martes, 27 de noviembre de 2018

Clásicos Modernos: "Celda 211", de Daniel Monzón.

DESCENSO A LOS INFIERNOS CARCELARIOS

A lo largo de la historia del cine español cabe decir que no se han prodigado demasiado los filmes enmarcados en el subgénero del drama carcelario; sin embargo, no es una razón plausible para encontrar auténticas joyas, tales como: el clásico inspirado en hechos reales “La fuga de Segovia” (Imanol Uribe, 1981), la deliciosa comedia  “Truhanes” (Miguel Hermoso, 1983), la solvente e interesante “Horas de luz” (Manolo Matji, 2004), el fascinante alegato contra el ‘garrote vil’ (1)  “Salvador (Puig Antich)” (Manuel Huerga, 2006) o ésta que nos concierne, titulada “Celda 211”, que se postula como el mejor drama carcelario jamás realizado en nuestro país.

“Celda 211” está dirigida por el siempre interesante realizador mallorquín Daniel Monzón, responsable de filmes como "El corazón del guerrero (2000)", "La caja Kovak" (2006), "El Niño (2014) que puedes ver en esta página— y la más reciente "Yucatán" (2018); además, está basada en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul; y asimismo, cuenta con un reparto de altos vuelos, compuesto por un portentoso Luis Tosar, Alberto Ammann (que debuta en la actuación de manera brillante) y los veteranos Antonio Resines y Carlos Bardem.




Desde el principio, el filme nos avisa de que no está de broma, entrando a degüello en una escena inicial en el que un preso se corta las venas de forma impasible y visceral, sin medias tintas. Tras el impactante principio nos mete de lleno en la prisión, centrándose en Juan Oliver, un joven que es contratado como funcionario, acudiendo a su puesto de trabajo un día antes para conocer las instalaciones y el ambiente de la penitenciaría. Una vez allí, durante su recorrido, debido a las malas condiciones en las que se encuentra el viejo edificio, recibe un golpe en la cabeza y queda inconsciente. En ese mismo instante, los presos inician un motín. Los compañeros de Juan, sin saber qué hacer para salvar sus vidas, le abandonan en la celda 211 y huyen. Cuando Juan despierta, se ve inmerso en el corazón de la revuelta e inmediatamente hace un balance de la situación. Con el fin de sobrevivir, se hace pasar por un prisionero, inmiscuyéndose entre los violentos presos, teniéndose que ganar la confianza del líder de la revuelta, Malamadre, viendo en él un buen aliado.


Daniel Monzón desarrolla el guión a la perfección, dotando al filme de una enrarecida atmósfera con una tensión in crescendo, en el que la violencia se siente, se palpa y hiere sin remisión. Las paredes de la cárcel de Zamora (donde tuvo lugar el rodaje) (2) están acertadamente mugrientas (unos de los puntos flacos que adolece la estupenda serie de televisión “Vis a Vis”, en el que la cárcel parece acabada de estrenar, estando todo limpio y reluciente). Aquí se respira el hedor de la violencia que albergan las paredes del presidio, hecho que potencia la autenticidad del relato. Si a todo esto le sumas las soberbias interpretaciones de prácticamente todo el reparto, estamos ante una obra maestra de proporciones épicas. Luis Tosar está realmente espeluznante, muy bien caracterizado, con la cabeza totalmente afeitada y su alias tatuado en el pescuezo (que personalmente me ha recordado al célebre “Love” y “Hate” tatuado en cada mano del maníaco interpretado por Robert Mitchum en el clásico de Charles Laughton, “La noche del cazador” [The Night of the Hunter, 1955]); además de esa voz rasposa que pone los pelos como escarpias. Aunque sin lugar a dudas es el personaje de Juan Oliver alias “Calzones”, interpretado por Alberto Ammann, el más fascinante de todos, ya que su evolución durante el transcurso del metraje es realmente brutal, en la cual Monzón realiza un retrato de la naturaleza humana. “Calzones” empieza siendo un joven entusiasta en el que la vida a priori le sonríe, ya que ha encontrado un nuevo trabajo, está felizmente casado, y además está esperando el nacimiento de su primer hijo. Tras quedarse encerrado en el motín, tiene que tomar medidas desesperadas para adaptarse (y sobrevivir) a la despiadada vivencia que le ha tocado sufrir, dando validez al refrán popular que dice “Lo que no te mata te hace más fuerte”; no obstante, hay un acontecimiento que marcará para siempre el destino de nuestro protagonista (siendo uno de los puntos álgidos del filme), que predispone los bajos instintos que cada ser humano alberga en su interior, que le motiva a traspasar la delgada línea de lo moralmente correcto y transformarse definitivamente en un criminal. Esa interesante evolución narrativa del personaje de “Calzones” contiene puntos en común con la propia que vive el protagonista del clásico de Wes Craven, “Las colinas tienen ojos” (The Hills Have Eyes, 1977), mucho mejor definida en su truculento remake de 2006, dirigido por Alexandre Aja.


Para finalizar, cabe mencionar que la película arrasó en la 24ª edición de los Premios Goya (3) (celebrados en febrero de 2010), obteniendo 8 galardones, incluyendo el de mejor película, director, actor protagonista (Luis Tosar), actriz de reparto (Marta Etura), actor revelación (Alberto Ammann), guión adaptado, montaje y sonido.

PUNTUACIÓN: ½



BIBLIOGRAFÍA:

(1) GARROTE VIL: El garrote vil fue una máquina utilizada para aplicar la pena capital. Se caracterizaba por tener un collar de hierro atravesado por un tornillo acabado en una bola que, al girarlo, causaba a la víctima la rotura del cuello. La muerte del reo se producía por la dislocación de la ‘apófisis odontoides’ de la vértebra ‘axis’ sobre el ‘atlas’ en la columna cervical. Fue utilizado en España y estuvo vigente legalmente desde 1820 hasta la abolición casi total de la pena de muerte al aprobarse la Constitución Española de 1978. También fue utilizado en las colonias españolas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Fuente: WIKIPEDIA: Garrote vil.

(2) EL NORTE DE CASTILLA: Dato obtenido del artículo: “La película filmada en la cárcel de Zamora, 'Celda 211', se estrena en Venecia”.

(3) WIKIPEDIA: Anexo: XXIV edición de los Premios Goya.


Fuentes:
Cartel e imágenes obtenidas de las webs Filmaffinity y Sensacine

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