viernes, 26 de agosto de 2016

Clásicos Modernos: "El Pico", de Eloy de la Iglesia

LAS CLOACAS DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA.

El pasado jueves 18 de agosto, La2 de Televisión Española emitió una de las cumbres del ‘Cine Quinqui’: "El Pico", de Eloy de la Iglesia... y por ello, hemos querido reseñarla para dar constancia (sobretodo a las nuevas generaciones), que hubo un tiempo (no muy lejano), en el que el consumo de drogas, la delincuencia y el miedo estaba instaurado en la población de nuestro país, ya que "El Pico" es posiblemente la película que mejor retrata aquellos años de la 'Transición Española' a principios de los ochenta... sin patrañas ni fuegos de artificio... yendo de cara y sin concesiones.

Se conoce popularmente en España como ‘Cine Quinqui’ al género cinematográfico que narra las vivencias y aventuras de conocidos delincuentes (habitualmente jóvenes) que han alcanzado la fama gracias a delitos cometidos. Este género se hizo muy popular en España a finales de los años setenta y a principios de los ochenta, debido a la gran inseguridad ciudadana que vivía el país en aquella época. Fue además en la década de los ochenta donde alcanzó su máximo esplendor, rodándose multitud de películas y sagas. Dentro del género hubo varios directores, pero por encima de todos ellos, y debido al número de películas que rodaron, cabe destacar a José Antonio de la Loma (1924 - 2004), considerado como el ‘padre’ del género y a Eloy de la Iglesia (1944 - 2006). (1)


Si te interesa saber más sobre el ‘Cine Quinqui’, puedes consultar el post especial que realizamos hace algún tiempo, titulado: Especial Cine Quinqui: Un retrato a la delincuencia en la transición española.

El director Eloy de la Iglesia.  Foto: Biografías y vidas.
Sobre Eloy de la Iglesia cabría decir que es uno de los cineastas españoles más infravalorados de la historia, posiblemente por su encasillamiento en el ‘cine quinqui’; sin embargo, poseía un gran talento detrás de las cámaras. Con motivo del homenaje que el Festival Internacional de Cine de San Sebastían brindó al director guipuzcoano en 1996, el gran actor José Sacristán, que trabajó en tres ocasiones con él (“El Diputado” [1978], "Miedo a salir de noche” [1980] y “Navajeros” [1980]), resumió de forma contundente su estilo, y cito textualmente: “Donde otros ponen la cámara, él pone los huevos.”; una frase que sin lugar a dudas resume como pocas el coraje (y la osadía incluso) para retratar el hiperrealismo (no exento de humor) del lado más salvaje de la vida. (2) 


Su filmografía está repleta de grandes películas, tales como: “La semana del asesino” (1972) y “Una gota de sangre para morir amando” (1973) que están desmarcadas del ‘cine quinqui’; además de todas las que realizó dentro del género, como: “Los placeres ocultos” (1976), “El diputado” (1978), “Miedo a salir de noche” (1980), “Navajeros” (1980), “Colegas” (1982), “La estanquera de Vallecas” (1987) y la película que nos concierne, “El pico” (1983), su película que más éxito comercial obtuvo y una de las cumbres del género.


Eloy de la Iglesia era conocido por su cine de denuncia de situaciones límite y por carecer de complejos a la hora de hablar de sus películas; de hecho, en una entrevista concedida por el Diario El País (3) el 4 de octubre de 1983, tras el estreno de “El Pico” en el Festival de Cine Internacional San Sebastián, afirmaba tajantemente: “Yo no he hecho una película de provocación, sino una historia familiar, en clave de melodrama, sobre lo que puede suceder cuando dos personas que ocupan cargos como los de mis protagonistas carecen de respuesta que ofrecer a sus hijos víctimas de la droga. He querido hablar de la imposibilidad de entendimiento entre padres e hijos, y lo he hecho utilizando un esquema que están hartos de emplear en las cinematografías de otros países: que los protagonistas sean personajes políticamente importantes. Si la película llega precedida de una aureola de provocación es por culpa de determinada prensa que, en su afán de amarillismo, se excusa en ‘El pico’ para crear el escándalo, adoptando una actitud golpista y desestabilizadora. A mí no me extraña esa reacción de la prensa ultra, pero es todavía más repugnante en periódicos que se dicen progresistas.” 


El título de “El Pico” alude doblemente al pinchazo de heroína y al tricornio que utiliza la Guardia Civil. La premisa se centra en un dúo de amigos inseparables convertidos en delincuentes, llamados Paco (interpretado por José Luis Manzano, actor fetiche del director) y Urko (interpretado por el joven actor Javier García). Paco es hijo de un duro Comandante de la Guardia Civil y Urko de un congresista de la Izquierda Aberzale. Los protagonistas deciden vivir peligrosamente, viéndose obligados a tener una vida de crimen para sobrevivir y tratar de huir de los suburbios de Bilbao; no obstante, una prostituta argentina llamada Betty hace que se enganchen a la heroína, hecho que los obliga a colaborar con un conocido traficante (confidente de la Guardia Civil) para ganar dinero y costearse la droga, entrando irremediablemente en una espiral de delincuencia, drogas y violencia.

A pesar de no ser del todo redonda, teniendo algunos detalles inexactos (como ciertos síntomas del heroinómano que aparecen mal recreados en el filme), y un uso inadecuado de la banda sonora, que por momentos llega chirriar bastante (como ese corte charanguero que se repite a modo de ‘leiftmotiv’ en momentos puntuales); “El Pico” es una película inteligente, impactante y emocionante (basada en hechos reales), que arroja una mirada interesante y estimulante sobre la delincuencia juvenil, las drogas y el terrorismo en la España de los años ochenta. En plena transición política, las relaciones entre las fuerzas de seguridad y el narcotráfico eran bastante estrechas, corriendo el rumor en la sociedad de la época que era la propia ‘Guardia Civil’ la que suministraba heroína a determinados traficantes del País Vasco, para asegurarse confidentes valiosos y adormecer a una juventud, que mientras estuviera enganchada no tendría ganas (ni fuerzas) para pensar en nacionalismos (o bandas terroristas); asimismo, plantea los problemas que se les presentan a un comandante de la Benemérita y a un diputado de la Izquierda Abertzale, cuando descubren que sus hijos adolescentes están prendidos en la droga dura.


Destaca la ambientación y puesta en escena que imprime Eloy de la Iglesia, dándole coherencia al relato; sin embargo, lo más reivindicativo de la propuesta se encuentra en su elenco, sobresaliendo el esfuerzo interpretativo que realiza José Luis Manzano, que como he citado anteriormente, se trataba del actor fetiche del cineasta guipuzcoano. Éste le descubrió en 1977 y tres años después le hizo debutar en el cine con “Navajeros” (1980), en la cual conocería a José Luis Fernández "Pirri" (otro de los protegidos del director), haciéndose grandes amigos. Luego protagonizó “Barcelona Sur” (Jordi Cadena, 1981), y dos de las películas más importantes del género, como: “Colegas” (1982) y “El pico” (1983); además de su secuela, “El pico 2” (1984), todas ellas de Eloy de la Iglesia. La carrera de Manzano acabó con “La estanquera de Vallecas” en 1987, y cinco años después su vida, en el piso del director que le descubrió y protegió, por una sobredosis. Su propia biografía, al igual que la de ‘El Torete’, ‘El Pirri’, ‘El Mini’ y ‘El Vaquilla’, no distaba nada a la de los personajes que encarnaban en la pantalla. Para ellos no era interpretación, sino una prolongación de su vida. (4)


En conclusión, es necesario mencionar que "El Pico" es una película transgresora y provocadora, siendo una de las pocas que trató en la época el preocupante tema del consumo de heroína entre los adolescentes que tantas vidas arrebató (con las sobredosis, el Sida y la Hepatitis C).

PUNTUACIÓN: ★★

BIBLIOGRAFÍA:
(1) Wikipedia: Cine quinqui.
(2) Párrafo obtenido del contenido extra del DVD, “Navajeros” (Eloy de la Iglesia, 1980): Editado por Divisa Red S.A., en 2008.

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