano. Estaba contenta. Pronto podría mirar el mar y las olas. Y el cielo que no se acababa nunca. Había rocío encima de la hierba que crecía junto a la verja. Todo era distinto, tan de mañana. El aire parecía nuevo las casas tenían los balcones cerrados. Miró de reojo a su hermano, que no decía nada. No sabía muy bien porqué, pero ya hacía tiempo que le encontraba distinto.

Fuentes:
Fragmento extraído del propio libro, ©Aloma.
Editorial Al-Borak (1971) Versión Castellana de J.F. Vidal Jove..
Depósito Legal: M. 22.963 - 1971
Fotografá de portada del libro realizada por ©Oscar Vela 'Mastí'
Resto de imágenes obtenidas de ©Google.
Biografía obtenida de:

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