jueves, 11 de agosto de 2016

El caso Fischer. Una película de Edward Zwick

El próximo viernes 12 de agosto se estrena en las carteleras españolas "El caso Fischer", a última película dirigida por el siempre interesante Edward Zwick, del que cabe recordar que es responsable de grandes películas, tales como: "Tiempos de gloria" (Glory, 1989), "Leyendas de pasión" (Legends of the Fall, 1994), "El último samurái" (The Last Samurai, 2003) y "Diamante de sangre" (Blood Diamond, 2006) entre otras.

Protagonizada por Tobey Maguire, Peter Sarsgaard y Liev Schreiber, "El caso Fischer" narra la historia de la preparación y del legendario enfrentamiento por el campeonato del mundo entre Bobby Fischer, campeón de ajedrez norteamericano, y el campeón soviético Boris Spassky. El duelo, que tuvo lugar en 1972, en plena Guerra Fría, fue mucho más que un conjunto de partidas para conquistar un campeonato; prueba de ello es que captó la atención televisada de todo el mundo.



1972 fue un año lleno de acontecimientos cruciales en todo el mundo, entre ellos, la relajación en la Guerra de Vietnam, el Tratado sobre Limitación de Armas Estratégicas entre los EE.UU. y la Unión Soviética, el ataque terrorista a los atletas israelíes en las Olimpiadas de Múnich, el escándalo Watergate, y el transcendental viaje a la China de Richard Nixon. Pero aquel verano, fue un acontecimiento internacional de naturaleza bien distinta el que acaparó los titulares. En Islandia, Bobby Fischer, el más destacado ajedrecista de América, se enfrentó al entonces campeón soviético Boris Spassky en una serie de partidas que tuvieron al mundo en vilo. 

“Fue lo más importante en un momento en que acontecían increíbles hechos políticos en el mundo” –comenta Gail Katz–. “Recuerdo que la noticia más candente cada noche estaba en lo ocurrido durante el día en Reikiavik.” 


En todo el mundo, la gente estaba fascinada por el mano a mano entre dos maestros del llamado “juego de reyes”. Los ajedrecistas de Europa del este dominaban la escena, y Fischer, inconscientemente, devino la imagen de Estados Unidos durante la guerra contra la Unión Soviética por el dominio del mundo. El caso Fischer narra la lucha de Bobby Fischer por lograr el máximo premio en el mundo del ajedrez, y el precio que pagó por la victoria. 

“No ha ocurrido nada parecido desde entonces” –dice Katz¬¬–. “Éramos tremendamente conscientes de que nunca había habido un campeón mundial estadounidense. Y allí estaba aquel presuntuoso descarado de Brooklyn hecho una especie de estrella del rock. Era el perfecto héroe americano en aquel entonces. Su fama de hombre difícil no hizo sino favorecer su aura”.

Las tensiones tras la Segunda Guerra Mundial entre ambas superpotencias no hacían sino incrementarse en tanto se evidenciaban en distintos escenarios” –nos dice Katz–. “Estaba la carrera espacial, Vietnam, China, la Crisis de los Misiles en Cuba… Entonces, increíblemente, en 1972, llevamos la lucha al tablero de ajedrez. Aquel enfrentamiento devino una batalla simbólica acerca de cuál era el mejor sistema de gobierno. El  ajedrez era una afición rusa, y a menudo eran los campeones del mundo. Los Estados Unidos nunca habían tenido un campeón mundial, y nuestros líderes políticos por fin tuvieron la sensación de que teníamos la posibilidad con Bobby. Henry Kissinger, que entonces era el Consejero de Seguridad Nacional de los EE.UU., pidió urgir a Bobby a que jugara. Al ponderar la significancia histórica de los acontecimientos y la mística de Bobby, entendí que estaba ante un tema perfecto para una película. Y cuanto más leía acerca de los detalles estrafalarios del torneo, mejor resultaba la historia”.


Katz lanzó su idea a Tobey Maguire, quien se sintió intrigado al instante. Tras investigar algo, firmó no sólo como Fischer, sino también como productor. Él y  Katz comenzaron a desarrollar el guión juntos. Maguire propuso enfocarlo como una historia deportiva clásica. “Me fascina la gente desafiante, y Bobby no era sino eso” –comenta–. “Le vemos desarrollar su pasión por el juego, ascender a la cima a edad muy temprana, y finalmente ir a por el título. En ello, había espacio para el fascinante estudio del personaje”.

Katz y Maguire incorporaron al veterano guionista británico Steven Knight (Promesas del Este; Peaky Blinders). “Escribió un guión que nos dejó atónitos” –informa Katz–. “Logró un brillante equilibrio entre la política de Guerra Fría y el absorbente drama personal”.

Knight recuerda plenamente la auténtica competición y la publicidad que la envolvió. “¡Menudo revuelo que causó!” –nos dice–. “Fue uno de los primeros eventos globales que los mass media abordaron. La historia de Bobby Fischer tiene tantas otras de distintas en ella misma que hacía necesario elegir qué partes narrar. No es sólo un biopic, sino una historia que domina un solo personaje. Captarlo correctamente era esencial para lograr el film correcto”.

“El título original, Pawn Sacrifice (Sacrifio del peón)” –señala–, es asimismo el nombre de un gambito clásico del ajedrez que le recordó la situación de Fischer. “En ocasiones, un jugador sacrificará un peón en pos de mayores beneficios” –explica Knight–. “En cierto sentido, eso era Bobby: un peón en un inmenso juego internacional, y fue sacrificado. Emocionalmente, era inestable. De haber sido atendido, probablemente hubiera sido un ser humano más feliz, aunque con toda certeza no hubiera ganado la partida”. 

Mientras preparaba el guión, Knight leyó muchos de los libros acerca de Fischer y el “Match del Siglo”, y habló con gente que le conoció. “El material más útil fue el de archivo con entrevistas que atendió” –nos dice el guionista–. “Bobby hablaba y se movía extrañamente, y ver eso fue provechoso. De haberse reparado en él mientras caminaba calle abajo, se habría pensado en él en términos de ‘persona extravagante’. Hubiera podido acabar como un vagabundo más, pero era tan bueno jugando ajedrez que eso lo salvó, aunque también lo maldijo, por supuesto”. 

Maguire y Katz incorporaron al productor oscarizado y director Edward Zwick para realizar el film. “Estaban interesados muchos directores” –informa Katz–. “Sabíamos que Ed tenía renombre en la realización de filmes históricos muy precisos que al tiempo resultaban muy comerciales. Sabe cómo hacer un film verídico y convincente”.


Zwick y Maguire continuaron el desarrollo en un estrecho trabajo que afinó las ideas de Knight. “Me encanta trabajar con Ed” –admite Maguire–. “Pudimos coordinar nuestras ideas acerca de cómo debía ser esta película y nos hicimos grandes colegas”.

“Tobey se involucró mucho en el desarrollo del material” –comenta Zwick–. “Tenía opiniones sólidas, lo que redundaba en una gran colaboración. Nos devanábamos los sesos en el mejor de los sentidos. He trabajado con algunos de los mejores actores, y sé que tienen mucho con lo que contribuir. Si no escuchas, allá tú” 

El guión de Knight apunta temas que Zwick ha abordado a lo largo de toda su carrera, además de añadir nuevas ideas al conjunto. “El momento político de confrontación entre el Este y el Oeste es una época tan interesante como rica en términos dramáticos” –nos comenta–. “La idea acerca de este chico de Brooklyn  que se enfrenta al gran Oso Soviético era irresistible a muchos niveles. Además, también se aborda la extraña y a veces inevitable correspondencia entre la genialidad y la locura.” 

Zwick conectó inmediatamente con la analogía deportiva que Maguire y Knight habían tejido a través de todo el guión. “De algún modo, este chico perdedor halla el camino hacia el triunfo” –comenta Zwick–. “Esto es género puro, sólo que en lugar del ruedo, es un tablero de ajedrez. Steve aporta esa metáfora desde el mismo inicio del guión y la mantiene hasta el final de manera muy interesante”. 

La cinta también resigue el arduo sendero por el que este maestro legendariamente difícil debe transitar antes de ni tan siquiera jugar con Spassky. El dominio ruso del juego se debía, al menos en parte, al intenso programa de entrenamiento apoyado por el gobierno. Pero Fischer creía que también había un esfuerzo coordinado para distorsionar resultados y mantener a los ajedrecistas occidentales, particularmente él, fuera de los más altos niveles de competición. “Los rusos quedaban en tablas entre ellos, lo que aseguraba que en las finales se enfrentaran entre sí” –informa Katz–. “Lo que sencillamente pasaba era que Bobby nunca podía ganar suficientes torneos como para lograr jugar en el campeonato mundial. Escribió un artículo que apareció en Sports Illustrated, en el cual les tildaba de tramposos sin mesura”.


Fue un momento crucial en la historia del ajedrez. La federación se vio obligada a cambiar las normas. “Bobby siempre bregaba por mejorar las condiciones en los torneos y por el dinero que creía merecía” –añade Zwick–. “Sentía que se trataba al ajedrez como a un hijastro. Pero a medida que iba acercándose la competición contra Spassky, Fischer iba poniendo obstáculos cada vez más insuperables que amenazaban con descarriar todo el evento. Es tentador sugerir que estaba resistiéndose a su destino al resistirse a la confrontación final con Spassky.” 

De hecho, mientras Fischer se hallaba en pleno proceso de llevarse a casa el mayor premio del mundo, su mente estaba degenerando. “El público ya sabe lo que le ocurrió a Bobby” –dice Zwick–. “Eso da a la victoria un matiz melancólico y agridulce. Sin embargo, aquí está ese momento glorioso en el que pudo lograr todo cuanto soñó siempre. Es una historia absolutamente inspiradora”. 

“La notoria paranoia de Fischer, por perturbadora que fuera, no resultaba injustificada” –puntualiza Zwick–. “Dado que la madre de Bobby era comunista, de hecho el FBI tenía un archivo sobre ella de más de mil folios. Resultó vigilado incluso de niño. Al hacerse mayor, viajaba a Europa del Este para jugar, lo que le hizo objeto de más investigaciones del FBI. En cuestión de miedos, no estaba solo. Boris Spassky, un gladiador para el sistema soviético, era prisionero de su propio éxito. Sus ansiedades derivadas de representar la política de la Guerra Fría eran reflejo de las de Fischer. La brillantez del guión de Steve estriba en la yuxtaposición de ambos mientras comienzan no sólo a competir sino a reflejarse mutuamente”.


El ascenso y caída públicos de Bobby Fischer devino un presagio de cosas que estaban por venir, según el director. “Esto era el comienzo de la era de las estrellas mediáticas. Durante aquellos tres o cuatro meses de 1972, quizá fue la persona más famosa del mundo. En cierto sentido, fue uno de nuestros primeros héroes punk. Era difícil, arrogante, y le importaba un pimiento lo que los otros pensaban. Podía tirar adelante porque era muy bueno en lo que hacía”.

Desafortunadamente, en cuestión de unos años, Fischer acabó a todos los efectos como vagabundo. Sólo una vez salió de su aislamiento, veinte años más tarde, en una revancha pública contra Spassky muy bien documentada. El acontecimiento tuvo lugar en 1992, en la República Federal de Yugoslavia, y pese a las advertencias del gobierno de los EE.UU., que sostenía sanciones contra aquel país, Fischer se enfrentó a Spassky una vez más reivindicando su honor en un campeonato no oficial de la Federación Internacional de Ajedrez. Tras 15 partidas, Fischer venció de nuevo a su viejo rival, demostrando al mundo finalmente su grandeza, aunque jamás recuperó del todo la celebridad. Debido a que desafió las sanciones, el gobierno de los EE.UU. lo demandó. Siendo un judío americano, denunció a los EE.UU. y a Israel, junto a la KGB, los medios de comunicación y la industria de defensa, además de hacer declaraciones antisemitas chocantes. Vivió el resto de sus días como un exiliado político, asentándose  finalmente en Islandia, el lugar de su mayor triunfo, y único país que le dio residencia.

 “El caso Fischer retrata a una persona compleja, a quien vemos ascender como héroe americano para luego convertirse en un paria” –comenta Katz, quien espera el film muestre al público una época extraordinaria en que algo tan sencillo como un torneo de ajedrez tuvo un amplio significado político. 

Fuentes:
Pressbook e imágenes cortesía de ©A Contracorriente Films
http://www.image.net/  By ©Getty Images

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