domingo, 7 de agosto de 2016

Clásicos Modernos: "El árbol de la vida", de Terrence Malick

COMPLEJO Y FASCINANTE PUZZLE SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE.

Con motivo de su reciente emisión por televisión, he querido rescatar la crítica que escribí hace unos cuantos años sobre este clásico moderno: "El árbol de la vida" del genial director estadounidense Terrence Malick. La reseña está re-escrita y amplificada para tratar de la mejor manera posible su complejidad, magia, pretenciosidad y valores cinematográficos que han fascinado a cinéfilos de todo el planeta, al igual que ha chirriado a otros tantos. Digamos que su visionado no te deja para nada indiferente, sea de la forma que sea. Llegados a este punto, vamos a introducirnos de pleno en la crítica de la película.


Terrence Malick es un director estadounidense que ha dirigido muy pocas películas en su trayectoria, concretamente siete en poco más de 40 años; todo aquello unido a sus escasísimas apariciones públicas, y la dificultad de encontrar alguna fotografía suya, hacen que tenga similitudes con el gran Stanley Kubrick.

Terrence Malick en el set del rodaje de "Días de cielo"
(Days of heaven, 1978).  Foto: Wikipedia.
A principios de la década de los setenta debutó en la dirección con la recomendable "Malas Tierras" (Badlands, 1973), una densa historia de amor ambientada en los años cincuenta con Martin Sheen y  Sissy Spacek. El gran éxito que obtuvo hizo que la Paramount le apoyara en su segundo largometraje, titulado "Días de cielo" (Days of heaven, 1978), una tempestuosa historia de amor a tres bandas durante la Gran Depresión; la lenta posproducción del film (dos años) casi acabó con la paciencia del productor Bert Schneider, aunque posteriormente la película fue un éxito, que logró el premio a la mejor dirección en el prestigioso Festival de Cannes y el Oscar a la mejor fotografía. 

Películas de Terrence Malick en toda su trayectoria.
Tras aquel largometraje Malick empezó a escribir un guión titulado “Q”, que versa sobre el origen de la vida, pero lo dejó a un lado, mudándose a París (Francia), y alejándose de la dirección hasta su regreso, veinte años después con la también muy recomendable: “La delgada línea roja” (The Thin Red Line, 1998), una película bélica que nos trasladaba al corazón de una pequeña isla del Pacífico llamada Guadalcanal, en la cual libraban una cruenta batalla los norteamericanos contra los japoneses por la conquista de una estratégica colina.


El libreto mencionado anteriormente sirvió como borrador inicial de la película que nos ocupa: "El árbol de la vida", posiblemente la más lograda de toda su carrera. Puede ser debido a que alberga muchos elementos autobiográficos, de los cuales citaremos los más destacables: el relato está ambientado en la ciudad de Waco (Texas, EE.UU.), su ciudad natal; el director también era el mayor de cuatro hermanos (de los cuales hubo uno que se suicidó a la temprana edad de 19 años, que coincide con la edad en la que muere el hermano mediano en la película), como consecuencia del fracaso en su carrera como guitarrista; el niño que fallece en la cinta también tocaba la guitarra; y en último lugar el personaje de Jack (interpretado por Michael Koeth en la infancia y por Sean Penn en su etapa adulta) que posiblemente sea el alter ego del director.


"El árbol de la vida" posee todas las características de la obra de Malick: la descripción de la belleza de la naturaleza en clara oposición a la ambición y la crueldad del hombre, la desesperación por la pérdida de un ser querido, el amor de los padres hacia sus hijos desde dos puntos de vista distintos (la madre que los educa con cariño y generosidad y el padre con austeridad y una gran obsesión por que tengan una vida próspera, la misma que él no ha podido tener tras fracasar en la consecución de sus sueños, como aquel de ser músico), además del origen del universo y la creación de la vida desde sus orígenes (como el big bang, la creación del planeta Tierra, los Dinosaurios y su extinción, y la irrupción del ser humano); todo ello lo muestra como si fuese un poema plasmado en imágenes, colocando de manera logradísima la cámara, con el objetivo de captar en cada fotograma el esplendor de toda su belleza, apoyándose en una impresionante fotografía de Emmanuel Lubezki (que se encargaría dos años después de retratar la genial película espacial “Gravity” [Alfonso Cuarón, 2013]).


Aunque, lo que verdaderamente nos cuenta “El árbol de la vida” es nada más y nada menos que la historia de la vida y la muerte, trazando un complejo mapa simbólico sobre la creación de todas las cosas e invitándonos a la reflexión. Todo este despliegue se justifica ante la necesidad del ser humano por comprender la razón misma de su existencia, así como la caprichosa fugacidad de esta. El fallecimiento de un muchacho a sus 19 años, hermano del niño protagonista del film (cuya versión adulta interpreta Sean Penn), es el eje en torno al cual gira el desarrollo de su premisa. Un funesto acontecimiento que impulsa a los personajes a buscar la respuesta de la que quizás sea la cuestión más importante que nos formulamos los humanos: ¿por qué morimos?

Un fotograma simplemente perfecto... Pura poesía visual!!!

El estilo narrativo del filme es arriesgado, para nada convencional, sin apenas diálogos y con un orden cronológico desordenado. La emocionante banda sonora de Alexandre Desplat está llena de sensibilidad y un gusto exquisito. Destaca también el magnífico trabajo por parte de su elenco, con un genial Brad Pitt interpretando a un padre de familia autoritario, y sobre todo una inconmensurable Jessica Chastain en el rol de la madre, que realiza una interpretación compleja y llena de matices; cabe decir que Sean Penn se sintió bastante molesto con el resultado final de la película, debido a que muchas de las escenas en las que él salía se cayeron del montaje definitivo. El filme ganó la Palma de Oro en Cannes (a pesar de la polémica), numerosos premios de los gremios de Hollywood, y obtuvo tres nominaciones a los Oscar (incluyendo el de mejor película y director); en conclusión, "El Árbol de la Vida" es una verdadera obra de arte en su estado más puro, una película conmovedora, filosófica, apasionante y hermosa, que estremece todos nuestros sentidos.

PUNTUACIÓN: ★★★★

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