miércoles, 23 de marzo de 2016

Entrevista a Kheiron, director y guionista de "O los tres o ninguno"

Este miércoles 23 de marzo se estrena en las carteleras españolas la película "O los tres o ninguno", escrita y dirigida por Kheiron, y que nos narra su propia historia, y la de sus jóvenes padres, Hibat y Fereshteh, dos personas con un optimismo irreductible. Juntos realizaron años atrás un viaje desde la pequeña aldea al sur de su Irán natal hasta la ciudad de París, a través de una comedia con aires de cuento universal, que aborda temas como el amor familiar, la entrega y el ideal de vida en común.

Su guionista y director Kheiron nos comenta los entresijos de su opera prima, a través de una entrevista proporcionada por Caramel Fims:


"O los tres o ninguno" es una maravillosa declaración de amor a sus padres. ¿Cuándo y cómo se le ocurrió la idea? 

Sus vidas siempre han sido una fuente de inspiración para mí y me dije que tenía que dar a conocer su historia porque estaba seguro que podría inspirar a otras personas. Con "O los tres o ninguno", he querido dedicarles una película. Siento pasión por la escritura desde siempre. Empecé a los 12 años, primero a través del rap y después de la poesía. Después, gracias al Studio-Théâtre de Stains, pude practicar la improvisación y poco a poco me decanté por el monólogo. Y todas experiencias me han permitido conocer medios muy diferentes para las historias que quiero contar. Por ejemplo en mis espectáculos de monologuista nunca he hablado de mi familia porque es un tema demasiado complejo para tratarlo en ese medio. Pero siempre pensé que si un día hacía cine, la historia familiar sería un material fantástico para una película.


¿Y cómo se hizo realidad esa idea? 

Cuando mi espectáculo empezó a tener su público, algunos productores cinematográficos me contactaron para saber si tenía alguna película en la cabeza. Y contar la historia de mis padres es lo que me pareció más evidente. Estábamos entonces en el verano de 2013.

¿Por qué quiso colaborar con el productor Simon Istolainen? 

Conocí a Les Gamins de la que era productor y donde yo hacía un pequeño papel. Y nos entendimos a las mil maravillas. Así que le hablé de mi idea de forma espontánea y le interesó inmediatamente. Simon tiene una visión de conjunto excepcional y desde el momento que le conté la idea de la película hasta el último día del montaje, ha sido el socio perfecto porque comprende perfectamente el espíritu de la película. Así que me puse a escribir y enseguida le enseñé las primeras páginas. Después, empezamos a buscar juntos a la actriz perfecta para interpretar el papel de mi madre. Y ambos pensamos en Leïla Bekhti.

¿Por qué ella? 

Para este papel quería una actriz que fuera popular pero también con prestigio en el mundo del cine. Además quería a alguien que resultara creíble cuando se pone nerviosa y que sintiera a gusto en los diálogos cómicos. Y Leïla Bekhti reunía todas estas características. Me pareció evidente cuando vi una entrevista suya en la televisión. Pero fue en el rodaje cuando comprendí que Leïla iba a superar todas mis expectativas. Su registro es infinito, tanto en lo trágico como en lo cómico. Tiene una vis cómica digna de los mejores humoristas y su capacidad de análisis junto con su velocidad de comprensión me ahorró muchísimo tiempo. Consiguió sorprenderme más de una vez. Y lo cierto es que no tenía ningún un plan B. Si hubiera rechazado el papel, no tengo ni idea de a quién habría recurrido. Y lo más gracioso es que descubrí casi inmediatamente cuánto se parecen mi madre y Leïla. Ambas tienen muy mala idea. (risas) 


¿Le resultó fácil convencerla? 

Haciendo gala de una vanidad infinita, la llamé para decirle que le proponía el papel más bonito de su carrera pero que antes tenía que ver mi espectáculo. (risas) Aceptó venir y al día siguiente le di a leer 7 primeras páginas que había escrito pero lo hice en persona porque quería observar su reacción. Enseguida me dijo que quería hacer la película y recuerdo que le contesté: "Muy bien, entonces, ¡voy a escribirla!" (risas) Así que seguro que creyó que tendría que esperar dos años para rodarla. Pero yo quería ir deprisa. Mi espectáculo acababa en primavera por lo tenía libre el verano para rodar. Así que pisé el acelerador. Acabé el guión en diciembre, Leïla firmó el contrato y Simon encontró financiación en cuatro días. Los planetas se alinearon a la perfección

¿Cómo pudo escribir con tanta rapidez? 

Tenía una idea muy exacta de lo que quería, una película muy personal a la vez que universal. Así que empecé entrevistando a mis padres para saber los más mínimos detalles y los hechos más destacados de la aventura que les había llevado a huir de Irán a Francia conmigo. Y me serví de esa realidad para escribir mi guión, intentando no agobiarme por la masa de elementos que había acumulado. Así que era indispensable elegir y atenerme a ello. Por ejemplo era evidente que, teniendo en cuenta el destino de mis padres, no podía evitar la temática política. Me sentía obligado a explicar la situación en Irán con el Sha y después con Jomeini. Pero no quise entrar en muchos detalles. Porque nunca tuve la intención de hacer una película política. La política forma parte del relato y mi trabajo de guionista consistió en jugar todo el tiempo con esa realidad. No siempre le fui totalmente fiel pero siempre quise que todo fuera verídico. Después, una vez que terminé el guión, se lo hice leer a unas 40 personas observando de cerca sus reacciones, tomado notas, y después preguntándoles porque no se habían reído en un momento u otro. De esa forma optimicé al máximo ese trabajo de escritura antes de llegar al plató.

¿Siempre pensó en encarnar a su padre en la pantalla? 

Sí. Lo hice porque simbólicamente para cerrar el círculo de la historia, y de forma más prosaica porque sabía que interpretar a uno de los protagonistas de la película me permitiría darme a conocer como actor.


¿Y cómo se las arregló para interpretar a la vez que dirigía a los actores y a un equipo técnico y todo eso en su primera experiencia detrás de las cámaras? 

Esta película fue un auténtico desafío a todos los niveles. En tanto que actor, realizador y lógicamente como actor. Pero supe aprovechar la experiencia acumulada en mi espectáculo. Improviso muchísimo en escena y todas las noches son distintas. Así que en cada representación he acostumbrado a mi cerebro a ser autor, director y actor al mismo tiempo. Y en el plató, mientras actuaba, me dividí en dos de la misma forma: una parte de mí concentrada en mis actores y otra en mi interpretación. Pero nunca hubiera podido hacerlo sin esa experiencia en el escenario. 

¿Qué tal es como director de actores? 

Sé exactamente lo que quiero y doy instrucciones muy precisas. Y eso se debe a que conocía muy bien a los personajes. Pero me gusta que los actores me sorprendan. Si me proponen algo en lo que no había pensado, me adapto inmediatamente. Pero si mi idea me parece mejor, no cedo nunca.

Debuta a lo grande incorporando su vis cómica en las escenas en las que su padre es prisionero en las cárceles iraníes… 

Era uno de los retos que quería asumir en esta película. Porque hay que recordar siempre que la gente, cuando se enfrenta a situaciones trágicas y angustiosas, utiliza la risa como arma de autodefensa. Los primeros que se ríen de la situación son los que han sufrido ese tipo de trauma. Los demás son los que angustian, ellos nunca...


Ver a Alexandre Astier encarnar al Sha de Irán da el tono exacto de lo que describe… 

En efecto, su presencia en este papel permite situarse inmediatamente en el universo de un cuento inspirado en historias verídicas. Y "O los tres o ninguno" avanza siguiendo ese hilo tan fino, con un equilibrio que no rompe de principio a fin. Pero está claro que lo conseguí gracias al apoyo de un equipo fantástico. Personas extremadamente competentes pero también extraordinarias en el plano humano. Escogí a Richard Rousseau que suele trabajo con Jacques Audiard como director de casting por su talento a la hora de encontrar caras no demasiado conocidas. El diseñador de producción Stanislas Reydellet había trabajado en "La vida en rosa" y llegó como miles de ideas. Karen Muller Serreau se había encargado del vestuario de Gamins y me encantó su trabajo. De Anny Danché, mi montadora, también me había gustado muchísimo su trabajo en "Los Infieles et 13,99 Euros". En cuanto a mi director de fotografía Jean-François Hensgens, había iluminado películas con ambientes tan diferentes como "Distrito 13" y "Dikkenek".  
En su opinión, ¿cuál es la mayor diferencia entre su espectáculo de monologuista y esta película? 

KUna parte de mi espectáculo se basa en el humor negro con chistes procaces, otros étnicos y otros absurdos. Pero esta película es para mis padres así que quería que fuera para todos los públicos, sin una pizca de vulgaridad. Quería que se sintieran orgullosos y que fuera como ellos.


¿Y cómo reaccionaron? 

Afortunadamente habían leído el guión. De lo contrario no habrían podido controlar sus emociones durante el primer pase. Porque de repente mis imágenes y la ficción les hicieron revivir recuerdos violentos y dolorosos. De hecho, ya lloraron muchísimo viendo los rushes…  

Esta película desprende una gran humanidad. ¿Es de lo que se siente más orgulloso? 

Sí, esta película habla de la familia "real" y de la que uno se crea y con la que se convive a diario. Tanto en Irán como en Francia, mis padres conocieron a personas excepcionales. Realizar esta película también era una forma de rendirles homenaje.

Fuentes:
Entrevista extraída del pressbook.
Pressbook e imágenes cortesía de Caramel Films

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