viernes, 12 de agosto de 2016

Entrevista a Sérgio Machado, director de "El profesor de violín"

Este viernes 12 de agosto se estrena en las carteleras españolas la película "El profesor de violín", escrita y dirigida por el cineasta brasileño Sérgio Machado, y que nos trae una historia centrada en Laertes, un violinista de gran talento que ha sido rechazado en la prestigiosa Orquesta Sinfónica del Estado, comienza a dar clases de música a adolescentes de una escuela pública en Heliópolis, un barrio de una zona deprimida de São Paulo. Esta experiencia cambiará su vida y la de sus alumnos... Inspirada en la verdadera historia del maestro brasileño Silvio Bacarelli, que en los años 90 consiguió estimular la inclusión social y cultural de los jóvenes de una de las favelas más grandes de São Paulo.

Su director Sérgio Machado nos habla de su última película, a través de una entrevista proporcionada por Caramel Films:



¿Qué te empujó a contar esta historia? ¿Y qué relación tiene con tu propia experiencia vital?

Soy hijo de músicos y pasé parte de mi infancia rodeado de una orquesta. Mi padre tocaba la tuba y el piano, y mi madre el fagot en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Bahía. Ambos eran estudiantes y no podían permitirse una niñera, así que crecí entre instrumentos escuchando música clásica. De hecho, yo estudié piano y violín, pero nunca me lo tomé en serio debido a mi escaso talento musical. La película me ha traído muchos recuerdos que estaban borrosos y se trata sin duda de un homenaje a mis padres. También es un proyecto personal porque me siento muy identificado con el dilema del personaje, un violinista que sufre una crisis nerviosa en una audición y se enfrenta a la posibilidad de no poder dedicarse a lo que lleva preparándose toda la vida.

Pude avanzar en la escritura del guión cuando comprendí cuánto tenía en común con Laerte. Decidí ser director de cine muy joven y nunca quise ser otra cosa. Tengo miedo a no poder volver a hacer una película algún día y eso es lo mismo que siente el protagonista.

En los últimos años la música ha vuelto a formar parte de mi vida ya que, tras una visita al plató del 'profesor de violín', mi hijo de diez años quiso aprender a tocar el violín. Me maravilla que gracias a la práctica de un instrumento, es cada vez más disciplinado y su autoestima ha mejorado. Al aprender a tocar, Jorge también ha madurado y tiene más confianza en sí mismo. Ha hecho grandes progresos y se está preparando para entrar en la Orquesta Sinfónica de Heliópolis porque es la orquesta en la que se inspiró la película.

¿En qué te ha condicionado que la película estuviera basada en un hecho real?

Cuando empezamos a trabajar, tratamos de averiguar todo lo que pudimos sobre la historia del Instituto Baccarelli y sobre el universo donde se desarrolla la película. De hecho, Marta Nehring, guionista e investigadora, se mudó durante un tiempo a Heliópolis. Hemos entrevistado a decenas de músicos y profesores y hemos hablado con los miembros originales de la primera Orquesta, que es la que figura en la película. 

Le di muchas vueltas al guión con Edilson y Edimilson Venturelli, que dirigen el Instituto Baccarelli. Asistí a clases y llegué a estudiar el cello durante dos meses para estar con los alumnos y comprender sus problemas.

Pero estaba claro que una sola película no podía mostrar la inmensidad de un proyecto que ha sabido ofrecer formación musical a miles de adolescentes que viven en situación de vulnerabilidad social. En el guión definitivo, la película terminó siendo una mezcla de la historia de la creación del Instituto Baccarelli, de la obra "Acorda Brasil", de Antonio Ermírio de Moraes, y de mis propios asuntos personales.


¿Crees que la película puede contribuir al desarrollo cultural y educativo de Brasil?

No me hago ilusiones de que esta película -ni ninguna otra- sea capaz de cambiar la realidad de un país. Pero sí creo que puede fomentar el diálogo sobre el papel de las Artes en el desarrollo de nuestros jóvenes. En la última década, Brasil ha hecho grandes progresos en una distribución de la renta más equitativa, pero no ha ocurrido lo mismo en el campo de la educación y el acceso de la cultura.

El cine ha reflejado muy bien nuestros infortunios. La violencia y las diferencias sociales son temas clave del drama que vive Brasil. Películas como 'Ciudad de Dios: Diez años después', 'Carandiru' y 'Tropa de élite' han mostrado al mundo nuestras cicatrices. Cuando me invitaron a dirigir EL PROFESOR DE VIOLÍN pensé que también era importante dar voz a esas personas que buscan nuevas maneras de resolver estos problemas. 

Brasil está lejos de encontrar la solución a sus dilemas sociales, pero las nuevas iniciativas de los últimos años indican que la mejor manera de hacer frente a la violencia y a la desigualdad es a través de la cultura y la educación. Así que me pareció importante hablar de ese tema. Puede que las películas no tengan el poder de cambiar la realidad, pero algunas películas importantes se han hecho con esa finalidad.

¿Cómo esperas que el público reciba la historia de tu película?

No tengo una idea clara de cómo el público internacional, ni tampoco el público brasileño, percibirá nuestra película. Pero creo en su potencial porque está hecha con mucha pasión y honestidad. El guión plantea cuestiones muy actuales, y el lenguaje universal de la música es el hilo conductor de la narrativa. Creo que esto puede ayudar a que se establezca un diálogo entre EL PROFESOR DE VIOLÍN y personas de diversos países. 
Cuando escribo, ruedo o monto una película no pienso en cómo la recibirán. Hago todo lo posible por ser coherente con las cosas en las que creo y con la realidad que estoy retratando. 
Con esta película en particular, he pensado mucho en los jóvenes actores que interpretaron a unos personajes que están tan próximos de su propia realidad. Durante el proceso imaginaba lo que sentirían al ver la película por primera vez. En cierto modo, ellos eran el público que tenía en mente cuando estaba rodando.


¿En qué consistió el proceso creativo del guión? ¿Tuviste que investigar? ¿Trabajaste con la orquesta que se ve en la película?

Al principio, Maria Adelaide Amaral y Marta Nehring se encargaron de desarrollar el guión de EL MAESTRO DE VIOLÍN. Crearon una estructura inspirada en la obra "Acorda Brasil". 

Yo entrevisté a muchas personas que habían asistido a la creación de la orquesta, incluyendo al fundador, el maestro Silvio Baccarelli.

Graziela Teixeira, una violinista de la formación original de la orquesta me sirvió de guía durante la investigación en Heliópolis. Ella me abrió las puertas del barrio y me contó muchas historias que ahora están en la película.

Después, me puse a escribir yo solo y, para crear la versión final, invité al guionista y director Marcelo Gomes ('Cine, aspirinas y buitres'), uno de los realizadores que más admiro.

¿Los adolescentes de la película son actores profesionales? ¿Ya tocaban los instrumentos antes de la película?

Mi primer trabajo en el cine fue como ayudante del director y de casting en ESTACIÓN CENTRAL, de Walter Salles. En esa película trabajamos con una mezcla de actores consagrados, actores de teatro y actores no profesionales. Desde entonces he repetido la misma receta en todas mis películas.

En la preproducción de ESTACIÓN CENTRAL conocí a Fátima Toledo, directora de casting del PROFESOR DE VIOLÍN y de la mayoría de mis películas. Fátima y yo hemos desarrollado una amistad que se hizo más fuerte durante los ensayos de CIUDAD BAJA, mi primer largometraje, y acabamos dirigiendo juntos UN PRÍNCIPE ENCANTADO.

En EL PROFESOR DE VIOLÍN contamos con actores experimentados como Lázaro Ramos y Sandra Corveloni (Premio a la Mejor Actriz en Cannes), actores al comienzo de sus carreras como Kaique de Jesús, y personas reales de esas comunidades como Elzio Vieira y el resto de los adolescentes que interpretan a los miembros de la orquesta. La película también cuenta con apariciones especiales de los famosos raperos Criolo y Rappin' Hood y del maestro Marin Alsop, de la Orquesta Sinfónica de Sao Paulo.

Una parte de los adolescentes de la Orquesta eran músicos de la Orquesta de Heliópolis, pero muchos otros no sabían tocar un instrumento. Tomaron clases y como el rodaje se retrasó unos meses, tuvieron la oportunidad de adquirir una base musical más sólida.


¿Cómo definirías a Laerte?

Creo que hay mucho de mí mismo en el personaje protagonista. Laerte es un hombre impulsivo de Bahía, al que le apasiona lo que hace. Su mayor temor es no poder seguir haciendo algo para lo que se ha preparado toda la vida. Este sentimiento apareció en algún momento del proceso de escritura y decidí llevarlo a la pantalla.

EL PROFESOR DE VIOLÍN cuenta la historia de un músico que se ha preparado muchos años para algo, pero que falla en el momento más importante, como un boxeador que tiembla ante la presencia de su rival, o un delantero que se tambalea durante un penalti. Traté de construir un personaje contradictorio, lleno de dudas y conjeturas, pero coherente con su sueño.

Al conocer una realidad diferente y la singularidad de sus estudiantes, Laerte recupera el placer de tocar que había perdido debido al exceso de disciplina. Lázaro también ha dado mucho de sí mismo a Laerte: su disciplina, su contención artística y su sentido del humor.

La música es un elemento clave de la película. Cuéntanos algo sobre las opciones musicales y la mezcla de tantos estilos diferentes.

Debido a la influencia de mis padres, crecí escuchando casi exclusivamente música clásica hasta la adolescencia. Así que una de las tareas más agradables que hice para esta película fue escoger la banda sonora. Durante el año anterior al rodaje asistí a todos los conciertos de la Orquesta de Sao Paulo y llegué a tomar clases particulares de historia de la música.

Durante la preparación también descubrí el rico universo del rap en Sao Paulo, y la poesía que hay en Mano Brown, Criolo, Rappin' Hood, Sabotage y Emicida. Supe desde el principio que el camino de Laerte era de ida y vuelta. Va a Heliópolis para dar clases de música clásica, pero descubre una variada cultura musical y aprende tanto o más que lo que enseña.

No va a Heliópolis pensando en salvar a los alumnos; va para encontrarse a sí mismo. Por eso, era importante que el universo musical contemporáneo tuviera la máxima calidad. Quería que el diálogo fuera equilibrado, sin jerarquías.

Mucha gente ha participado en la banda sonora: Alexandre Guerra, Felipe de Souza, Arthur Nestrovsky, el maestro Edilson Venturelli, todos los que forman Coletivo Instituto. La canción de los créditos finales, un rap compuesto por el genio Sabotaje, arreglado por el maestro Ruriá Duprat e interpretado por la Orquesta de Heliópolis, sintetiza esa búsqueda.

Después de la grabación supimos que uno de los mayores sueños de Sabotaje, asesinado en 2003, era que una orquesta interpretara una de sus canciones.


Cuéntanos la historia real en la que se basa la película. ¿Cómo ves la evolución de la Orquesta Sinfónica de Heliópolis desde 1996 a hoy?

La película está inspirada en la historia del Instituto Baccarelli, uno de los proyectos de mayor éxito para la inclusión social en Brasil. Comenzó en 1996, después de que un incendio destruyera parte de Heliópolis, la segunda barriada marginal más grande de Latinoamérica. Al maestro Silvio Baccarelli le afectó mucho esta tragedia y empezó a enseñar música clásica a los adolescentes de la barriada.

Ahora, por el Instituto Baccarelli pasan más de 4.000 alumnos todos los años. La Orquesta tiene como maestro a nada menos que el aclamado Isaac Karabtchevsky. Los niños de Heliópolis ya han tocado en Europa, tuvieron la oportunidad de que les dirigiera Zubin Mehta, tocaron con el violinista Joshua Bell, para el Papa Benedicto XVI, y han hecho que se le saltaran las lágrimas al compositor italiano Ennio Morricone.

Es una historia impresionante y me siento muy orgulloso de poder contarla, aunque sea de forma indirecta. 

¿Qué es lo que más te ha emocionado del proceso de esta película?

El proceso de producción del PROFESOR DE VIOLÍN fue intenso y me ha dejado muchas cicatrices y también mucha nostalgia. Podría señalar algunas, como la inmersión en el universo musical, que en cierto sentido fue un reencuentro con mis padres. Pero sé a ciencia cierta que lo que más me ha emocionado es la experiencia del día a día con los niños que interpretaron a la Orquesta de los alumnos. Su dedicación me ha enseñado muchísimo. He desarrollado una relación de afecto y amistad con algunos de ellos y después de esta experiencia estoy convencido que ahí fuera hay mucha gente joven con talento, con ganas de contar su historia y que sólo necesitan una oportunidad para triunfar.

Empezamos rodando las escenas de Laerte y los alumnos en la clase. La enorme energía e intensidad de esos chicos se apoderó de todo el rodaje.

Recuerdo que cuando acabamos de rodar las escenas de las clases los chicos tenían una semana libre. Antes de que se fuera, los niños -con Kaique y Elzio a la cabeza– se reunieron con Lázaro y le pidieron que no soltara el balón mientras estaban ausentes. Asistí a esa pequeña reunión sin que ellos lo supieran, y me impresionó su audacia y la humildad de Lázaro. Eran colegas. Eran el alma de nuestra película, y la historia la iban a contar ellos y para ellos.

¿Cómo se inserta la película en la realidad brasileña?

La situación política de Brasil ha cambiado mucho desde que se terminó la película. Cuando empezamos a pensar en este proyecto se vivía la euforia del cambio. Los indicadores económicos y el aumento del consumo anunciaban que Brasil iba a alcanzar su potencial y convertirse en un país con peso en la escena mundial.

En los últimos dos años, los constantes casos de corrupción nos retrotraen peligrosamente al pasado y además las últimas elecciones han puesto de manifiesto lo dividido que está nuestro país.

Rezo para que esta película, que habla de solidaridad y de aprender a escuchar al otro, contribuya de alguna forma a un debate más constructivo y menos polarizado sobre el futuro de nuestro país.

Fuentes:
Entrevista extraída del pressbook
Pressbook e imágenes cortesía de ©Caramel Films

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