miércoles, 27 de julio de 2016

Entrevista a Julie Delpy, directora de "Lolo"

El pasado viernes 22 de julio se estrenó en las carteleras españolas "Lolo", la última película escrita, dirigida y protagonizada por Julie Delpy, conocida por protagonizar la deliciosa trilogía de "Antes de..." de Richard Linklater.

"Lolo" nos trae a Violette, una sofisticada mujer parisina que conoce, durante sus vacaciones en el sur de Francia, a Jean-René, un freak informático, y contra todo pronóstico se enamoran. Pero los problemas empiezan cuando Jean-René se traslada a París y conoce a Lolo, el muy posesivo hijo de 19 años de Violette, que está decidido a librarse de él cueste lo que cueste.

Julie Delpy, gran artífice de "Lolo", nos analiza las claves de su última película, a través de una entrevista proporcionada por Golem:


¿Cómo nació la película?

Un día estaba bromeando con la coguionista Eugénie Grandval sobre qué relación tendría con mi hijo de seis años, "mi pequeño emperador", dentro de quince años. La idea nos divirtió, y también la de construir una pareja poco habitual; el hombre sería ingenuo, provinciano, mientras que ella trabajaría en la moda y la relación entre ambos se tensaría por la presencia del hijo. Una historia sencilla con personajes, situaciones y diálogos divertidos.

Julie Delpy durante su visita a Madrid, para el preestreno de "Lolo", su última película.

Violette, la madre, a la que interpreta usted, es una mujer de 45 años con mucho éxito profesional, pero cuya vida sentimental no ha conseguido despegar.

Era importante que se sintieran sus debilidades y sus vertientes más frágiles. Al principio de la película, el personaje de Karin Viard, su mejor amiga, le dice: "Eres superfuerte en el trabajo, pero una auténtica tonta en tu vida sentimental". Es algo que he visto a menudo a mi alrededor. Saber manejarse profesionalmente y tener un buen piso no significa que todo vaya sobre ruedas emocionalmente. Violette se ha dedicado a trabajar y a ocuparse de su hijo. No tardamos en entender que ese hijo le hace la vida imposible, pero ella no intenta cambiar la situación. Sigue siendo la madre amantísima que le prepara el desayuno y le sirve huevos pasados por agua. Por cierto, una pequeña referencia freudiana: los dos huevos que le sirve en una huevera doble evocan dos senos.

Hasta ahora, sus películas siempre han dado un papel central a la familia. Pero en LOLO, Violette vive sola con su hijo.

Efectivamente, al contrario de mis películas precedentes, los padres de Violette no existen. Quería que pareciera un poco desarraigada, sin un ancla familiar. Solo tiene a su hijo y a su amiga. Quizá porque ahora estoy al otro lado, porque soy madre.

Y hablando de las relaciones entre padres e hijos, el personaje de Karin Viard está en el lado opuesto al suyo, no soporta a su hija.

La odia. No soporta la relación tiránica que existe entre las dos. Quería que Karin, que no aparece constantemente en la película, tuviera un papel fuerte. Generalmente hablando, me gusta que todos los personajes existan de verdad. Era una característica del cine francés que se fue perdiendo poco a poco y disfruto resucitándola.


En la película, los personajes de Karin Viard y el suyo hablan de sexo muy abiertamente, algo refrescante que ocurre en contadísimas ocasiones en el cine francés.

Se lo debo a mis padres (Albert Delpy y Marie Pillet). Me crié con "Charlie Hebdo" y "Hara Kiri". A los seis años leía "Le Gros Dégueulasse", el cómic de Jean-Marc Reiser. Llegaba al límite, pero era inteligente, muy divertido y nunca caía en la vulgaridad. A mí también me gusta llegar al límite, es mi forma de escribir. Vivimos una época en que los códigos del idioma y lo políticamente correcto nos encorsetan cada vez más. No sirve para mejorar a la gente, al contrario, todos tienen miedo y el fascismo cobra fuerza.

Violette conoce a Jean-René en una fiesta en el País Vasco francés y, contra todo pronóstico, se enamora de él. Hay una vertiente muy generacional en la historia de amor que surge entre los dos cuarentañeros.

Me pareció interesante mostrar que el amor no está donde uno lo espera; mucha gente busca a alguien que se le parezca. Al tratarse de una generación, quise mostrar que la gente que se enamora a esa edad ha adquirido cierta sabiduría. Cumplidos los 40 años, si se está cómodo con uno mismo y se tiene la suerte de conocer a alguien con corazón, no se mira más allá. No interesa tanto la apariencia, la pasión, todo es más real y es más sano.

Violette es directora artística de pasarelas de moda, Jean-René es un modesto informático de provincias. Al igual que en 2 días en París, describe muy bien los medios sociales, como si el hecho de vivir en Los Ángeles desde hace tanto tiempo la hiciera más sensible a cosas que pasan desapercibidas para muchos.

El hecho de vivir fuera de Francia y de volver regularmente quizá me permita ver cosas diferentes que no me rodean constantemente. Sin querer caricaturizarlo, es un mundo como cualquier otro, me apetecía hablar del ambiente de la moda. Lo conozco un poco, tengo amigos en ese mundo, Alexandre de Betak y Vanessa Steward, que me ayudaron en la escritura del guión. Me pareció divertido plasmar ese lado un poco alejado, como la subasta superchic que se celebra en el metro.


Al igual que en muchas películas suyas, la pareja que forma con Dany Boom se construye y se solidifica a base de malentendidos.

Es la idea de que todo lo que nos destruye, nos hace más fuertes, y reconozco que es una idea un poco obsesiva por mi parte. Mucha gente me ha destruido, y he conseguido reconstruirme cada vez y salir más fuerte. En el fondo, todo lo que vive es así, las células se destruyen y reproducen constantemente... hasta que el cáncer gana.

¿Pensó enseguida en Vincent Lacoste para el papel?

Lo escribí para él. Trabajamos juntos hace cinco años en El Skylab. Vincent solo tenía 17 años, pero su talento, su profesionalidad y su calma me dejaron asombrada. Recuerdo una escena en la que debía contar una historia a los niños bajo la tienda y asustarlos. Repitió diez veces la toma sin equivocarse nunca en los diálogos, las diez tomas eran válidas. Me gusta trabajar con gente así, auténticos profesionales que respetan al equipo.

Háblenos de Dany Boon.

Siempre le imaginé en el papel de Jean-René. A pesar de su enorme éxito, tiene un lado infantil, una auténtica ingenuidad que me gusta mucho. Aceptó el papel a los tres días de leerse el guión. Me pasa a menudo cuando dirijo. Pienso en alguien que en principio parece inaccesible, pero acaba interpretando el papel.


Karin Viard también estaba en El Skylab.

Hace mucho que nos conocemos, trabajó con mi madre, Marie Pillet. La llamé y le dije: "Voy a escribir un papel para ti, pero no es el papel protagonista". Se quedó un poco decepcionada, pero los diálogos eran tan divertidos que se le olvidó la decepción.

Violette y su amiga son mujeres que se han hecho a sí mismas, como usted.

Me di cuenta muy pronto de que en esta profesión solo podía contar con mi trabajo. Soy muy íntegra e incapaz de autopromocionarme mandando notitas o cajas de champán, ir a fiestas o estar con gente que no me cae bien. Hice caso a lo que me decía Godard en una carta que me mandó para el estreno de Detective: "Sigue tu camino. Eres el río y ellos son las orillas que intentarán canalizarte y banalizarte". Escogí defender mi punto de vista y no parecerme a nadie. No tenía elección.

¿Por qué actúa en sus propias películas?

No encontraría financiación si no fuera así. Además, aporto energía. Lo comprendí durante los rodajes de 2 días en París y Dos días en Nueva York, un poco como si fuese el caballo que tira del carro. Pero también me gusta ser realizadora sin más, es un placer intenso.


¿Qué tipo de realizadora es? ¿Cree estar muy influenciada por los métodos estadounidenses?

A veces, los rodajes son muy rígidos en Estados Unidos. Intento buscar un equilibrio. Soy muy cuadrada, no soporto avanzar a ciegas y preparo minuciosamente cada plano. Pero cuando estoy en el plató y veo, o alguien me hace ver, que hay una solución mejor, no dudo un momento en cambiarlo todo. El cine es un trabajo en equipo de principio a fin.
Me gustan las personas que trabajan mucho sin hacerse notar, que son serias y divertidas a la vez. Intento ser así, trabajar lo mejor posible dejando una puerta abierta para que entren ideas. No tengo método. Cada actor, cada día, cada escena son diferentes, solo me queda adaptarme.

Se la compara a menudo con Woody Allen...

¡Me encanta Woody Allen! Compartimos unas cuantas neurosis, la obsesión por la muerte, el sexo y una especie de bulimia creativa. Por desgracia, al ser mujer, mis proyectos se quedan bloqueados a menudo por falta de financiación. En Estados Unidos se sigue pagando un precio por haber nacido mujer. Nos autorizan a rodar películas románticas, pero nada de comedias bélicas. ¡Yo también escribí un Bananas! La única que puede permitirse escribir películas sobre Iraq es Kathryn Bigelow, pero luchó durante cuarenta años para conseguirlo. Francia está mucho más evolucionada.

Al igual que Woody Allen, usted tiende más a rodar comedias.

Es mi género preferido, pero también me gustan los dramas. "La Condesa (The Countess)" era un drama, a pesar de que me hiciera cierta gracia. Mi siguiente película será un drama muy intimista. Luego tengo prevista una superproducción acerca de la epopeya del cine americano. Mientras tanto, estoy desarrollando una serie en torno a mujeres cuarentañeras, una comedia también.

Fuentes:
Entrevista extraída del Pressbook
Fotografías realizadas por ©David Koskas
Pressbook e imágenes cortesía de ©Golem Distribución S.L.
http://www.image.net/   By ©Getty Images

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