viernes, 25 de noviembre de 2016

Entrevista a Maysaloun Hamoud, directora de "Bar Bahar. Entre dos mundos"

Este viernes 25 de noviembre se estrena en las carteleras españolas "Bar Bahar. Entre dos mundos", escrita y dirigida por la cineasta israelí Maysaloun Hamoud, y que nos cuenta la historia de de tres jóvenes mujeres palestinas con pasaporte israelí: Salma, Laila y Nur, que optan por irse a vivir una vida de libertad en Tel Aviv, lejos de sus lugares de origen. Las tres buscan el amor, pero como jóvenes palestinas pronto se darán cuenta de que una relación escogida por ellas no es algo fácilmente alcanzable. Tendrán que elegir su lugar en el mundo, sea en la ciudad o en sus pueblos.

Su guionista y directora, Maysaloun Hamoud, nos cuenta todas las claves de su debut tras las cámaras, a través de una entrevista proporcionada por Golem Distribución:


¿Cómo nació Bar Bahar. Entre dos mundos?

La película se fraguó a partir del callejón sin salida en el que me encontré mientras estudiaba Cine en la Universidad de Tel Aviv. El nuevo movimiento underground palestino y la Primavera Árabe, con su promesa de cambio político, florecían a nuestro alrededor. Los cambios traían consigo el potencial para una revolución cultural. Era obvio que había llegado el momento de expresarse con una nueva voz. Y pensamos que el viejo orden se derrumbaba; había llegado el momento de formar sociedades más felices y más sanas que las que habíamos conocido en la época de las naciones-estado. Ese era el espíritu que nos animaba. Sabía que quería hacer una película para el gran público que también se enfrentara al sistema.


¿La película está basada en su propia experiencia mientras vivía en Tel Aviv-Jaffa?

Estilísticamente hablando, la película expresa la realidad de lo que plasma y representa. O, si prefiere, lo que parece ser normal para los personajes. Su forma de vestir, de hablar, de comportarse refleja el movimiento underground palestino actual. Ya que formo parte de este movimiento, puede decirse que he plasmado mi vida en la pantalla. Sin embargo, los diálogos no son para nada autobiográficos; más bien me inspiré en las personas que me rodeaban y en nuestras experiencias comunes.

Hace falta ser muy valiente para enfrentarse a la sexualidad y al tema gay en el mundo árabe. ¿Le preocupa la recepción que pueda tener la película?

Cuando decides contarle al mundo lo que piensas y lo que sientes, no hay vuelta atrás. Solo queda expresar tu verdad interior o abandonar el proceso creativo. Al menos, así es como lo veo. El espíritu radical de la Primavera Árabe también levantó olas en Israel y Palestina. Formó parte de nuestro pensamiento. El grito "Kefaya!" (¡Basta!) salió de la garganta de millones de jóvenes árabes de ambos sexos, condenando la opresión, el patriarcado, el chauvinismo, la marginalización y la homofobia; demandando un nuevo orden carente de códigos culturales conservadores aplicados en nombre de la "tradición". La palabra "Kefaya!" produjo un cambio en la conciencia de la gente. Ya no podíamos seguir barriéndolo todo debajo de la alfombra, había que poner las cosas encima de la mesa. Si no, acabaríamos tropezando con los montoncitos debajo de la alfombra y no llegaríamos a ninguna parte. El fundamentalismo es una enfermedad mortal. Y si no nos atrevíamos a sacudir la alfombra de una vez por todas, posiblemente acabaríamos ahogándonos debajo. Ahora bien, en cuanto a la pregunta de si me preocupa la reacción del público, le diré que no soy ingenua. Habrá repercusiones. Incluso personales, hacia mí. Pero eso forma parte del precio de los cambios sociales. Por eso quiero hacer cine. Claro que me preocupa la recepción que pueda tener la película en cuanto a sus efectos positivos. ¿Al corazón y a la cabeza de cuánta gente llegará? No sé qué reacciones se producirán, no puedo saberlo.


Teniendo en cuenta su contenido, ¿fue difícil encontrar actrices? ¿Cuántos intérpretes profesionales y cuántos no profesionales hay en la película?

El cine palestino aún se está formando. Como público, no estamos acostumbrados a vernos representados en la gran pantalla. Nos cuesta distinguir entre los actores y sus personajes, cosa que no ocurre con los espectadores egipcios, franceses, americanos o israelíes. Y más aún cuando los personajes se apartan de los papeles palestinos estereotipados que estamos acostumbrados a ver en el cine. Busqué profesionales y no profesionales capaces de representar a los personajes con la mayor autenticidad posible. Esa fue la base de las pruebas. Tenía muy claro que debía ser exacta, que no podía hacer concesiones. Al venir mi inspiración desde "dentro", sabía qué buscar. Conozco a los actores actuales y conocía muy bien a los personajes de la historia. Sabía que no sería fácil, pero por suerte escogí a las actrices para los papeles principales mientras escribía el guión. Dos de las tres, Sana Jammalieh (Salma) y Shaden Kanboura (Nour) se apuntaron dos años antes de empezar a rodar.

Entre los 42 personajes que aparecen en la película, Leila fue la más complicada, incluso más que Salma, la lesbiana. Leila es nuestro alter ego, rehúsa transigir. No solo no se corta, también hace exactamente lo que le apetece. No es la típica palestina. Muestra un feminismo subversivo y amenazante. Es guapa, sensual y sexual, independiente, decidida y obstinada. Tenemos un número limitado de actrices. Incluso le pedí a una actriz que viniera desde Berlín para hacerle una prueba. Quería que la actriz que interpretara a Leila fuera una Leila por sí misma. Leila asusta porque todas queremos ser como ella, pero ocultamos a la Leila que llevamos dentro. Aún no la había encontrado un mes antes de empezar el rodaje. Estuvimos a punto de retrasarlo. Y entonces apareció Mouna Hawa y se apoderó del papel. No fue amor a primera vista, pero se acopló a la perfección al personaje. En cuanto al personaje de Salma, lo escribí para mi buena amiga Sana, que nunca había actuado. Sin embargo, Sana comparte la personalidad de Salma, aunque no su historia. Conocí a Shaden Kanboura a través de mi compañera de piso Abdel Hadi, que en principio iba a dar vida a Leila. En cuanto enfoqué la cámara hacia Shaden durante la prueba, supe que era Nour, como si el personaje la hubiera estado esperando.

Tampoco resultó fácil encontrar a los intérpretes idóneos para los otros personajes. Dunya, por ejemplo, la amante de Salma, a la que encarna Ahlam Canaan, es una talentosa violinista en la vida real que forma parte de nuestro entorno cultural. Cuando se presentó para el papel de Leila, supe inmediatamente que no era Leila, pero vi a Dunya. Se lo dije y aceptó el papel sin dudarlo un instante. Durante una lectura del guion con Sana, hubo magia. Otro obstáculo fue encontrar a Saleh, el llamativo gay. Sabía que el actor debía conocer bien ese mundo, no podía basarse en lugares comunes. Apenas tenemos actores gay, no iba a ser fácil. Y de pronto apareció Ayman Sohel Daw, que estudia Diseño de Moda en Milán. Le vi a través del objetivo y supe que tenía al actor que buscaba. Lo mismo pasa con Riyad Sliman, que da vida a Qays. Forma parte de "Jazar Crew", un colectivo de grafiteros de Haifa que también componen música para cine. Había muchos no profesionales, como yo, gente que se interpretó a sí misma en el plató. Quizá lo más fácil fue escoger a Mahmoud Shalabi para encarnar a Ziad. Era la única "estrella", pero es perfecto para Ziad, así de sencillo.


¿Intentó plasmar un nuevo feminismo árabe?

El cine palestino pide a gritos nuevos personajes femeninos. Es imposible seguir siendo la madre, la hermana o la hija del protagonista; estos papeles ya no dan más de sí. Es hora de que las mujeres ocupen el centro de la escena y no se queden en un segundo término. Ya que nuestro cine es abiertamente político, nos toca el papel de víctima. Las mujeres en mi película existen, están vivas, pero no aparecen en nuestro cine. "Bar Bahar. Entre dos mundos" muestra a muchas mujeres muy diferentes, jóvenes y viejas, urbanas y rurales, tradicionales y no tanto; todas son maravillosas, todas son únicas y no responden a un solo patrón. Esas mujeres pueden tener una vida sexual, ser activistas, romper las cadenas del patriarcado, sin necesidad de llamarse a sí mismas feministas. Quiero decir que las mujeres pueden mantenerse activas en la liberación sin por eso ser "liberales" ni "seculares".

La película toca varias crisis de identidad, desde la nacional, pasando por la religiosa, étnica, de género, hasta la sexual. ¿Sus personajes tienen la posibilidad de superarlas?

Tanto en la película como en la realidad que representa, la trama se complica cuando esas crisis se cruzan. La crisis es el punto de partida. Todos convivimos con problemas que a menudo se contradicen. No se trata tanto de superarlos como de funcionar con ellos. La sociedad palestina, y aún más la comunidad de ciudadanos palestinos en Israel, está pasando por una gran crisis de identidad multigeneracional. En Israel esto toca sobre todo al entorno urbano, Tel Aviv-Jaffa, Haifa, Jerusalén. Es difícil romper con la tradición en una sociedad sometida a un ataque constante. El asedio político hace que queramos preservar cosas como el idioma, la cultura, la identidad. No deseamos "occidentalizarnos" ni tampoco "israelizarnos", bueno, eso último es imposible. Tenemos que cambiar las cosas desde dentro.


Ha usado en varias ocasiones la expresión "movimiento underground palestino", ¿a qué se refiere exactamente?

Cuando digo que la película saca a la luz el movimiento underground palestino, me refiero a los jóvenes de 20 o 30 años afincados en zonas urbanas, sobre todo en Tel Aviv-Jaffa, Haifa y Jerusalén. Es una comunidad formada por pioneros y recién llegados a la ciudad, gente que ha dejado una marca. Todos los "pioneros" vivieron los acontecimientos de octubre de 2000 cuando eran adolescentes. (Los palestinos que vivían en Israel se manifestaron en masa solidarizándose con sus hermanos de Cisjordania y Gaza. Hubo trece manifestantes civiles que fueron abatidos por la policía, y ni un solo agente u oficial fue juzgado por esos crímenes). Octubre de 2000 nos hizo cambiar, y adquirimos una conciencia política durante la segunda Intifada. Llevamos una conciencia activista a los campus universitarios, pero no nos limitamos a cuestiones de ámbito nacional; la igualdad de género y los derechos culturales también estaban en la ecuación. Era un discurso política y socialmente radical.

Crecimos con los clásicos, poetas como Al-Mutabani y Abu Nawass, a los que cito en la película. También crecimos con iconos nacionalistas modernos como Mahmoud Darwish y Adonis, para los que la liberación solo existe en todos sus significados. Escuchábamos a Pink Floyd y The Doors, pero también a Sheikh Imam (comunista egipcio, símbolo de la resistencia durante el gobierno de Nasser) y a Ziad Rahbani (hijo de la famosa actriz y cantante libanesa Fairuz), el progenitor del underground musical libanés. Luego llegaron precursores como DAM (un trío palestino de hip-hop de Lydda), así como Ziad y Yasmin Hamdan, de Mashrou' Leila, en Beirut.

Durante la Primavera Árabe participé en un concurso para jóvenes cineastas árabes. Todos vimos nuestros respectivos trabajos, hablábamos el mismo idioma, expresábamos el mismo dolor. Decidí pedir la lista de participantes. A algunos no los conocía, pero estaba harta de sentirme fragmentada, de moverme en una especie de vacío. Monté una reunión en mi casa para juntar a cineastas, músicos y artistas palestinos. Aparecieron 33 personas. Fue la semilla del grupo "Palestinema", un colectivo a través del que nos motivamos y apoyamos.


Ha hablado de los artistas palestinos, ¿puede decirnos cuáles son sus influencias?

La cultura palestina se cortó radicalmente con la Nakba (palabra que significa "catástrofe" y que describe los días precedentes al reconocimiento de Israel por la ONU en 1948, cuando más de 750.000 palestinos fueron expulsados de su tierra). Muy pocos intelectuales permanecieron en las zonas de la Palestina histórica que acabó bajo control israelí. Hemos tardado años, generaciones, en empezar a reconstituirnos en términos culturales. Crecí en un hogar comunista con obras de Emil Habibi, Mahmoud Darwish, Tawfiq Zayyad, Ghassan Kanafani y Karl Marx en las estanterías. Visualmente nos acompañaban las viñetas políticas de Naji al Ali, y más concretamente el icono Handala, ese niño palestino del pueblo galileo de Sajarah al que exiliaron en el campo de refugiados de Ein al-Hilwa y que nunca regresó. Una víctima pasiva que ha dado pie a más de cuatro décadas de críticas mordaces acerca de la brutalidad israelí y de la hipocresía árabe. Fue mi primer tatuaje.

En cuanto al cine, me ha influido mucho Elia Suleiman, Tawfiq Abu Wael y Scandar Copti. La película Ajami fue una gran inspiración, sobre todo por el realismo y la complejidad. Otra gran inspiración fue West Beirut, de Ziad Doueiri. Me quedé prendada y supe que quería hacer algo así.

Fuentes:
Pressbook e imágenes cortesía de ©Golem Distribución S.L.
http://www.image.net/  By ©Getty Images

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