jueves, 22 de septiembre de 2016

Crítica de "La vida de Adèle", de Abdellatif Kechiche

Hace unos meses me leí una novela, titulada "Marafariña" (que comentamos largo y tendido AQUÍ), escrita por una de las escritoras indies que más admiro y aprecio, llamada Miriam Beizana Vigo (podéis saber más sobre sus novelas, entrando en su página web); que salvando las distancias, ya que las historias son completamente distintas, me recordó bastante a la película que he querido rescatar (más concretamente reescribir y ampliar) para la ocasión. Se trata de "La vida de Adèle", una película que su visionado no te deja para nada indiferente, que tuvo mucha polémica y controversia en el Festival de Cannes, pero que sin lugar a dudas es una de las historias de amor más impresionantes que se han plasmado en la gran pantalla en toda la historia del celuloide.

RETRATO DE UN APASIONANTE Y VISCERAL PRIMER GRAN AMOR

Según la definición del diccionario, el amor se podría describir como un concepto universal relativo a la afinidad entre seres; un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, resultante y productor de una serie de actitudes, experiencias y emociones, que pueden ser extremadamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles. El director franco-tunecino Abdellatif Kechiche desarrolla dicho concepto a través de la historia del primer gran amor de una adolescente quinceañera, llamada Adèle.


«Nuestra protagonista Adèle, tan perdida al principio de la película, irá madurando y descubriendo su personalidad (y el significado del amor), gracias a la "chica del pelo azul", su primer y gran amor en la vida.»
La película empieza en una clase de instituto, en la cual el profesor explica a sus alumnos la concepción de lo que conocemos como 'flechazo', que vendría a ser un arrebato pasional y emocional que nos altera profundamente, que nos hace sentir mágicos y milagrosos, dándonos un extraordinario bienestar y cambiándonos la vida de color; en este caso, a la protagonista se le podría atribuir el color azul como detonante de aquel sentimiento, desconocido por ella hasta aquel mismo instante, ya que a renglón seguido de aquella clase, nuestra protagonista vive en primera persona el 'flechazo', el mismo que explicaba su profesor, la certeza que se presenta una vez en la vida (tal y como decía sabiamente Clint Eastwood a una dubitativa Meryl Streep en una de las escenas de la obra maestra "Los puentes de Madison").

Fragmento de la estupenda novela gráfica en la que se basa la película,
en el cual se puede apreciar el azul como único color predominante.
En la novela gráfica en la que el director se basa, llamada "El azul es un color cálido" ("Le bleu est une couleur chaude" en su título original en francés), su creadora Julie Maroh juega con ello de forma muy inteligente, ya que el primer color que aparece (tanto en las viñetas como en la vida de la protagonista), es el azul, algo que Kechiche ha sabido plasmar de un modo brillante.

El trabajo de las dos actrices es impresionante: Léa Seydoux dando vida a la joven del pelo azul Emma, y sobretodo Adèle Exarchopoulos, que se erige como protagonista absoluta del filme, metiéndose en la piel de Adèle; la convicción que demuestra la joven actriz francesa de origen griego es descomunal, remarcando los hábitos del personaje, que van desde la forma de comer, de tocarse el pelo, de llorar, o de mirar. La reiteración de esta clase de hábitos va marcando su madurez y personalidad de una manera sutil, a medida que avanza el metraje.


La trama está muy bien desarrollada, cocinada a fuego lento, en la que se va desgranando, con una naturalidad pasmosa y excepcional, la relación amorosa de estas dos jóvenes, de forma visceral, apasionante y conmovedora; buena prueba de ello es la morbosa (y algo excesiva) escena de sexo entre las dos protagonistas, en cuyos siete minutos de duración Kechiche lo muestra absolutamente todo (a pesar de haberse rodado con genitales de látex). Cabe mencionar que el rodaje de la misma duro prácticamente una semana, que hizo a las actrices (sobretodo Seydoux) afirmar que el director franco-tunecino era un tirano, debido a la multitud de veces que las obligó a repetir cada plano, lo cual provocó mucha controversia en Francia; no obstante, el motivo de su ausencia en los Oscar se debe al hecho de que la productora no quiso adelantar la fecha de estreno prevista, afirmando que a nadie le importaba el premio a la categoría de película de habla no inglesa, además de no aportar nada a la Palma de Oro, obtenida anteriormente en Cannes.


Si dejamos de lado la polémica suscitada por la citada escena; además de los prejuicios derivados de la relación homosexual entre dos mujeres, ni que decir tiene que Kechiche desliza la cámara con brío y nos muestra el devenir de esta chica, el descubrimiento de su sexualidad, al tiempo que experimenta por primera vez el amor verdadero, con sugerentes primeros planos, y otros tantos que evocan belleza poética; asimismo, a pesar de que su premisa se pueda escribir en una servilleta, su guión es grande en su sencillez, debido a que está repleto de diálogos entre los personajes verdaderamente profundos y muy inteligentes. 


Adèle Exarchopoulos, Abdellatif Kechiche y Léa Seydoux en el Festival de Cannes 2013; donde se erigió con la Palma de Oro (Mejor película) y el Premio FIPRESCI.
En resumidas cuentas, "La vida de Adèle" es una obra maestra, posiblemente la mejor filmada sobre una relación homosexual —junto con "Brokeback Mountain" (Ang Lee, 2005) y la reciente "Carol" (Todd Haynes, 2016), y que sin duda, nos cuenta una de las historias de amor más fascinantes que ha dado el séptimo arte en toda su historia.

PUNTUACIÓN: ★★★★★

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