miércoles, 3 de enero de 2018

Wonderstruck. El museo de las maravillas, de Todd Haynes: basada en la extraordinaria novela de Brian Selznick.

Este viernes 5 de enero se estrena en las carteleras españolas "Wonderstruck. El museo de las maravillas", la última película tras las cámaras de Todd Haynes, estupendo cineasta responsable, entre otras, de las maravillosas "Lejos del cielo" (Far from Heaven, 2002) o "Carol" (2015). Este nuevo trabajo está protagonizado por Oakes Fegley,  Julianne Moore, Michelle Williams y Amy Hargreaves... y se basa en la extraordinaria novela de Brian Selznick.

Su premisa nos sitúa en 1927, en la cual una niña huye de su casa en Nueva Jersey para ir a Manhattan, con la esperanza de encontrar a alguien que fue importante para ella en el pasado. Cincuenta años más tarde, un niño sordo con una trágica historia personal encuentra una pista sobre su familia que lo lleva a huir de la Minnesota rural en la que crece, hasta Nueva York. A medida que sus aventuras los conducen a nuevos lugares, donde los misterios sobre ellos mismos y sobre el mundo parecen acecharles, sus historias se cruzan en una simetría hipnotizante impulsada por la esperanza.


Cualquiera que haya leído la novela de Brian Selznick, ”La invención de Hugo Cabret” o visto “Hugo”, la aclamada adaptación cinematográfica de Martin Scorsese, probablemente no se sorprenderá al enterarse de que “El museo de las maravillas” documenta los miedos de un niño que descubre un mundo adulto marcado por la soledad, la confusión y el arrepentimiento. De igual modo que su predecesora, la cinta que nos ocupa, logra infundir a su historia las sensaciones infantiles de que la magia existe y de que todo es posible. Un maestro de lo que él llama "hacer libros", las novelas de Selznick están tan bien nutridas de asombrosas ilustraciones como de personajes vívidos e imaginativos.


“Muchas personas que leyeron “La invención de Hugo Cabret” me dijeron que les gustaban las secciones de ilustraciones, porque es como si todo se calmase”, —recuerda Selznick, a propósito de la inspiración de “Maravillas”, y continúa diciendo:“Cuando lees tu imaginación escucha las palabras, y entonces la narración continúa en imágenes, sin palabras: todo se traslada a una parte diferente de tu cerebro. Las palabras se desvanecen y vemos lo que sucede. Esa sensación de calma al mirar las imágenes me intrigaba mucho”. Algo similar se le ocurrió a Selznick cuando vio el documental de 2007 de PBS “Through Deaf Eyes”. Un hombre describía la sordera como una cultura visual, porque el lenguaje es un algo visual”, —dice Selznick—. Describiendo con su voz y en lengua de signos, Selznick continúa: “Pensé: tal vez si hago un libro en el que haya imágenes que cuenten la historia de un personaje sordo, eso sería de alguna manera paralelo a la forma en que experimenta la vida, porque ambos serían visuales”.


El resultado es un libro que es diferente a cualquier otra experiencia lectora. Tras su publicación en 2011, “Maravillas” se convirtió en una lectura obligada para gente de todas las edades. El impulso inicial de contar la historia de un viaje extraordinario, desde la perspectiva de un niño sordo, se convirtió en dos historias y dos viajes, contados de forma paralela. Una historia se muestra únicamente a través de las ilustraciones exquisitamente detalladas y delicadas de Selznick, en la línea de la mejor novela gráfica, pero sin texto alguno: se trata de la vida vista a través de los ojos de la joven Rose, en 1927. Sorda de nacimiento, Rose vive con un padre que la esconde del mundo, de forma que decide escapar a New York para encontrarse con una actriz famosa, Lillian Mayhew. El lector experimenta el gran paisaje urbano, en pleno apogeo de la era del jazz, a través de los ojos de Rose: el sabor del silencio transmitido con toda pasión. Por otro lado, la segunda historia ocurre cincuenta años más tarde, protagonizada también por un joven héroe, Ben, que al igual que Rose, viaja a la 'Gran Manzana', pero esta vez buscando pistas de su padre, al que perdió hace mucho tiempo. Ben es sordo desde hace poco, y por eso su historia se cuenta en prosa, ya que experimenta muchos de los desafíos y obstáculos que también vive Rose, pero con unos recuerdos, intenciones y habilidades diferentes. En última instancia, por supuesto, ambas historias se cruzan; la chica que alguna vez fue Rose surge como la mujer mayor, que podría atesorar la llave que busca Ben. Sin embargo, a lo largo del viaje, al lector se le mete y se le saca de cada historia mediante la habilidad de Selznick, que es aquella de mezclar diferentes formas de lectura. Lo que el lector “ve” en la historia de Rose desafía el lenguaje, mientras que lo que el lector “oye” en su cabeza a través de las palabras en la historia de Ben, da alas a la imaginación visual de una forma que ninguna palabra podría describir con exactitud.


La adaptación de “La invención de Hugo Cabret” al cine sólo fue posible cuando Martin Scorsese se involucró en el proyecto. Solamente alguien con un brillante sentido de la narración cinematográfica, así como una técnica depurada, sería capaz de capturar la magia del libro. “A veces la gente me pide consejos sobre cómo entrar en la industria del cine”, —bromea Selznick—. “Y yo digo, 'Oh, es fácil. Haces libros durante unos 15-20 años, y luego esperas a que Martin Scorsese te llame”. De hecho, incluso tras el asombroso éxito de “Hugo” de Scorsese (cuyo guión adaptó John Logan), Selznick estaba seguro de que “El museo de las maravillas” sería aún más difícil de plasmar en la gran pantalla, aunque sólo fuera por la naturaleza inusual de los personajes principales de la novela. “Pensé: este libro no puede adaptarse”, —explica Selznick—. “A diferencia de “Hugo”, donde se narra una historia con palabras e imágenes, “El museo de las maravillas” está diseñado para ser dos historias: una sólo visual, y una sólo textual. Hice el libro pensando que no podría adaptarse al cine”. No obstante, cuando terminó el libro y vio cómo Scorsese y Logan hacían posible el éxito de "Hugo”, el escritor reconsideró su postura. “Comencé a pensar que tal vez había alguna manera”, —dice—. Se propuso el ejercicio inicial de elaborar un guión por su cuenta, con algunas aportaciones de John Logan. “Él me ayudó mucho, y me dio notas y orientación. Su primer vistazo fue el más duro”, —recuerda Selznick entre risas—. “Eliminó la mitad de las primeras cincuenta páginas”. Con la ayuda del ojo experimentado de Logan, Selznick se propuso que su técnica en la gran pantalla fuera tan digna como la literaria. La historia de Rose, ambientada en 1927, se rodaría en blanco y negro, y con la estética de una película muda, mientras que la de Ben se filmaría a todo color y con una banda sonora original. “Podemos unir ambas historias y jugar con el sonido dentro del silencio, e incluir música. No existía el límite de palabras e imágenes que existía en el libro y pensé que eso funcionaría en la gran pantalla”, —concluye Selznick—.

Fuentes:
Pressbook e imágenes cortesía de © Diamond Films

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