QUIMERAS

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El fanzine de tus géneros cinéfilos favoritos... creado por Oscar Vela Peris y editado por The Force Books.

viernes, 6 de marzo de 2020

Clásicos Modernos: "Una pandilla alucinante", de Fred Dekker.


LA PANDILLA DEL MONSTRUO.

Era una tarde cualquiera de 1988. Yo era un niño de ocho años de edad como cualquier otro que tenía que acudir al dentista, por culpa de una muela de esas conflictivas. Tenía un miedo atroz a los dentistas, y, a decir verdad, no me apetecía para nada ir. De camino a la consulta, pasamos por el videoclub del barrio y en el escaparate tenían expuesto un 'flyer' gigante de "Una pandilla alucinante", una película que reunía a todos los monstruos que más molaban por aquel entonces, los cuales se las tenían que ver con una pandilla de chavales típica en los filmes infantiles de aquellos lares. Mi madre me dijo que si me portaba bien me la alquilaría para que pudiera verla. Dicho y hecho, entré a la consulta envalentonado, y, sin apenas darme cuenta, me quitaron la maldita muela. De camino a casa, mi madre cumplió con su parte del trato y me alquiló la película, que vi nada más llegar a casa en el vídeo comunitario VHS, con un helado en la mano y con la boca entumecida del anestésico. Esa fue la primera vez que pude disfrutar de la "pandilla del monstruo".



Por aquella época me encantaban las aventuras protagonizadas por pandillas de muchachos. Hay que tener en cuenta que tenía ocho años de edad y estábamos en los ochenta. Aquellas películas narraban vivencias emocionantes que podían pasarle a cualquiera, provocando en nosotros la necesidad de salir a la calle con los amigos a inventar historias, para las que formábamos una pandilla épica, en la que cada uno tenía un papel y una función para conseguir completar una misión alucinante. En aquellos años, disfruté muchísimo con “Los Goonies” intentando encontrar el tesoro de Willy “El Tuerto” (aka Guille), con los Fratelli pisándoles los talones, para salvar los muelles de Goon; también me gustaron mucho las peripecias de aquellos cuatro amigos, buscando el cadáver de un niño en el bosque, en un verano que no olvidarán jamás; así como las aventuras de unos jovenzuelos Sherlock Holmes y John Watson en la prestigiosa universidad donde estudiaban, desentrañando el misterio de la pirámide. (1) Todas aquellas historias tenían algo en común, una característica que las producciones similares que se hacen hoy en día adolecen o simplemente brilla por su ausencia: tenían magia. La magia que derrochaban las producciones de George Lucas y Steven Spielberg, su 'troupe' de creadores asociados llámense Richard Donner, Chris Columbus o Joe Dante entre otros tantos, y por inercia, de todos aquellos ajenos a Lucas y Spielberg que intentaban repetir su fórmula del éxito. En este último bloque podríamos encajar perfectamente a Fred Dekker y Shane Black, director y guionistas de la película que nos ocupa: “Una pandilla alucinante” (The Monster Squad, 1987).

El director Fred Dekker, el actor Duncan Regehr y el guionista Shane Black.
Fred Dekker nació y se crió en el área de la bahía de San Francisco, donde comenzó a rodar películas de 8 mm a la edad de 12 años. Se graduó en la Universidad de California en Los Ángeles. Su carrera cinematográfica comenzó poco después, escribiendo el guion de la simpática comedia terrorífica "House, una casa alucinante" (House: Ding Dong, You're Dead, 1986), de Steve Miner, y dirigiendo también ese mismo año la comedia zombiesca "El terror llama a su puerta" (Night of the Creeps, 1986). Por otra parte, Shane Black nació y se crió en Pittsburgh, Pensilvania. Después de vivir en los suburbios bajos de Burrell y Mount Lebanon, su familia se trasladó a Fullerton, California, durante su segundo año en la escuela secundaria. Asistió a Sunny Hills High School y más tarde a la UCLA, graduándose en 1983 con el deseo de convertirse en actor. Fue allí donde conoció a Fred Dekker. En la búsqueda de ingresos mientras se esforzaba por encontrar trabajo como actor, su amigo Dekker lo animó a probar suerte en la escritura de guiones. Recordando lo que había aprendido en una clase de escritura dramática en la universidad, Shane tomó prestada una máquina de escribir y ambos empezaron a trabajar en la historia de “Una pandilla alucinante”, que a la postre se convertiría en su primer guion. Cabe decir que Dekker cayó en desgracia pronto y de forma injusta, tras el desastre de crítica y público que fue “Robocop 3” (1990) —en la que había un cameo de Black—. En cambio, su amigo se convirtió en el guionista más famoso de todo Hollywood, tras escribir los libretos de “Arma letal” (Lethal Weapon, 1987) de Richard Donner y su secuela; pero su luz se fue apagando paulatinamente hasta que “Iron Man 3” (2013) le rescató del olvido.


Centrándonos en “Una pandilla alucinante”, la cinta nos propone la historia de un grupo de niños, fanáticos de las películas de terror, que deciden divertirse formando un club llamado “El Club del Monstruo”. Jamás imaginaron que tendrían la suerte o la desgracia de encontrar un libro antiguo que resultó ser el diario de Abraham Van Helsing, el famoso caza vampiros de las leyendas. Como el libro está en alemán, recurren a un vecino germano para que se los traduzca y poder resolver el misterio que encierra.

Cien años atrás, el profesor Van Helsing utilizó un amuleto para crear un remolino en el cielo que engullera a todos los monstruos y fuerzas del mal que habitaban la tierra, y las enviara directas al infierno. Las cosas no salieron según lo previsto y el remolino, después de tragarse a una buena cantidad de criaturas del averno, engulló también a Van Helsing dejando vivo al más vil de todos los demonios, el conde Drácula, el cual se hace con el amuleto tras el fatal desenlace.


Ahora, cien años más tarde y gracias al amuleto de Van Helsing, el conde Drácula despierta para invocar de nuevo el remolino en sentido inverso y devolver a la tierra a todas las criaturas del infierno para que dominen la tierra a sus órdenes. Para ello, además del amuleto, necesita una cosa que no tiene, el diario de Abraham Van Helsing, donde está escrito el conjuro que abrirá las puertas del cielo para que el mal regrese. Para conseguir llevar a cabo sus planes, Drácula despierta a todos los monstruos de leyenda para que maten a los niños y se hagan con el diario. Frankenstein, el hombre lobo, el monstruo del pantano, la momia y unos cuantos esbirros demoníacos que persiguen a los protagonistas mientras estos buscan la manera de impedir la destrucción del mundo. Sean (el líder del grupo), su mejor amigo Patrick, Horace el gordito, Rudy el matón, Gabriel el hermano menor de Patrick, Phoebe la hermana pequeña de Sean y su perro Pete; forman la pandilla alucinante que va a ponerles las cosas difíciles a Drácula y a sus secuaces.

La idea que fraguó esta entrañable producción en la cabeza de Fred Dekker surge de su admiración por la serie de televisión en blanco y negro, “Little Rascals” 
—que a su vez se trataba de una recopilación para la televisión de los clásicos cortos de entre 1929-1938, de la serie de películas “Our Gang Comedies”—, emitida en España dentro del programa “La Bola de Cristal” con el nombre de “La Pandilla”, en la que un grupo de niños de clase baja se enfrentaban a diferentes situaciones de la vida. También por la serie de televisión del año 1976 “Monster Squad” de James Sheldon y Herman Hoffman. Y por descontado, a su fanatismo por la película “Abbott y Costello contra los fantasmas” (Abbott and Costello Meet Frankenstein, 1948) de Charles Barton; una de las más famosas (y quizá la mejor de las apariciones cinematográficas) de la popular pareja de cómicos americanos Bud Abbott y Lou Costello, acompañando a los míticos monstruos de la Universal (y a sus intérpretes) como el Drácula de Bela Lugosi, el hombre lobo de Lon Chaney Jr. o el Frankenstein de Glenn Stange. “Una pandilla alucinante” era un homenaje a esa época, y si las nuevas generaciones de cineastas debutan hoy en día con parodias de géneros como el zombi, en aquellos años, la cinta de Dekker era una carta de amor al Dark Universe original, la cual podríamos considerarla como la culminación pulp del universo de monstruos encarnados por Lugosi, Karloff, Chaney y cía.

La película tiene la suerte de contar como productor con el director Peter Hyams, artífice de conocidos títulos de ciencia ficción como “Capricornio Uno” (Capricorn One, 1978), “Atmósfera Cero” (Outland, 1981) o la secuela del clásico de Stanley Kubrick “2010 Odisea Dos” (2010: The Year We Make Contact, 1984), entre otros. Y también con Stan Winston en el terreno de los efectos visuales. Winston era conocido en aquella época por haber ganado el Oscar a los mejores efectos especiales por “Alien, el octavo pasajero” (Alien, 1979) de Ridley Scott, y también como creador de los Wookies de “Star Wars” para el especial de Navidad de 1978, de la deforme criatura de “La Cosa” (The Thing, 1982) de John Carpenter y del “Depredador” (Predator, 1987) de John McTiernan —filme con el cual Shane Black debutaría como actor—. El trabajo fue supervisado por Richard Edlund, que trabajó junto con David Fincher para la compañía Industrial Light & Magic, encargada de los efectos visuales de “Indiana Jones en Busca del Arca Perdida” (Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark, 1981) de Steven Spielberg, y que, posteriormente, se encargó de los efectos de películas como “Poltergeist: fenómenos extraños" (Poltergeist, 1982) de Tobe Hooper, “El Retorno del Jedi” (Star Wars: Return of the Jedi, 1983) de Richard Marquand, "Los Cazafantasmas" (Ghostbusters, 1984) de Ivan Reitman o "Golpe en la pequeña China" (Big Trouble in Little China, 1986) de John Carpenter, entre otras muchas.

El director Fred Dekker en el set de rodaje.

Un reparto adolescente novel dio la talla con creces, y posteriormente consiguió el premio a los mejores actores jóvenes del Young Artists Award de 1988. Por otra parte, el gigante Duncan Regehr un actor canadiense prácticamente desconocido que ha tenido una carrera sin ninguna luz, se encargó de dar vida al Conde Drácula, convirtiéndose en el rostro del noble transilvano para toda una generación de niños, que más allá del componente nostálgico, su interpretación en la película es apabullante. Aunque no fue la primera opción, ya que Liam Neeson fue en quien pensó el director para interpretarlo, e incluso llegó a cobrar por una escena que nunca llegó a rodar.

Stan Winston y Matt Rose trabajando en el disfraz de la cosa del pantano.
Si “Una Pandilla Alucinante” no alcanzó el triunfo que se esperaba, no fue por no tener todos los ingredientes necesarios: un guion original y trepidante para niños y adultos con el síndrome de Peter Pan, una excelente producción llevada a cabo por un profesional de la realización de películas de ciencia ficción, unos efectos especiales impecables, unas interpretaciones de nivel, y una banda sonora que consigue crear un ambiente de tensión y aventura ideal para integrar las situaciones de la película en nuestro estado de ánimo. Existen opiniones que echan la culpa del fracaso en taquilla a que ésta estaba dirigida al 'target' incorrecto. Las películas de niños como “Los Goonies” o “Cuenta Conmigo” creaban una imagen demasiado blanca e idílica de la infancia. En “Una Pandilla Alucinante” los niños toman decisiones maduras, dicen tacos continuamente y fuman en público. Pese a que esta última representación de la “inocencia” era mucho más real que la cinematográfica, la película tuvo que ser dirigida al público adulto. Un público diferente para el que estuvo pensada arruinó las pretensiones de Dekker y las arcas de la productora HBO.

Matt Rose diseñando la cara de la cosa del pantano.
Como en casi todas las películas en esta también hay historias detrás de la producción y durante la filmación, que constituyen la carnaza de los friki del cine. Por ejemplo, decir que Dekker solicitó los derechos de los monstruos de la Universal para devolverlos a la vida en la película. A la productora no le gustó el proyecto y no concedió las licencias. Como la película no podía llevarse a cabo sin los famosos monstruos de cine, los encargados de los efectos visuales tuvieron que modificarlos ligeramente para cumplir con la ley. Por eso vemos a un Frankenstein amarillento en lugar de verdoso y con tornillos en la frente en lugar de en el cuello. También la falta de presupuesto hizo que solo dispusieran de 23 máscaras de Frankenstein para 24 días de rodaje, por lo que Tom Noonam tuvo que quedarse con la máscara puesta durante toda una noche, lo que le provocó heridas considerables en la cara al quedarse pegado el látex. El creador de la máscara de Frankenstein es el actor que va dentro del traje del monstruo del pantano, que llegó a estar 13 horas sin comer, beber e ir al baño por no poder desenfundarse al personaje. En una de las escenas de acción, el monstruo del pantano golpea a un policía y le clava la hebilla del sombrero en la cabeza. Tuvieron que parar el rodaje debido a los chorros de sangre real que salían de la herida del figurante.

Los actores Andre Gower y Duncan Regehr ensayan una escena bajo la atenta mirada del director Fred Dekker y su camarógrafo.
El grito que emite Phoebe cuando el conde Drácula la tiene cogida por la barbilla y abre los ojos a la vez que le enseña sus afilados colmillos, es completamente real. Ashley Bank, la actriz que la interpreta, sentía auténtico terror por la gran interpretación de Duncan Regehr. En la secuencia original en inglés, el conde transilvano le exige a la pequeña el amuleto y la llama Puta (“Bitch” en el idioma anglosajón). La traducción al castellano se quedó en un flojo “maldita”; y además, el anillo que lleva Drácula es una réplica exacta del que llevaba Bela Lugosi en su versión de 1931.

Sean (Andre Gower) viste al principio de la película una camiseta roja con la frase “Stephen King Rules”, un claro homenaje a uno de los mejores escritores del género de todos los tiempos; asimismo, en una escena del filme, le pide dinero a su padre para ir al cine a ver el estreno de “Viernes 13 parte XII”. Esto era una burla exagerada hacia la franquicia cinematográfica que en aquel entonces estaba compuesta por seis partes. Lo que nunca imaginaron los guionistas es que la saga llegaría a las doce entregas en 2009, teniendo en cuenta todas las secuelas, un 'crossover' con Freddy Krueger y el 'reboot' de la película original de Sean S. Cunningham, dirigido por Marcus Nispel.


En el trailer de la película, el narrador dice «Usted sabe a quién llamar cuando tiene fantasmas, pero, ¿a quién llama usted cuando tiene monstruos?», un guiño a "Los Cazafantasmas", en cuya secuela actúa Mary Ellen Trainor, que aquí hace de la madre de Sean y Phoebe; misma actriz que sale en "Los Goonies" haciendo de madre de Mikey y Brand.

Por último, comentar que la productora obligó a cortar hasta 15 minutos del filme en el montaje final, por lo que existen unas cuantas cosas sin explicar en la historia que hacen que el guion cojee; no obstante, la historia avanza con rapidez para que nos sea imposible aburrirnos, que unido a su descacharrante sentido del humor la convierten en un disfrutable entretenimiento juvenil, para todos aquellos que sepan apreciar su sentido homenaje al cine de terror. Recordemos que gracias a este filme sabemos que el Hombre Lobo tiene “pelotas” e incluso que Drácula tiene su propio coche, como si se tratara del mismísimo Batman, protagonizando, además, una persecución con la policía.


¿Qué clase de película de terror incluye al conde transilvano conduciendo un Drácula-Móvil?

PUNTUACIÓN: ★★★½

WEBGRAFÍA Y FUENTES:

(1) Me refiero a los filmes “Los Goonies” (The Goonies, 1985) de Richard Donner, “Cuenta conmigo” (Stand by me, 1986) de Rob Reiner, basado en un relato corto de Stephen King, y “El secreto de la pirámide" (Young Sherlock Holmes, 1985) de Barry Levinson, que contó con un guion de Chris Columbus.







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